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¿Disolvió Franco a Los Brincos y a Los Bravos?

Matías Uribe Actualizada 08/04/2012 a las 21:03
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Está bien esto de la Semana Santa: torrijitas, procesiones (para el que le gusten), viajes, vacaciones… y aunque para el vulgo general sea algo insignificante, una agradable excepcionalidad para quienes somos devotos de la radio generalista y la música. Estos días se apagan las tertulias políticas, el machaca de la prima de riesgo, el enjambre de economistas que últimamente ha caído sobre el país, todos con el bla, bla, bla a alto volumen, pero ninguno con una puñetera receta fiable y rápida que acabe de una vez con esta calamidad del paro…, mais, ooh-la-lá, en alguna emisora brota la música. En concreto, en ABC Punto Radio.

La noche del Viernes Santo, sobre las once y pico, entrevistaban a dos aspirantes al éxito, a un grupo y a una solista femenina, cuyos nombres no conseguí captar bien –la presentadora era parca en repetir los nombres. Hablan los aspirantes sobre lo difícil de meter la cabeza en el tinglado musical. Uno de los componentes del grupo autojustifica el que su grupo no sea conocido: “Es que en España no hay cultura musical, pasamos de Manolo Escobar a la Movida y no hubo Beatles, ni Rolling ni nada…” ¡Glup! Sigue la queja, o llámale victimismo: “Yo lo que me pregunto es por qué a alguien le dan una beca para estudiar el arte de no sé donde, hace mil años, y a mí no me dan un duro por hacer canciones”. El artista subvencionado. Especie que se resiste a morir.

Junto a la presentadora y sus invitados hay un experto musical de nombre Joaquín (¿Guzmán? ¿El mismo que, según El Periódico, cobraba 32.450 euros por trimestre en la radio autonómica de Aragón, por tres horas de radio diarias, de lunes a viernes? La presentadora no lo especifica, lo trata familiarmente como Joaquín, pero no consigo hacerme con el apellido porque capto la emisión empezada, aunque la voz me es familiar). En cualquier caso, el experto Joaquín se añade a las quejas: “No interesan los grupos. A Franco no le gustaban y los deshizo para que salieran solo cantantes melódicos. Pablo Abraira, Camilo Sesto, que venía de un grupo que no me acuerdo, Juan Pardo que se fue de Los Brincos…” ¡Toma peladilla!

Dios me guarde de ejercer aquí de lavacaras ni muñidor del franquismo. Bufff. El régimen aquel que sufrimos en España durante cuarenta años fue ominoso, dictatorial, censor, represor, abominable…, pero, no ya por el personaje que lo implantó, que maldita la gracia, sino por la misma historia, no hay que hacerle culpable de todo, todo, lo malo, bueno o mediocre que ocurriera en el país, desde la muerte de Manolete a si nevaba, llovía o hacía calor. La historia o se cuenta con la máxima veracidad, guste o no guste, o mejor se calla uno.

Si los grupos pop españoles se fueron disolviendo desde la segunda mitad de los sesenta y de ellos fueron naciendo cantantes solistas, tales como Camilo Sesto (que venía de Los Botines), Julián Granados (de Los Buenos), Pablo Abraira (de Los Grimm), Juan Pardo (de Los Brincos y Juan y Junior), Pedro Ruy Blas (de los Grimm y Los Canarios), Mike Kennedy (de Los Bravos)…, no fue por decreto del BOE ni de la autoridad competente, sino por cuestiones internas, los tiempos, el ego de algunos solistas, mil circunstancias, mas no políticas…. Los Beatles también se disolvieron y no hay noticia de que la reina les obligara.

Es verdad que a los jerarcas del antiguo régimen no le hacían mucha gracia aquellos jóvenes melenudos, pero, si hubieran sido un duro y molesto grano en el trasero, no quepa la menor duda de que lo hubieran extirpado a las primeras de cambio. Mas no hay noticia de que ningún grupo pop, por el mero hecho de existir, fuera prohibido, encarcelado y menos aún conminado a disolverse para que “surgieran cantantes melódicos”. Afirmar esto último en una emisora de radio, o en cualquier otro lugar, es falsear el pasado, por muy abyecto que fuera, manipular la historia con una ignorancia supina; una boutade, vamos. Está bien, sí, lo de la Semana Santa: además de las torrijitas y las vacaciones, en alguna radio generalista, hablan de música y cuentan buenos chistes. Lo malo es que pueden trascender en la gente joven y, en vez de partirse de risa, se los crean.





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