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Blog - Al Alba

por Mariano Gistaín

Ahorrar es carísimo

La reforma de las Administraciones Públicas puede ser un gran negocio: estamos en la fase de inventar burbujas sustitutivas. En la fase de llenar el vacío de dinero y negocios y comercio con verborrea estatal. La construcción propiamente dicha se sustituye por construcciones sintácticas: medidas, comisiones, leyes, monsergas.

Rebajar los gastos supone un gasto tremendo. Lo mejor del informe CORA es que refleja que apenas se sabe nada de nada: los datos son malos, interesados, inverosímiles. Las estadísticas funcionan al buen tun tun. O sea, que el país va a ojo. El famosos solapamiento afecta en primer lugar a los datos, que son todos inventados. El sector de la invención y verificación de datos es el rey, incluyendo a las agencias de rating. Por eso las autoridades espían a saco, para saber qué pasa, quién compra o vende, etc. La primera misión de cualquier empresa o particular es ocultar sus operaciones al fisco.

Para reducir organismos y entes lo primero es poner en marcha una oficina. La reducción engendra sus propios organigramas. Reducir la burocracia y el papeleo exige más burocracia y mucho papeleo. Ahorrar es carísimo.

El Estado, por definición, no puede reducirse a sí mismo. Se resistirá una vez más. La conclusión es que reducirá -otra vuelta de tuerca- a los ciudadanos, últimos eslabones de la cadena, hasta que los robots tengan dni.

Hay otra novedad: en algún epígrafe del monstruoso documento se equipara a los ciudadanos y a las empresas como receptores de los servicios de la Administración Pública (que se pone a sí misma en mayúsculas, y a esos entes -ciudadanos, empresas- con minúsculas).

Ciudadanos y empresas. ¿?

Es extraño que no haya desaparecido la palabra "ciudadanos".

Eso indica que el documento es pura poesía.

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