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Mascarillas solidarias con reparto policial en Zaragoza

Decenas de zaragozanas cosen las protecciones en casa que luego reparte la Policía Nacional. La iniciativa de una mujer ha logrado crear una red que ya ha repartido 4.000 mascarillas.

El 14 de marzo, cuando decretaron el estado de alarma, se me ocurrió llamar al Clínico para ver qué necesitaban, hablé con las enfermeras y me dijeron que mascarillas para el personal auxiliar. Cogí el coche cuando aún se podía, me dieron unas sábanas y una mascarilla de modelo y así empezó todo”

Ese primer gesto de María José se contagió igual que el coronavirus, rápido y a través del boca a boca se fue tejiendo una anónima red de mujeres en los barrios de Zaragoza que, a fecha de hoy, ha cosido ya más de 4.000.

Esta “desorganizada organización”, como dice María José, tiene una repartidora de lujo: la Policía Nacional. Cada vez que tienen un lote para entregar en un centro o donde haga falta, un coche patrulla se acerca a la casa que sea, lo recoge y lo lleva al destinatario. “Ahora hemos empezado a hacer batas de tejido plastificado. Vamos a coser 300 a la semana”, informa. Y mascarillas cosen un promedio de 200 diarias, todas 100% de algodón de 165 gramos, que son las que sirven para evitar contagiar y ser contagiados si se mantiene la distancia social.

La iniciativa de una sola mujer, a la que también se ha sumado algún hombre y hasta un niño, se extendió primero entre su círculo de amigas; como anillos concéntricos, cada una de ellas echó mano de sus respectivos grupos de contactos y, al final, hay un centenar de personas cosiendo en casa mascarillas para residencias y todo tipo de centros que las necesitan, como el banco de alimentos, residencias, centros de salud, tiendas de alimentación, supermercados. “Funcionamos con la proximidad. Yo me di cuenta el día que bajé a comprar al mercadona de mi barrio que no tenían mascarillas y al día siguiente les llevé un paquete”, explica.

Añade que la primera necesidad que detectaron es que todo el mundo quería hacer algo, ayudar como fuera desde casa. “Vimos que unas tenían máquinas de coser, otras tejidos, otras conocían a otras…”, cuenta. El grupo es totalmente heterogéneo y sigue creciendo: mujeres jubiladas, viudas, jóvenes, mayores... No tienen espíritu asociativo, pero la malla que han creado funciona como tal.

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