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Cipreses para zonas que precisen un cortavientos

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Resistente. El ciprés es un árbol clave en la jardinería aragonesa. Presente desde hace miles de años en el paisaje, ha tenido un retorno triunfal gracias a la xerojardinería, la técnica del cuidado de plantas que reduce al mínimo las necesidades hídricas. Los cipreses pueden plantarse como ejemplares aislados, aunque lo habitual es formar con ellos un seto. Para ello, hay que plantarlos con unos 20 centímetros de separación y realizar convenientemente los primeros riegos. Han de ser muy abundantes, pero espaciados, para que el árbol se acostumbre a atrapar la humedad solo con sus raíces y soporte los meses de sequía que se viven en el verano mediterráneo. El ciprés es lento pero seguro y al borde del terreno vivirán durante décadas, sirviendo de pantalla acústica y de cortavientos, de manera que a su lado puede colocarse la mesa y las sillas, para disfrutar de un rincón tranquilo incluso en los días de más viento.

Los cipreses, sin embargo, tienen una contrapartida y es la alergia que producen en febrero y marzo a muchos jardineros. La cantidad de polen que generan es enorme y en los últimos años, debido a la contaminación atmosférica, las proteínas que lo forman se han vuelto más agresivas para el hombre. Afortunadamente, la época de polinización solo dura dos meses.

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