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Comunicación

50 aniversario de la tragedia en Villafranca del Campo

24 viajeros murieron calcinados el 18 de diciembre de 1966 por un violento choque entre un tren de mercancías y el automotor que une Teruel y Zaragoza.

Así publicó HERALDO DE ARAGÓN la noticia
50 aniversario de la tragedia en Villafranca del Campo

Desde que se conocieron las primeras y alarmantes noticias, durante la mañana del domingo, de la catástrofe ferroviaria ocurrida en Villafranca, en nuestra ciudad no hubo otro tema de conversación. En la tarde de ayer fueron enterrados los cadáveres de los viajeros que murieron calcinados, mutilados terriblemente, entre un amasijo de hierros; pero aun después del entierro perdura la confusión, ya que la mayor parte de los cadáveres no pudieron ser identificados. El kilómetro 89,500 del ferrocarril de Valencia - Zaragoza todavía está vigilado por la Guardia Civil, porque no se descarta la posibilidad de que aparezca algún otro cadáver por las proximidades. La partida de Campo Negro -así se denomina el lugar- ha quedado signada por la tragedia. HERALDO DE ARAGÓN se desplazó a Villafranca para recoger las primeras impresiones del accidente y poder ofrecer una versión humana, directa, de los hechos más importantes.

El cruce debió realizarse en la estación de Villafranca del Campo, por la que el tren naranjero pasó de largo. "Llevaba ocho horas de retraso y tenía prevista una parada de once minutos", informa el mozo de agujas.

La tragedia se produjo al poco de sonar las ocho de la mañana. Las víctimas tienen sus relojes parados, invariablemente, en las ocho y cinco y las ocho y diez. Son veinticuatro restos calcinados, de los que apenas se pueden distinguir dieciséis. Forman una masa informe, impresionante. Poco antes de celebrarse el entierro, solo nueve cadáveres pudieron ser identificados.

La mañana del domingo amaneció aciaga. El automotor de Teruel - Zaragoza atravesaba la partida denominada Campo Negro, en el término de Villafranca del Campo (Teruel). Los últimos diez viajeros habían subido en Santa Eulalia. El choque-se produjo en el kilómetro 89,500. Un tren naranjero que regresaba hacia la capital mediterránea enfiló por la misma y única vía, en dirección contraria. El encuentro fue violento, brutal. La máquina del mercancías entró por la cabeza del automotor y salió por la cola. Y los viajeros, dentro. Y los viajeros, destrozándose y quemándose entre el montón de chatarra.

Uno, sin quererlo, piensa en Grisén, en aquella otra madrugada trágica. Esta catástrofe es similar, pero con más violencia. El primer coche del automotor todavía permanece a ambas orillas de la línea férrea. No ha quedado ni el chasis. Está como pulverizado. Se ha convertido en pequeños trozos de chatarra y hierros retorcidos.Solo se salvaron dos

En el primer coche viajaban veinticuatro personas, y solo se salvaron dos. En el segundo coche, que quedó encaramado sobre el primero, viajaban siete y se salvaron cinco. El revisor había pasado por allí unos momentos antes para advertir a los viajeros:

- En el primer coche hay mejor calefacción. Pueden pasar si lo desean.

Y los viajeros obedecieron en su mayoría. Y los viajeros, acompañando al revisor, se metieron en la boca negra de la muerte.

El revisor también murió. Nos han informado que se llamaba don Teodoro Latorre, y que su esposa encontró la muerte en el mismo viaje. Un hijo de ambos, de corta edad, se quedó en Santa Eulalia, a muy pocos kilómetros del lugar del accidente.Perdura la confusión

Llegamos a Santa Eulalia pocas horas después de producirse la catástrofe. Allí recibimos los primeros informes. La circunstancia de ser domingo reunió allí a numerosos vecinos de los pueblos limítrofes. Montaban la guardia en el lugar fuerzas de la 133 Comandancia de la Guardia Civil.

Un capitán ordenaba:

- Mañana hay que proseguir la búsqueda por las fincas de los alrededores. Es posible que se encuentre algún cadáver más.

- ¿Tan lejos?

- Algunos, que salieron conmocionados del choque, fueron a morir a cien metros de distancia.

A las nueve de la mañana se personaron en el lugar de la catástrofe las primeras autoridades turolenses. La confusión era notoria. Todavía estaban sin determinar las causas del accidente. No se comprende. El tren naranjero debió permanecer detenido en la estación de Villafranca del Campo. ¿Por qué salió de allí?Un cuadro espantoso

Los ingentes montones de chatarra guardan los recientes vestigios de los viajeros muertos y heridos. Trozos de ropas quemadas se mezclan con el hierro y el plomo derretidos.  Es difícil imaginarse el tremendo choque. El techo del primer coche del automotor se fue colgando sobre la máquina del mercancías. Tardó cien metros en realizar su recorrido trágico, traspasando de parte a parte las vidas y el vagón. La Guardia Civil prestó los primeros auxilios. Al poco se presentaron también todos los vecinos de Villafranca. El personal del Grupo de Investigación de la RENFE, al mando del teniente coronel jefe don Juan Antonio Castaños Calvo, trabajó intensamente a lo largo del día y de la noche."No sé nada, no sé qué ha pasado"

Había una niebla intensa -nos dijeron-. Ninguno de los trenes pudo ver la llegada del otro.

- Sí, pero ¿cómo pudieron encontrarse aquí sobre una misma vía?

- El jefe de la estación de Villafranca dice que el mercancías no vio la señal de parada.

En Villafranca, el jefe de estación no sabe nada, por la sencilla razón de que no estaba de servicio.

- ¿Quién estaba?

- El mozo de agujas.

Hablamos con él.

- El automotor -nos explica- entraba por la primera vía. El naranjero entraba por la segunda. Aquí debían cruzarse.

- ¿Por qué no se detuvo el mercancías?

- No sé nada. No sé lo que ha pasado. Yo no le puedo decir otra cosa. Desde aquí sentí el ruido del choque y eché a llorar.

[…]

Noticia de hemeroteca recopilada por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón

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