construcción y vivienda

La primera piedra: una planificación sostenible

Además de evitar su impacto medioambiental, el sector debe responder a las consecuencias del cambio climático y proteger a la población.

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Los nuevos edificios se proyectan para reducir al máximo su huella de carbono.
Los nuevos edificios se proyectan para reducir al máximo su huella de carbono.tarik - stock.adobe.com

Según la Organización Mundial de la Salud, mejorar las condiciones de la vivienda puede salvar vidas, prevenir enfermedades, aumentar la calidad de vida, reducir la pobreza, ayudar a mitigar el cambio climático y contribuir a la consecución de los objetivos de la Agenda 2030. Así, se pone de manifiesto desde el Barómetro de la Construcción Sostenible (2025) elaborado por la reconocida firma inmobiliaria Saint Gobain, experta en este nuevo modelo constructivo. 

De hecho, en el informe se apunta que, dado que esta industria representa casi el 40 % de las emisiones de CO2, consume el 50 % de los recursos naturales y genera el 40 % de los residuos sólidos, es preciso que la transformación del sector avance. 

Otro horizonte

Este contexto ha impulsado un cambio de mentalidad profundo en el sector con un replanteamiento en el modo de diseñar, construir y utilizar los edificios, sustituyendo prácticas convencionales por otras más responsables con el entorno. 

Además de priorizar el uso de elementos reciclados y naturales, se intenta reducir al mínimo los residuos generados durante la obra y la demolición. Los edificios sostenibles cuentan con un buen aislamiento térmico, una orientación estratégica e integrada en el entorno, materiales ecológicos de calidad y unos sistemas de climatización eficientes, entre otros recursos, que logran que los inmuebles tengan el mínimo impacto sobre el medioambiente.

Todos estos criterios ya son asumidos como esenciales para construir un nuevo modelo de actividad respetuoso con el entorno. Además, según el último Barómetro de la Construcción Sostenible (2025), se considera cada vez más importante la resiliencia de las edificaciones a los fenómenos climáticos. A este respecto, cabe mencionar capítulos como el recién acontecido en Venezuela que, debido a los movimientos sísmicos que azotaron a determinadas regiones del país, hacen preguntarse si realmente están los edificios preparados a nivel global para afrontar los desastres naturales. 

De este modo, gana terreno la dimensión humana dentro de la evolución del sector. El bienestar de la población en viviendas y construcciones de diversa índole se pone en el centro de la actividad, lo que confirma que un desarrollo sostenible no se fundamenta solo en el aspecto medioambiental, sino también en el social. 

La calidad de vida, la igualdad de oportunidad y la cohesión de la sociedad debe garantizarse en este nuevo modelo de negocio, en el que no hay que olvidar que el crecimiento económico también es necesario para garantizar un progreso real.

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