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Héroe nacional o traidor, el secreto del éxito de 'Homeland'

Las consecuencias del 11-S y la política internacional de Estados Unidos centraron una producción que ha tenido que reinventarse varias veces para enganchar de nuevo a los espectadores.

Carrie Mathison es la protagonista de 'Homeland'
Héroe nacional o traidor, el secreto del éxito de 'Homeland'

En algún momento alguien tendrá que cambiar el refrán, dejar el gato de lado y acuñar lo de "tener más vidas que 'Homeland'", porque a la serie estadounidense hay que reconocerle su capacidad para resucitar y reinventarse. Acaba de culminar su sexta temporada, tiene poco que ver con lo que era cuando se presentó en 2011, pero goza de buena salud. Está muy viva, aunque no pocas veces la habían dado por muerta.

Para hablar de este título se debe empezar viajando a Israel, porque de ahí parte la idea de esta producción. 'Hatufim' se estrenó en el Canal 2 de este país en marzo de 2010 y contaba la difícil adaptación de dos soldados israelíes que regresaban a casa tras 17 años de cautiverio en el Líbano. A estos se unía un tercero, que volvía muerto, provocando la desolación de los familiares de este. La trama, como es lógico, mantuvo el conflicto israelí-palestino como telón de fondo durante las dos temporadas que duró (había prevista una tercera).

Howard Gordon y Alex Gansa tomaron como referencia este título para crear el suyo propio, 'Homeland', que tendría a una agente de la CIA en el eje principal, Carrie Mathison. En el punto de arranque ella regresaba a la base de la agencia en Langley después de haber realizado una operación en Irak, donde un confidente le reveló que un prisionero de guerra estadounidense se había unido al grupo terrorista Al-Qaida. Su retorno coincide con el rescate de Nicholas Brody, un sargento de los Marines de EE UU desaparecido en combate desde 2003. Es tratado como un héroe de guerra, exhibido hasta la extenuación en todo tipo de actos e incluso tentado por la política. Sin embargo, la oficial no puede evitar dudar de él, desconfía de sus propósitos, no cree que su fachada sea tan impoluta como parece. No deja de pensar que él es ese traidor del que le alertaron, algo que ninguno de sus superiores quiere ni oír. Y a partir de ahí comienza un juego del gato y el ratón entre Carrie y Brody, con giros inesperados en su relación, y al espectador le costará decidir si está en lo cierto la agente de la CIA o si su intuición falla. Y en esa tesitura transcurrió una primera temporada trepidante.

Con esta última característica se marcó la diferencia entre la producción original y la adaptación americana. Mientras aquella tenía un tono más oscuro (acorde con la situación bélica del país) y un posicionamiento crítico, la nueva propuesta optó por ser más efectista aunque no por ello hace la vista gorda sobre los problemas de la sociedad americana y la paranoia colectiva que vive tras los atentados del 11-S.

Trastorno bipolar

La protagonista de 'Homeland' convive además con un trastorno bipolar, algo que va a condicionar su trabajo y su vida en general. La inclusión de esta enfermedad ha puesta a la producción en la diana de muchas críticas porque, lejos de dar visibilidad a quienes padecen esta discapacidad psiquiátrica, la exagera y utiliza para dotar de acción a las tramas, por lo que es frecuente encontrarse con una Carrie inestable y con delirios paranoides.

La sombra de la duda sobre las intenciones del marine y los vaivenes en su vínculo con la responsable de la CIA fueron el hilo argumental de la primera tanda y se alargaron también hasta la segunda. Cuando empezó la tercera la cuerda se había tensado tanto que se rompió y no fueron pocos los que criticaron el estancamiento de la ficción. Así que esta no tuvo más remedio que reinventarse, poniendo fin a la que había sido la historia central y empezando de nuevo. Pocos apostaron por que la refundación de 'Homeland' funcionaría. Pero esos pocos acertaron.

Desde hace tres años Carrie Mathison regresa cada año con un caso distinto que sigue proporcionando un ritmo frenético, pero que además se permite servir de análisis y reflejo de la realidad estadounidense y de su política internacional.

La sexta temporada, que acaba de terminar, partía con un plus de actualidad porque se centraba en las elecciones norteamericanas. La serie además se apresuraba a elegir ganador y colocaba todas sus fichas en el casillero de Hillary Clinton. Todas al rojo, y salió negro. Una de las tramas principales de las últimas entregas giraba en torno a la presidenta electa. La realidad superó a la ficción y pisó las ansias de anticiparse de los guionistas. Trump venció y dio un puntapié también a la tele.

Pese a este escollo, el regreso de la producción no ha decepcionado a sus fieles, les ha ayudado a descargar adrenalina y ha colocado en el punto de mira la libertad de expresión en EE UU y el trato que se les da a quienes han luchado por el país.

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