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El hielo que consumía Zaragoza en 1924

Mariano García 14/07/2010 a las 00:43



Hoy toca reportaje veraniego. Durante muchos, muchos años, todos los veranos se hacía un reportaje en HERALDO sobre la producción de hielo. Yo he encontrado cuatro, de 1931, 1935, 1956 y el que reproduzco aquí, de 1924. Lo firmaba Manuel Casanova:
Lector no veraneante, camarada y amigo: a ti a quien suponemos en estado de ánimo parecido a nuestro estado de ánimo, a ti que sufres con ejemplar resignación semejante a la nuestra los implacables rigores del calor zaragozano, a ti lector, a ti bella y amable lectora, por supuesto, va dedicada esta pequeña información.
No puede ser, en el sentido que suele darse a la frase hecha, una información de 'abrigo', bien se ve que pretende ser todo lo contrario, y que ha de resultar una información insubstancial, porque no conocemos nada más insubstancial que el hielo, como no sea una partida de 'chamelo''; pero nos decidimos a intentarla porque si, ante la exposición de los datos absolutos y comparativos que hemos logrado reunir conseguimos que te quedes 'frío', es positivo, lector, que te habremos otorgado un favor considerable.
Por eso, para desquite de tus sudores vamos a 'meterte' seguidamente en una fábrica de hielo.

-¿Qué cantidad de hielo consume diariamente Zaragoza?
-De 40 a 50 toneladas -nos ha respondido D. Ramón Puig, dueño de la fábrica instalada en la planta baja del Mercado.
-¿Producidas todas aquí?
-Sí, aquí, entre las fábricas, y algunos casinos y cafés. Y aún sobra algo para exportar a varios pueblos de la provincia.
-¿Cómo se descompone esa producción?
-Exactamente, yo no lo sabré decir sino lo que sale de nuestra fábrica.
-Pero, una cifra aproximada...
-Se puede dar calculando lo que las diferentes máquinas aquí instaladas dan de sí.
-Inténtelo.
-Verá usted.
La Industrial Licorera, 12 toneladas.
La Zaragozana, 6.
S. A. Dam (Antigua Pilar Lana), 5.
Archanco, 1.
Mercado, 12.
Esto, las fábricas, contando con que la cifra que atribuimos a la Zaragozana es luego de atendidos sus servicios.
-¿Y los casinos y los cafés?
-También aproximadamente, y no sé si omitiré alguno:
Mercantil, 2 toneladas.
Principal, 1.
Café Moderno, 700 kilos.
Ambos Mundos, 700.
Universo, 500.
Gambrinus, 500.
Viuda de Más, 300.
Royalty, 300.
Hotel Oriente, 250.
Casa Lac, 300.
Para dar y vender, como se dice.
-Y ¿todo ese hielo se consume en Zaragoza?
-Casi todo. Algo se envía a los pueblos, pero no mucho. Y cuente usted que, aparte la producción diaria, nosotros tenemos unas reservas que se comienzan a fabricar en el mes de abril,
-¿Cuál es la época de mayor venta?
-Del 20 de julio al 10 de agosto. Es cuando aprieta más el calor. Este año, muy caluroso, hemos vendido, en los últimos meses, bastante más que en igual época del año anterior.
-¿A cuánto el küo?
-Al público, a quince céntimos; a los establecimientos con los que tenemos contrato, a ocho; y a los pequeños vendedores, a diez.
-Pasado el verano ¿cesa la fabricación?
-No. Continúa. Claro que muy limitada, a ciertos hoteles, a las pescaderías... Hay pescaderos que, según las remesas que reciben, consumen mil kilos diarios. Volviendo a referirme a la cantidad
que aquí se produce, puede usted decir que, proporcionalmente, Zaragoza consume bastante más hielo que Barcelona.
-Ventajas del clima.
-No, porque allí, aparte de eso, que también hace mucho calor, está el puerto, que se lleva grandes cantidades.
-¿Cuánto produce Barcelona?
-225 toneladas diarias. Divida usted ahora por el número de habitantes y eche la cuenta...
-¿Cómo se fabrica el hielo?
-¿Quiere usted verlo? Venga. Esta máquina está fundada en el mismo principio que los psicómetros, o sea en la absorción del calórico por la evaporación del amoniaco.
Aquí el cronista podría lucirse, 'tirando' de enciclopedia y urdiendo unas cuartillas plenas de erudición y de términos técnicos, que no habrían de entenderlas ni la mayoría de los lectores..., ni el propio
cronista. Renunciamos, por tanto, para decir únicamente que los moldes que se observan en una de las fotografías, llenos de agua, se sumergen en un depósito de mampostería, el cual se llena con una disolución de sal marina, que enfriada a veinte grados bajo cero por una bomba aspirante, enfría todos los cuerpos inmergidos en ella, y, por lo tanto, congela el agua. Cuando los moldes salen del depósito, a las diez o doce horas, el agua, luego de su 'prisión preventiva', aparece domada en prismas perfectos de finísimas aristas y transparencia cristalina, alivio de los ardores caniculares.
Estrechamos la mano a D. Ramón Puig, agradecido a sus deferencias y marchamos.
En la calle ya, encontramos a un amigo a quien fuimos relatando las impresiones de nuestra visita a una fábrica de hielo.
-¿Quieres que tomemos un doble de horchata colada? -nos propuso.
-Bueno. Hombre, por cierto que me ha extrañado que el líquido empleado para que se evaporice y produzca la frialdad es el amoniaco...
-¿Y eso te ha extrañado? Yo, la verdad, no sé una palabra de cómo se fabrica el hielo. Lo que sé es que el amoniaco suele dejar más 'fresco' que una lechuga (¡!)
-¡Chistoso!

Bueno, y les adelanto que está a punto de terminar la 'segunda temporada' de Tinta de Hemeroteca, que descansará durante unas semanas para volver en otoño. Dos temas más hasta cerrar la semana y vacaciones.

Y mañana...
La primera exposición de la monja pintora




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