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José Luis López Zubero: "El dinero te pone a prueba: eres jinete o caballo"

Este oftalmólogo zaragozano, de 87 años, vivió la guerra del Vietnam y es el padre de dos medallistas olímpicos: David y Martín.

José Luis López Zubero, la pasada semana en Zaragoza.
Oliver Duch

¿Qué lleva en las manos?

El banderín que me dieron en 1952 en el partido del Campeonato de España de baloncesto entre el Cerbuna y el Fútbol Club Barcelona, que disputamos en el Frontón Aragonés, en la esquina de las calles Bilbao y Albareda.

¿Por qué recuerda aquel encuentro 66 años después?

Fue un partidazo. Perdimos por muy pocos puntos. Nosotros éramos un puñado de estudiantes aragoneses (Querol, Sarriá, Almazán...) y nos enfrentamos a jugadorazos como Kucharski o Manolín. Recuerdo que anoté 22 puntos.

¿Qué importancia ha tenido el baloncesto en su vida?

Sin el baloncesto, no sería lo que soy. Lo descubrí a los 14 años, cuando me hice socio del Helios. Crecí y alcancé los 1,83 metros, que en aquel país de posguerra era mucha altura. Aquello fue una bendición. El baloncesto me permitió salir fuera de España y enterarme de cómo funcionaba el resto del mundo. Me ayudó mucho a ver perspectivas que desconocía.

Tanto le abrió la mente que en 1955 dejó su ciudad y Aragón para emigrar y proseguir sus estudios de oftalmología en Estados Unidos.

No fue una decisión sencilla, pero sabía que en Estados Unidos tenía muchas más posibilidades de desarrollar mi profesión.

¿Qué dejó en Zaragoza?

Lo dejé todo: personas, recuerdos, mi infancia... Mis primeros años los viví en una casa de la calle Predicadores, cerca del antiguo Ayuntamiento, a la que suelo acercarme cada vez que regreso a Zaragoza. En 1935 nos mudamos a la calle de las Armas...

¿Cómo vivió la Guerra Civil?

Recuerdo que, con seis años, un domingo cayó una bomba cerca de casa. Ese día vi mi primer muerto. No sabía qué era aquello y, con toda mi inocencia, le pregunté a mi madre que si ese señor no podría hacer nada más. Ella me contestó: «No, hijo mío, no podrá». Aquello me impactó muchísimo. Lamentablemente, vería muchos más muertos años después. No hay nada peor que las guerras. Deberían prohibirlas.

Tres décadas después, volvió a vivir una guerra en primera persona, la del Vietnam.

En 1967 me enrolé en el Ejército de Estados Unidos como médico voluntario. Era el único oftalmólogo en el Delta del Mekong. Allí vi muertos a punta pala. Eran jornadas frenéticas en las que no paraba de operar y de tratar de ayudar a centenares de heridos.

Además de exbaloncestista, de prestigioso oftalmólogo, de escritor y de sus vivencias en Vietnam, usted también es conocido por ser el padre de dos medallistas olímpicos en natación: David y Martín López Zubero. ¿Cuál es el secreto de ese éxito?

Evidentemente existe un factor genético que no controlas. Pero, a partir de ahí, cada uno tiene que labrarse su propio destino. Los padres no pueden hacerlo por ti. Tanto David como Martín y mi hija Julia (fue campeona de España y la primera mujer que bajó del minuto en los 100 metros libres) invirtieron todo su esfuerzo.

Alguna responsabilidad tendría.

Como había trabajado muy duro en Estados Unidos, parte del dinero que gané lo dediqué a seguir a mis hijos en sus competiciones por todos los continentes. El dinero pone a prueba la personalidad de la gente. O tú ganas al dinero o el dinero te gana a ti. En la vida, tienes que elegir entre ser jinete o caballo... yo elegí lo primero.

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