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La peculiar parroquia de las mil caras

La parroquia de San Pío X, en el zaragozano barrio de La Jota, está asentada en un edificio original e irregular que es considerado uno de los más peculiares de la ciudad.

La parroquia de San Pío X, en el zaragozano barrio de La Jota, está asentada en un edificio original e irregular que es considerado uno de los más peculiares de la ciudad
La parroquia de San Pío X, en el zaragozano barrio de La Jota, está asentada en un edificio original e irregular que es considerado uno de los más peculiares de la ciudad

Entre los altos bloques de viviendas de la plaza de la Albada, en la capital aragonesa, hay un edificio que llama la atención cuando se divisa por primera vez. No es suficiente con verlo a simple vista, sino que la curiosidad obliga a dar toda la vuelta al inmueble y analizar cada detalle de sus múltiples caras. Es de color salmón con ventanucos blancos. Los recovecos son parte de su singularidad. Unas formas que crean rotundas sombras cuando el sol cae sobre este santo inmueble. Santo porque es una iglesia.

Es la parroquia del barrio de La Jota, una obra del arquitecto Antonio Tello que fue un “bombazo” en el barrio cuando se construyó, tal y como rememoran algunos vecinos. Era 1973, aunque la entidad como tal se constituyó unos años antes. “Ahora ya todos están acostumbrados” comenta Ángel García, el párroco.

“La han llegado a confundir hasta con una discoteca”, recuerda García. “La verdad es que de primeras no parece una iglesia. Se sabe por la cruz que se levanta junto a la puerta y por los carteles”, apostilla un feligrés de la parroquia.

Unos lo llaman “original”, otros “curioso”, hay quien lo denomina “raro”. El sacerdote confiesa que cuando llegó al barrio experimentó “extrañeza” al ver el edificio. Sin embargo, es tajante: “Para mí es un lugar agradable, querido y muy afectivo”. Es especial hasta el altar, centrado entre los 300 asientos.

Como el lugar de las celebraciones, el resto de las estancias también son diferentes a las de un edificio corriente. “Las habitaciones son irregulares, no tenemos ninguna rectangular”, apunta el párroco. Es normal porque se mire por donde se mire hay aristas. Cuando se concibió, en las páginas de HERALDO se pudo leer que era de “líneas sugerentes y modernistas”.

La originalidad de la que hace gala puede ser proporcional al deseo de su construcción. Antes de ser edificado se celebraba misa en una casa del barrio, que también hacía las veces de colegio. En septiembre de 1973 se escribió en HERALDO sobre esa parcela originaria: “El salón-comedor es el templo. El despacho parroquial – sacristía y todo junto – está situado en una habitación contigua”.

Su inauguración trajo consigo nuevos servicios al barrio, que hasta entonces se había apañado con los recursos existentes. “El centro parroquial dispondrá de todo lo necesario, de acuerdo con las exigencias del barrio: guardería, biblioteca, club de ancianos y salones de reuniones para jóvenes y matrimonios”, anunciaba Alfonso Milián, el párroco, en las líneas de la noticia.

Décadas más tarde, aunque se haya ejecutado más de una reforma y ya no haya algunos de esos servicios, como la guardería, mantiene su vanguardista apariencia, como en los años setenta. Además, sigue sorprendiendo a todo aquel que la ve por primera vez.

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