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Zaragoza

semana santa

Día de emociones enfrentadas

Insólita celebración del Domingo de Ramos. La Cofradía de La Entrada, protagonista de la procesión de Las Palmas, hizo sonar los instrumentos desde los hogares

Ricardo Mastral, con capirote, junto a sus dos hijos.
Ricardo Mastral, con capirote, junto a sus dos hijos.
Guillermo Mestre

El Domingo de Ramos fue ayer distinto y triste. Las calles de Zaragoza se tendrían que haber llenado para presenciar la procesión de Las Palmas, con la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén como gran protagonista, pero, por los motivos que ya conocemos, por culpa de este virus que nos cerca, no hubo espacio para el alborozo ni las aclamaciones.

La capital aragonesa no vio procesionar a la Borriquita, emblema que abre de par en par el pórtico de la Semana Santa. Tampoco se pasearon ramos bendecidos, ni sonaron los instrumentos. Y así, la plaza del Justicia, epicentro de esta celebración y las venideras, lució un vacío que contrastó con lo que fueron las redes sociales. 

A lo largo de la jornada, el intercambio de documentos gráficos entre cofrades fue constante, con el vídeo editado por el grupo de comunicación de La Entrada como mejor ejemplo. El Hermano Mayor, Óscar Trigo, dedicó unas palabras a todos los cofrades, recordando lo que la jornada hubiese sido y mostrándoles su apoyo. 

«Hoy es el día más grande del año para todos nosotros, es Domingo de Ramos, y los sentimientos que acumulamos a lo largo del año afloran. Tendríamos que habernos levantado nerviosos y, tras mirar al cielo y hacer un repaso de todos los instrumentos, haber comenzado los actos. Abrazos, besos, nervios e ilusión, antes de que se abriesen las puertas de San Cayetano para dar comienzo a la Semana Santa de Zaragoza. El corazón estaría encogido y saltarían las lágrimas. Valorad todos estos sentimientos y la grandeza de pertenecer a esta gran familia», anunció Trigo, antes de que Carlos García, asesor religioso de La Columna, asegurase que «nadie nos ha robado la Semana Santa».

«Que nadie diga que nos hemos quedado sin Domingo de Ramos ni que nos puede el coronavirus. No suenan los tambores, pero el sonido de esta Seman Santa tiene que ser el latido de nuestro corazón», dijo, haciando un llamamiento a desarrollar instantes familiares como el que ayer tuvo lugar en casa de Ricardo Mastral, en una urbanización de la Vía de la Hispanidad.

«Nos hemos levantado y a las 8.30 hemos desayunado chocolate con churros. Es típico en nuestra hermandad, antes de empezar la procesión. Nos han saltado las primeras lágrimas pensando en familiares y amigos», explicó Mastral, que tiene siete hermanos y tres, con sus correspondientes hijos, son de La Entrada. 

«Los llamados ‘Mastrales’ somos la familia más numerosa», añadió, antes de indicar que sus hijos -Paula, de 22 años, y José, de 20- le habían acompañado en la inusual celebración del Domingo de Ramos desde el hogar. «Mi mujer y mi otra hija, que está en Italia y nos ha visto por el teléfono, se han emocionado. Hemos salido a tocar al balcón antes de la misa (12.00) y después, sobre las 13.30, otra vez. Los vecinos nos han vitoreado. Ha sido un día de sentimientos enfrentados. Lo experimentado este año nos tiene que recordar la importancia de las cosas pequeñas; de poder estar junto a los seres queridos», concluyó Mastral.

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