semana europea de la movilidad 2026

Aquel Día Sin Coches que hizo que se hablara de otra forma de moverse

El Día Sin Coches, celebrado en diversas ciudades de manera espontánea a finales del siglo XX, representa el origen de lo que hoy es la Semana Europea de la Movilidad, una iniciativa más amplia que promociona los desplazamientos sostenibles y las buenas prácticas.

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Póster de la Semana Europea de la Movilidad 2026, cuyo lema es ‘Movilidad para todas las personas’.
Póster de la Semana Europea de la Movilidad 2026, cuyo lema es ‘Movilidad para todas las personas’.

El primer Día Sin Coches que se celebró en Aragón fue el 22 de septiembre del año 2000. Aquel día, el Ayuntamiento de Zaragoza cerró a la circulación rodada solo en siete calles del centro, según recogía HERALDO, y en Huesca, igualmente, cortaban el tráfico de algunas vías principales. La jornada, surgida a iniciativa europea, invitaba a reflexionar sobre el tipo de transporte deseable en la ciudad y lo hacía extensible a todos los países del continente. 

Para ello, se arrojaron varios datos de interés en este diario: "Entre 1970 y 2000 se ha triplicado el número de coches en España; se prevé un crecimiento del 30 % hasta el 2010 y aumentos similares en los kilómetros realizados por cada coche". Además, se señalaban los problemas que generaba el transporte urbano: "Provoca un 80 % de la contaminación atmosférica y acústica; quema el 40 % de la energía fósil utilizada, con gravísimas repercusiones sobre el cambio climático; acapara entre el 30 % y el 60 % del espacio público de la ciudad, y ocasiona cerca de 6.000 muertos en todo el país, con una alta secuela de discapacidades, bajas temporales en el ámbito laboral y problemas familiares de muy difícil solución". 

En la actualidad, 26 años después, es evidente que el concepto de movilidad urbana ha evolucionado mucho y no son solo coches los que circulan por las principales ciudades aragonesas. La renovación del transporte público y la aparición de nuevos vehículos de movilidad personal (VMP) han cambiado la forma de desplazarnos por las urbes. A este respecto podría destacarse que la red de autobús urbano de Zaragoza está atravesando un importante proceso de electrificación que se inició en 2019. Gracias a él, a finales de este año la capital aragonesa contará con 135 autobuses 100 % eléctricos que representarán un tercio de la flota total. Las ventajas son claras, pues se trata de vehículos de cero emisiones que protegen la calidad del aire y que registran una menor huella de carbono. Tanto es así que se estima que sustituir un autobús diésel por uno eléctrico ahorra 1.700 toneladas de CO2 en su vida útil. Igualmente, es significativa la reducción del ruido, al tratarse de vehículos mucho más silenciosos, lo que disminuye de forma notable la contaminación acústica en las calles. Estos vehículos punteros, sumados a los 111 de tecnología híbrida y a los motores Euro VI que reducen de forma muy importante las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas, han contribuido, junto a las ventajas del tranvía que se incorporó en 2011, al gran avance sufrido en la movilidad urbana de la capital aragonesa

Por su parte, en Huesca, que ya ha contado con sus proyectos piloto para la puesta en marcha de buses eléctricos, acaba de crearse una nueva línea de autobús urbano que conecta la Estación Intermodal con el Parque Tecnológico Walqa, pasando por el Hospital San Jorge y algunos centros educativos, ofreciendo una alternativa eficaz al vehículo privado para trabajadores, estudiantes y usuarios que reducirá considerablemente el número de turismos particulares en la circulación. 

Cambio de mentalidad

Lo dicen los expertos: antes se hablaba más de circulación o tráficos y ahora cualquier ciudadano entiende que la movilidad urbana es una noción mucho más amplia, que tiene que ver con la eficiencia de los desplazamientos, el cuidado del entorno e, incluso, la salud y la seguridad de las personas. Más allá de los datos, se busca que las ciudades sean espacios de encuentro, de relación, de convivencia y de juego. 

Para ello, la movilidad sostenible ha llegado al marco legislativo. Así, en 2020 comenzó a trabajarse en la redacción del texto de la Ley de Movilidad Sostenible, que culminó con su aprobación definitiva por el Congreso de los Diputados el 13 de noviembre de 2025

Entre los pilares de esta ley se encuentra el concepto de que la movilidad es un derecho social, que tiene que ser inclusivo y universal. También que tiene que ser limpia, respetuosa con la salud y el medioambiente, principalmente en ámbitos urbanos, promoviendo la movilidad activa en bicicleta y a pie. El tercer pilar aboga por un sistema de transporte digital e innovador para un mejor servicio al ciudadano y el cuarto, por invertir mejor con vistas al servicio de los ciudadanos, dando la importancia que merecen a la seguridad y el mantenimiento de infraestructuras y reforzando la participación en la toma de decisión de las inversiones públicas. 

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    Más de 900.000 kilómetros para ir en bici

    En el año 2000 HERALDO recogía en su sección de Opinión que "utilizar la bici en nuestra ciudad es jugarse la vida a cada instante, porque no existe ningún respeto por parte del conductor de coches con respecto a los ciclistas". Hoy eso también ha cambiado notablemente, pues la bicicleta es reconocida en la UE como un medio de transporte de pleno derecho en la ciudad, tal y como se desprende de la Declaración Europea sobre el Uso de la Bicicleta establecida en 2024, que señala que "el uso de la bicicleta debe abordarse adecuadamente en las políticas de movilidad urbana a todos los niveles de gobernanza y financiación, planificación del transporte, sensibilización, asignación de espacio, normas de seguridad e infraestructuras adecuadas". 
    El primer balance derivado de este documento y publicado a finales del año pasado se muestra optimista en cuanto a la implantación de la bici en los países de la UE, que ya cuenta con una red de rutas ciclistas superior a los 900.000 kilómetros. Igualmente, confirma que la bici es un modo de transporte limpio, asequible y saludable. De hecho, se apunta que es una buena alternativa para que los gobiernos locales ofrezcan una movilidad de bajo coste. El informe subraya, además, la necesidad de mejorar en cuestiones como la seguridad y el aparcamiento, la intermodalidad para que las bicis se integren en el transporte público y su promoción social.
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