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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Bendita tercera edad rockera

En la entrada anterior a esta escribía de las bondades del nuevo disco de Van Morrison, ese 'Born To Sing', pleno de blues y jazz, a la altura de cualquiera de los mejores de su carrera y con un potencial musical dentro que para sí quisieran muchos artistas jóvenes. Tiene 67 años. Él, Leonard Cohen, Beach Boys, Springsteen, Johnny Winter, Patti Smith, Paul McCartney, Neil Young… En otro oficio, con la sesentena bien pisada, estarían jubilados, dedicándose a cuidar los nietos, yendo a la Universidad de la Experiencia, jugando a la petanca, paseando, supervisando obras y todas esas cosas que se hacen tras recibir la tarjeta de pensionista. Pero ellos, no.

Ahí siguen subidos a las ruidosas tarimas del rock y haciendo discos. El poder de la tercera edad. Todos los citados han publicado este año álbumes y casi todos de primera clase... Uhhh, ya atisbo al doctor Malages y su diagnóstico a quien esto afirma: síntoma de envejecimiento neuronal. Pues vale... Bueno, no vale. Se admite cualquier opinión, pero vaya en descargo del presunto enfermo que este se quema los oídos (y el bolsillo) escuchando todas aquellas novedades que le es posible abarcar. Y no es que pretenda dejarse iluminar por los rayos del consabido 'cualquier tiempo pasado fue mejor', sino simplemente, recurriendo a esa frase tan sobada y cursi que se dice ahora, pero que viene al pelo, 'poner en valor' el trabajo de estas veteranas figuras, de que las generaciones jóvenes no las ninguneen con el despectivo e insolente 'bah, cosas de viejos', como si el pop y el rock fueran patrimonio exclusivo de hornadas juveniles y no un arte colectivo. Ya quisiera el mal diagnosticado enfermo, por ponerse algo más incisivo y preciso, encontrar en, pongamos desde los hipervalorados Artic Monkeys a Vampire Wekend o Vaccines, por citar algo de lo más novedoso y triunfal de estos primeros años del siglo XXI, las abundantes porciones de calidad y emoción que encuentra en los de estos veteranos 'cracks'.

El rock, aquel latigazo que nació con el cuño de fiebre adolescente pasajera, se ha hecho mayor y maduro. Es verdad que produce rechazo ver sobre un escenario a señores canosos, calvos y barrigudos rascando las guitarras eléctricas. Casa muy mal con un género con ADN juvenil y rebelde. Pero la misma travesía pasaron los viejos bluesmen y jazzmen hasta que de tiernos y pasajeros adolescentes fueron aceptados como maduros y perdurables artistas. Ahora son los rockeros los que tratan de vivir la ancianidad no solo con decoro sino con voz iluminada.

No he incluido al principio en este club de 'abueletes' con disco nuevo y robusto a otros incombustibles, o por, así decir, reyes del 'ageism', como acuñan los británicos, a los Rolling Stones. Estos han publicado disco, pero ya se sabe que ha sido de circunstancias, con sus grandes éxitos y dos canciones 'presuntamente nuevas' para salir de gira. Pero de ellos, como caso singular, ya escribiré otro día. Lo importante es que hay un selecto grupo de venerables artistas veteranos que están haciendo que el rock esté envejeciendo con más dignidad de la que se esperaba y profetizaba. Y eso casi es un hito, y al tiempo un allanamiento del camino para los jóvenes de ahora. Bendita tercera edad rockera. ¿O esta no debería existir? Vamos, que, a una determinada edad, rockeros y menos rockeros debieran callarse..., que este mundo musical es de los jóvenes, sin más.

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