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La falta de relevo generacional pinta “un futuro negro” para las asociaciones de vecinos

En los barrios nuevos surgen asociaciones impulsadas por la necesidad de infraestructuras pero queda por ver si sobrevivirán cuando las demandas se cumplan.

Las asociaciones de vecinos han sido fundamentales en el logro de mejoras para los barrios.
Las asociaciones de vecinos han sido fundamentales en el logro de mejoras para los barrios.
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Un equipo directivo cada vez más envejecido y una falta de conciencia por parte de las nuevas generaciones de la importancia de la lucha colectiva para lograr mejoras en los barrios. Estos son algunos de los motivos que llevan a creer a las asociaciones de vecinos de Zaragoza que no existe un relevo generacional que asegure el futuro de estas entidades.

“Es complicado que en las ciudades ya consolidadas haya un relevo”, sentencia el presidente de la Unión Vecinal Cesaraugusta, Constancio Navarro.

Cuando a finales de la dictadura no había libertad para manifestarse ni reunirse, las asociaciones de padres de familia eran las únicas permitidas y resultaban ser en muchos casos “una tapadera para que la gente con inquietudes pudiera reunirse”, como apunta Navarro.

Según relata a modo de contexto, en aquella época “los movimientos vecinales necesitaban de dirigentes porque la ciudad se hacía a golpe de edificios de viviendas, no se hacían equipamientos y había carencias enormes en los barrios de asfaltado, alumbrado, zonas verdes… “.

Fue precisamente esa demanda de mejoras de todo tipo en los barrios lo que actuó como germen del nacimiento de las asociaciones de vecinos que se reunían “medio a escondidas para organizarse”, como relata Navarro.

Con la llegada de la democracia, las asociaciones siguieron funcionando y “las ciudades han ido mejorando, las cosas se han ido haciendo mejor, con más equipamientos y hay una ciudad bien construida”, concluye Navarro.

Entre las nuevas generaciones, apunta el presidente de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (FABZ), Manuel Arnal, “hay una falsa creencia de que la calidad de vida en los barrios ha venido dada como si hubiera caído del cielo y no es así”. Añade que “desde las infraestructuras básicas pasando por las educativas, transporte público, parques y demás siempre han sido fruto de actuaciones municipales, pero muchas veces a base de las demandas sociales canalizadas por las asociaciones de vecinos”.

Navarro y Arnal coinciden en que, con el paso de los años y los logros de muchas reivindicaciones, “los movimientos vecinales han ido perdiendo fuerza paulatinamente” y señalan que hay gente muy mayor dirigiendo muchas asociaciones y que estas no van a tener relevo cuando esas personas dejen de dirigirlas. Apunta Constancio Navarro que, además, “si no estás jubilado, es difícil tener tiempo suficiente y disponibilidad para dirigir una asociación”.

Para Navarro, “el panorama no es alentador” aunque sí apunta a que “ahora surgen necesidades en los barrios nuevos donde hay solares para infraestructuras nuevas, pero están por hacer, lo que lleva a que surjan asociaciones de gente más o menos joven que demandan cosas. Otra cuestión es que estas continúen en el tiempo cuando esas demandas se vean cumplidas”.

“Ahora hay que mantener que los servicios públicos, pero sobre todo el objetivo actual es conseguir que los barrios estén cohesionados que se mantengan servicios públicos de calidad, criterios de sostenibilidad y solidaridad, inclusivos”, opina Arnal.

El presidente de la Unión Vecinal cree que hay poca gente interesada en invertir tiempo “a favor de los vecinos”, pero recuerda que “siempre hay demandas y siempre se puede mejorar la ciudad para que sea habitable y pedir mejoras continuas en la ciudad”. Cree que las administraciones tendrían que favorecer que la gente joven se interese por el asociacionismo.

Por su parte, Manuel Arnal indica que “desde hace años ya se detecta que en el voluntariado social, donde estamos las asociaciones, hay una falta de relevo generacional y si lo hay es en un segmento de la población más maduro”. Pero incide en que la pandemia y el cese de actividades que conllevó “generó también un cambio de actitudes sociales. En los sitios donde no había una dinámica social potente ha habido un bajón”.

Considera que la clave está en “mirar hacia el futuro”, algo que tienen que comprender las nuevas generaciones ya que “todos los objetivos para conseguir ciudades más habitables y justas vienen marcados por los objetivos de la agenda urbana 2030 con criterios de cohesión social, sostenibilidad ambiental y participación en la toma de decisiones. Eso solo se puede hacer si participa la sociedad civil en las asociaciones organizadas”. Por ello insiste Arnal en que “tiene que haber “participación efectiva en el día a día”.

“Para nosotros es fundamental relanzar la participación en juntas de distrito y juntas vecinales porque son de los órganos municipales más cercanos a la población territorialmente y es necesario potenciar el papel de las organizaciones sociales de la sociedad civil, que se dote a las juntas de distrito y vecinales de recursos humanos y competencias”, opina Arnal.

Respecto a la edad de las personas participantes en las asociaciones de vecinos, Arnal apunta a que antes la gente entraba en las asociaciones alrededor de la veintena y ahora la edad media están entre los 40 y los 50. 

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