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Blog - Al Alba

por Mariano Gistaín

Rutinas del caos

Actualización de un día después, cuando todo ha pasado y ya se ha olvidado.

Tumulto por la paga extra. Por todo.

Las revoluciones empiezan por los ayuntamientos. El FMI cae a desmano.

Rebajas de presupuestos diarias.

Reventa sentimental al peso.

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La alcaldesa de Madrid ha dejado un dato sobre las manifestaciones y concentraciones que animan la capital: 983 desde mediados de julio. Lo ha dicho desde el punto de vista económico: son muy caras.

La manifestación es ya el lujo de esta época. Es un nuevo sector. Forma parte de la rutina del caos. Los nuevos sinvivires que se aceleran y mutan cada día.

Recortas por un lado y el gentío, consumista, despilfarra por otro. Se coge la baja en masa, ocupa las calles. Consumista sin dinero o consumista autocontenido. La autocontención es difícil de estadisticar, pero es.

La ocupación de las calles no es siempre reivindicativa u organizada. La mayor manifestación del nuevo caos cotidiano es pasear, que es gratis. El inmenso vecindario sale a comprar, a mirar escaparates y a verse a sí mismo, pues ya no se fía de las estadísticas y quiere testear qué pasa, cómo están los demás, los infinitos demás. Hasta ahora nos regíamos por la prima de riesgo o el Financial Times, que marcaban el estado de ánimo, pero ya vamos ampliando las fuentes de datos.

Instalados en la rutina del caos, habituados a lo ininteligible veloz, hemos vuelto a analizar las caras de los conciudadanos, vecinos. Hemos vuelto a la empatía, al reconocimiento facial y por esa vía olvidada llegamos a la polis (que no es la poli).

Entregados a los precios y productos nos habíamos olvidado de las caras, que ahora rescatamos como la vía directa al alma. Volvemos al neolítico porque en este retroceso la edad media no nos sacia: se nos queda corta porque la rutina del caos lleva mucha velocidad. El caos va en AVE. Y en uno de esos aviones aleatorios.

El neolítico, que es un supervintage, trae alguna pedrada y también afila los sentidos básicos, hambre, miedo y derivados. Buen momento para invertir.

Del bon vivant al sobrevivant.

El único que ha entendido la gestualidad del caos es Rajoy, que salió de la ONU a estirar las piernas por Nueva York y a fumarse un puro. (La ONU es un casino de provincias).

Estamos haciendo hora (y nervios) a ver qué dice el señor Oliver Wyman sobre los bancos. Hay tanta gente esperando a que bajen los pisos que si los bajaran ya podríamos armar una pequeña burbuja.

Tienen que cerrar las bolsas y tomar café.

(Continuará en cinco minutos o mil años)

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