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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Joaquín Carbonell y su nuevo mapa de carreteras emocionales

Sobre Carbonell golpea el implacable martillo de Sabina, aunque este fuera monaguillo suyo en sus inicios: nunca ocultó, y así se lo confesó a él mismo, su atracción por su fantástico debut, aquel LP de preciosa portada de Natalio Bayo titulado 'Con la ayuda de todos' (RCA/1976). Pero es cierto: el de Teruel adora al de Úbeda, si no lo idolatra, hasta el punto de rayar en el 'salierismo', se mueve en su mismo mundo sonoro y literario; aunque hay una diferencia esencial y no menos importante: canta mejor, posee un registro más rico y sobre todo una garganta limpia, sin tóxicas adherencias. Además, a diferencia de su icono sabínico, no solo escribe las letras (función casi única del jiennense) sino que se echa a la espalda las músicas, como corresponde a un cantautor de pies a cabeza. Es pues un placer, al cabo de nueve años desde 'La tos del trompetista', volver a escucharle de nuevo en disco propio, recién autopublicado en su sello Voces del Mercado, que parece ser el último de su vida, según ha sugerido (aunque se lamentaría mucho).

Se titula este nuevo disco 'El carbón y la rosa', hermoso y sugerente título usurpado por 'el artista' (así tituló una de sus novelas) a la escritora de los años 30 Concha Méndez,”que hubo de exiliarse en la guerra civil y sufrir, no solo el dolor del destierro, sino la mengua de su popularidad como escritora, eclipsada por la efervescente presencia de los poetas del 27”, según detalla el mismo Joaquín en el adusto libreto (ay, los tiempos de penuria para la Cultura, y eso que –merecidamente- ayudan un poquitín la DGA y la Caja Rural de Teruel).

Y dentro, otro nuevo mapa de carreteras sonoras y emocionales (no precisamente secundarias) por las que resulta muy cómodo transitar en dirección a los más variados territorios musicales, desde el reggae al bolero, el blues, la rumba, el country, el vals mexicano, Brassens… y hasta ¡el doo-wop! Una variedad que, enumerada así, puede llevar a pensar en el 'melting pot', en la mixtificación como recurso plasta, como pudo ocurrir (lo de pensar en el 'melting pot') con 'La voz del trompetista' o con el mismo 'Clásica y moderna', aunque aquí había más dirección en sentido único hacia la chanson francesa y en particular hacia Brassens y el jazz manouche, pero al contrario: la variedad, debido al buen gusto con que están barnizadas las canciones y el sólido trabajo instrumental que despliegan el gran Arrazola (guitarras y cuerdas), Miguel Isac (batería), Kalina Fernández (violín), Richi Martínez (bajo, arreglos, grabación y dirección) y Roberto Artigas (voces y armónica) le favorece y hasta homogeniza el álbum, dotándolo de una riqueza ambiental que crece estratosféricamente cuando hierven las elaboradas letras que lo sustentan (pena que no se incluyan).

Van estas de rimas, lirismos y confesiones tan variadas como las músicas, pensadas y repensadas durante más de 500 días y 10.000 noches. “Los que trabajamos con un material orgánico como es la letra y la música, los que esperamos a emocionar a través del relato, sabemos que hay que elaborar las letras como una catedral: no puede faltar ni sobrar nada; si no, se cae”, me dijo en una entrevista para Heraldo, lo que da idea de la dedicación y las turbulencias que deben correr por ese cerebro turolense cuando contacta con las musas.

Letras pues sudadas, de resistencia mental “de noches de claro en claro y días de turbio en turbio”, y trabajadas con el cincel, como ya es norma de la casa, del ingenio y la sensibilidad bien afinados. También con el de la ironía y el humor, constante en 'el artista' en toda su carrera no solo sobre el entorno sino sobre sí mismo, explosionado en aquella copla delirante que era 'El reserva', a la que siguió 'Soy un capullo'.

Aquí, en este nuevo disco, el equivalente a estas dos piezas, aunque en tono autoburlón más rebajado, podía ser 'Género chico', la que abre. Y luego, Joaquín se da una vuelta, según él señala, por el desengaño de estos tiempos ('Nada será lo mismo'), los malos tiempos para el arte ('A tu madre no le gusta'), los amigos desaparecidos ('Dónde estabas tú'), las nostalgias de la infancia ('La maceta de arroz'), los desahucios ('Juana tiene frío'), el amor ('El beso de un okupa'), los tiempos pasados ('Vivir es una errata'), la huella de Brassens y Labordeta ('Acuérdate de mí')… o esa sardónica chulería que es 'De Teruel no es cualquiera'.

Todas son composiciones de Joaquín, aunque en dos de ellas colabora Leyva…, nooo, no confundir al leer el nombre J. Leyva en la contraportada con el de Leiva de Pereza que ha producido el nuevo disco de Sabina (lo que faltaba para que el martillazo sabiniano se convierta en yunque asesino) sino que se trata del poeta zaragozano Juan Leyva que tiene como peculiaridad el difundir su ingenio a través de Facebook aunque también escribe libros que hasta ganan premios (el de Badajoz de poesía por 'Caja de resistencia').

Miren, lo reitero una vez más y no me cansaré aun sembrando rosas en el carbón, tenemos por aquí, desde hace lustros, al cantautor más polifacético y en forma músico-lírica de toda la tropa veterana del solar patrio, que ya quedan muy pocos. Nítido en la voz, brillante en el verso, armonioso en la música, como ya he escrito en alguna otra ocasión, Carbonell es dueño de una imaginación (parafraseándole) 'preta' y de unas canciones urbanas que desbordan poesía e ironía, herramientas difíciles de utilizar y aún de dar con ellas en el clavo adecuado, absorbente, emocional, de la creación y el arte, como él lo hace. Y, sin embargo, resulta penoso que no trascienda en la medida que se merece, vamos, que no llene pabellones o venda discos como su viejo monaguillo. Mas esa es batalla perdida y bien asumida, ¡qué se le va a hacer! Quizá en centurias venideras… Y si no, su cenáculo de admiradores seguiremos agradeciéndole estos impagables regalos de literatura musicada, de ternura, sensibilidad e ironía danzando finamente en el pentagrama. Un bello modelo de cómo caminar por las carreteras de la canción popular en estos tiempos de bellotez y rimas atragantadas.

Lamentablemente, Carbonell no tiene sus discos en Spotify ni el nuevo está en YouTube por lo que no puedo seleccionar canción alguna de este nuevo trabajo. Si acaso, esta atinada versión en directo de hace unos años de esta tierna y socarrona chulería turolense incluida en el disco.

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