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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

¡Viva el YouTube y las cámaras digitales!

Pues ahora que me doy cuenta, leyendo la excelente crónica del concierto de U2 en Barcelona que 'auricular digital' hace en su blog y del que ofrece enlace en este, viendo los vídeos del YouTube que inserta en esa crónica y al hilo de la entrada anterior, creo que también he cometido 'excesos emocionales'. Mea culpa. Me acabo de dar cuenta. Y el caso es que han sido tropecientos y no me acordaba.

He tenido la 'saludable' afición de grabar prácticamente todos los conciertos a los que he ido desde que se inventó el walkman, desde los primeros ochenta hasta mediados de esta década. Lo que me acarreó no pocos problemas, tiritonas de nervios en el pase de puertas a los estadios para que no me cazaran la grabadora, persecuciones y hasta curiosos bloqueos por parte de los empleados de seguridad.

Sin entrar en muchos detalles, que serían largos: en el segundo de los dos famosos conciertos de los Rolling en el Vicente Calderón, en el 82, al salir de la rueda de prensa de la J. Geils Band, grupo telonero, un guiri, a lo lejos, me vio la grabadora y salió tras de mi. No le di opción a que me cazara: me metí entre la masa del césped y me perdí. Manda huevos, y eso que salía de una rueda de prensa autorizada, previa a la misma salida de los Rolling al escenario. En Montpellier, para ver a Springsteen, en el 85, me requisaron la grabadora en el último control de entrada al estadio, aunque la salvé atolondradamente, porque pensé que aún sería más delito, mostrando la acreditación de prensa, y en Sheffield, en el 88, cómo no, también con Springsteen, con una mano sujetando un paraguas y con la otra escondiendo el casete en la cazadora, un 'gorileta' se dio cuenta de la jugada y se dirigió a mi:

-"Open your jacket", me conminó.

Y a continuación me vi con una manta de h... encima, en la calle  o cuando menos con el casete requisado. Mi sorpresa fue que me cogió la grabadora, extrajo la cinta y me devolvió la máquina.

-¡Joder, qué gente más amable!- pensé yo. De la que me he librado...

Sí, sí. El 'gorileta' habló por el 'walkie talkie' y en dos minutos se me colocaron otros dos colegas suyos a mi costado, uno a cada lado, haciéndome un bocadillo imposible. Simplemente, para impedir que volviera a grabar. No se movieron un pelo de mi lado durante todo el concierto, incluido el descanso. La faena, y de ahí el canguis mayor, es que en la bolsa llevaba las cintas con el concierto del día anterior completamente grabado. Menos mal que no les dio por meter la mano en ella. Y en el Giant Stadium de New Jersey..., bueno, para qué seguir contando batallitas, si hasta el mismo equipo de Tenas me fustigó...

Sí, las he pasado de a kilo para grabar conciertos de todo tipo y en todos lugares. Y no era por 'deporte' sino por algo que ha sido endémico en mi. No me he conformado con solo el concierto, me sabía a poco. Por lo que necesitaba después revivirlo en cinta, aunque el sonido fuera cutre. Los he grabado con walkman, con cámara de video, con mini disc, de la mesa de sonido... y hasta con un casette estereofónico de aquellos grandes, de antes de que se inventara el walkman (el de B. B. King en la Hípica, año 81, suena genial).

Ahora, sin embargo, viendo los videos de U2 en Barcelona, flipo por la calidad y cantidad. Y pregunto: ¿ya no se cachea en las puertas? ¿No se requisan cámaras ni grabadoras? Con los móviles, no es posible grabar con tanta calidad y durante tanto tiempo...  ¿No controlan en el interior del estadio? En tiempos, incluso los 'goriletas' de la valla de delante del escenario tiraban espumilla con un spray para taponar los micros de las grabadoras. Una fan de Héroes recuerdo cómo pasó un casete escondido en sus partes... ¿Qué pasa ahora? Decidme quienes hayáis estado en U2 o en otros macroconciertos recientes. Ojalá haya desparecido tan 'cruel' rutina y a la vez tan suculento filón para los piratas profesionales.

Fue una sabia decisión: cuando en 1992 vino Dire Straits a La Romareda permitieron el uso libremente y al por mayor de las grabadoras. No hubo controles. Era una manera de matar el negocio que posteriormente hacían los "grabadores" profesionales, editando discos piratas a precios desorbitados. Aplaudí la idea y propuse públicamente en el Heraldo, con toda la utópica ingenuidad del mundo, que se hiciera así en todos los conciertos para evitar que se esquilmara a los fans como se/nos estaba esquilmando...

Si, por fin, ahora, como parece por la abundancia de conciertos que circulan por Internet y por el YouTube, han desaparecido esos controles, me alegro del copón: la utopía se ha hecho realidad. ¡Viva el YouTube y las máquinas digitales! Y abajo los esquilmadores. Yo, al menos, hace un montón de tiempo que ni grabo en directo ni me compro un disco pirata. ¿Tú?

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