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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

Tierra de invasiones y riquezas

2Campesinas rumanas de las Maramures
2Campesinas rumanas de las Maramures

VIAJE POR BALCANES Y RUMANIA (6)

Sighisoara (Rumanía)

Lo que hoy es Rumanía apenas tiene un siglo de vida. La desintegración del imperio austro-húngaro a finales de la Primera Guerra Mundial permitió la unificación de territorios que habían pertenecido a los paladines del viejo imperio. Transilvania, la región más amplia, estuvo ligada a Hungría hasta 1918. Los rumanos, que eran la mayoría de la población, no tenían derechos y estaban excluidos de la vida política.   Durante la Segunda Guerra Mundial los húngaros volvieron a ocupar amplias zonas de la región cuyos habitantes de origen magiar sufrieron posteriormente la persecución de los comunistas rumanos.

La actual Rumania fue tierra fronteriza durante dos milenios. Los griegos y los romanos establecieron bases militares y mercantiles y combatieron con tribus locales de origen tracio. Los colonialistas romanos se mezclaron con los habitantes locales, fundaron la llamada provincia de Dacia cuyo idioma oficial era el latín. Los rumanos se sienten muy satisfechos de su pasado romano.

Campesinas rumanas de Maramures. Fotografía de Gervasio Sánchez

Los godos también combatieron en estas tierras reconquistadas en el siglo IX por magiares o húngaros que siglos después utilizaron tribus sajonas de origen alemán para defenderlas primero de las incursiones mongolas y después de las otomanas. Hasta el siglo XIV no se configura un principado rumano en la actual Valaquia.

El príncipe más famoso de este territorio fue Vlad Tepes, hijo de Vlad Dracul (dragón o demonio), al que también le llamaban Draculea o hijo de Dracul. Se han contado innumerables historias sobre su actitud violenta en el campo de batalla. Incluso se ha dicho que fue detenido y violado por los otomanos cuando era joven. Se le conocía como El Empalador porque les gustaba torturar a los prisioneros metiéndoles una estaca por el ano y haciéndola llegar hasta el hombro sin tocar ninguna zona vital. En aquellos tiempos era mejor morir en el campo de batalla y así evitar los suplicios a los que eran sometidos los prisioneros de cualquier bando.

Las invasiones, por suerte, también traen bellas construcciones eclesiásticas y militares que con el paso de los siglos se acaban convirtiendo en el más rico patrimonio, que si se conserva en buen estado, da gusto visitar en tiempos de paz. Así se construyeron los más bellos monasterios  de Bucovina.

Como ocurre con el delta del Danubio la región da para estar días o semanas viendo espectaculares iglesias pintadas de vivos colores en su interior y exterior, declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco hace 20 años. Recorriendo pueblos donde parece que la vida se paró hace decenios, incrustados entre espectaculares montañas por carreteras, a veces con el asfalto carcomido, pero transitables. Lo máximo que puede pasar, siempre que no te persiga la mala suerte, es que acabes destrozando los amortiguadores.

Es verdad que el Drácula de ficción es explotado a menudo en Rumania para atraer al turismo. Pero hay rutas “draculianas” que son obligatorias si se quiere contemplar unos paisajes estremecedores o castillos que tienen interés por sí mismos.

Monasterio ortodoxo de Bucovina. Fotografía de Gervasio Sánchez

A mí me gusta especialmente la carretera que une Bucovina con Maramures (iglesias de madera espectaculares) por Bistrita. Jonathan Harker, el joven abogado que protagoniza la obra que Bram Stoker escribió a finales del siglo XIX cuando la región pertenecía a Hungría, inicia su viaje hasta el castillo de Drácula desde esa ciudad. Después de muchas horas de viaje llegaba hasta el paso de Tihuta donde a 1.116 metros de altitud tenía su castillo el príncipe de las tinieblas. Hoy se llega por una buena carretera hasta Piatra Fantanele, donde hay un hotel desde el que se puede ver unas vistas espectaculares y bajar por unas escaleras oscuras a la llamada habitación de Drácula para ver el féretro del vampiro y recibir un pequeño susto.

El escritor Bram Stoker, de origen irlandés, jamás estuvo en Rumania. Se cree que un erudito húngaro llamado Arminius Vámbery (se puede consultar en Wikipedia) le relató la historia del príncipe empalador y le describió esta zona espectacular de los Cárpatos, sus fuentes de inspiración para construir la historia de su personaje mítico. Recomendación: si viaja por esta zona, hágalo leyendo Drácula para ambientarse.

En noviembre de 1996 me leí durante un viaje por Laos la trilogía De sus fatigas del gran escritor John Berger, tan vinculado a Aragón y Goya, el mejor pintor de la historia. En Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag Berger relataba cómo la llegada de la prosperidad, muchas veces de forma violentamente rápida, había significado la muerte del campesinado y su destierro del campo a la ciudad.

Me vino al recuerdo aquellas vivencias literarias mientras recorría grandes extensiones del país donde puedes aún observar una forma de relación entre el campesino, la tierra y los animales que reniega de la mecanización. Montones de paja irregulares aparecían al borde del camino con la misma puntualidad con la que te cruzabas con carros de madera tirados por caballos y dirigidos por campesinos ataviados con vestimentas de otra época, de esa que sólo es posible recordar si acudes a los museos.

Carromato de heno. Fotografía de Gervasio Sánchez

Nos cruzamos con varios entierros y llamó la atención ver los ataúdes destapados como si mostrar a los muertos formase parte de un ritual de respeto y admiración en su último viaje público. Unos turistas españoles nos contaron que los deudos de un campesino fallecido les habían rogado que participasen como huéspedes honoríficos en la comida de confraternización con los amigos y vecinos. El difunto ya había sido enterrado, pero la ceremonia continuaba tres días después.

Otras de las cumbres rumanas son sus aldeas medievales y sus iglesias fortificadas sajonas. Algunas como Viscri, situada en un bello valle, Harman o Prejmer, la plaza campesina más fuerte de Transilvania que protegía una iglesia gótica, son de visita obligada.

Los sajones, de origen alemán, eran tenaces campesinos y guerreros que vivían en las zonas fronterizas, atacadas a menudo por el enemigo. Prejmer, cuyos muros defensivos miden 4,5 metros de grosor, presenta 272 pequeñas habitaciones construidas en cuatro niveles utilizadas por los campesinos para protegerse durante los cercos de los otomanos.

Sighisoara, de clara influencia sajona, es una localidad que podría competir en belleza e interés con cualquiera de las ciudades medievales más atractivas italianas, francesas o españolas. Es el lugar de nacimiento del archiconocido príncipe Vlad Draculae cuya casa natal es hoy un restaurante.

Y también es la ciudad donde vivió (aunque nació en Sibiu) Hermann Oberth, considerado unos de los padres de la astronáutica, cuyos primeros diseños, muy influidos por Julio Verne, datan de sus años de la infancia. El diseñador rumano de familia alemana trabajó con Wernher Von Braun en los célebres cohetes V2, un arma de ataque alemana que hizo estragos tanto en Inglaterra como en algunas ciudades europeas como Amberes durante la Segunda Guerra Mundial. En uno de los capítulos de Star Trek aparece una nave de clase Oberth en su honor y un cráter lunar lleva su nombre.

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