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Torrelapaja, entre la devoción por San Millán y aquél primer tractor

Después de totalizar 32 años en etapas diferenciadas, Tomás Rubio deja la alcaldía de su pueblo natal, con el reto encaminado de recuperar patrimonio y el orgullo por el pabellón municipal.

Tomás Rubio deja la alcaldía de Torrelapaja. Sus 80 años de edad y la petición expresa de la familia, que le pide algo más de cuidado a la salud, han sido decisivos a la hora de ceder el sillón. El entusiasmo y el orgullo por el trabajo realizado se quedan con Tomás y su compañera de toda la vida, Rosario, torrelapajinos ambos, testimonio palpable de lo que significa querer al pueblo natal y entregarse por el bien común.

"Cuando era chaval –recuerda Tomás– Torrelapaja estaba como centro natural de unos cuantos pueblos de la zona, por una fábrica de harinas que tuvimos, y por las recogidas el Servicio Nacional del Trigo. De Soria estaban Ciria, Reznos o La Alameda; de Zaragoza Berdejo y Bijuesca. En tiempos tuvimos remolacha; firmabas un contrato con una azucarera y te traían semillas y abono, trabajábamos con caballerías; venían de tres distintas, sobre todo las de Terrer y Calatayud. La línea de ferrocarril Santander-Mediterráneo nos daba vida; desde que la quitaron, esta zona se echó a perder. Pasaban muchos mercancías, paraban para echarles agua en la estación. Entre los obreros del tren, la familia de los harineros y alguno más, había trabajadores; también hubo un tiempo cantera… pero desapareció casi todo. Pero es nuestro pueblo, y bien bonito". Las hijas de Rosario y Tomás fueron al colegio en Santa María de Huerta, y siguieron estudios en Zaragoza, donde se acabaron estableciendo; el cariño al pueblo, eso sí, no solo sigue intacto, sino que se ha transmitido a la siguiente generación.

Hace más de cuatro décadas, Tomás se decidió a entrar en la política local. "Veía que la cosa no iba del todo bien, por eso me presenté. Nos juntamos los de la fábrica de harinas, mi hermano menor, otros dos más y yo, y hablamos una noche de domingo en el bar, que yo solo lo he pisado en domingo; acababa de llegar la democracia. Me dijeron que me presentase yo; me convencieron, me apunté y estaba el primero en la lista. Después de mí se apuntaron otros. Yo quería trabajar para el pueblo, no era nada político; total, que al día siguiente me dijeron que yo no iba yo para alcalde, que tenía tres delante. Cogí al secretario, que aún vive, y le até las alpargatas cortas: le dije que enseñase la primera lista, en la que yo estaba arriba. Me costó mi estirón, pero al final se hizo; he estado 32 años en dos etapas".

El pueblo guarda sus fiestas con celo. La Asociación Virgen de Malanca celebra cada año el 22 de junio una comida en el pabellón inaugurado en 2009 ante 600 personas aquí. San Millán es el 12 de noviembre, otra ocasión para juntarse, siempre el sábado más cercano. "Suben los de Berdejo a oír misa aquí –recuerdan Rosario y Tomás– porque también le tienen devoción al santo, y el vermú se paga entre los dos ayuntamientos. La última semana de agosto son las patronales".

Tomás deja el testigo a José María Martínez, que venció en las elecciones del 26 de mayo. "Ahora entra otro chaval. No vive aquí, su padre sí tiene casa y su madre era prima hermana mía; ojalá lo haga muy bien, mejor que yo, así le irá bien al pueblo. Yo ahora podré estar más en Zaragoza con mis hijas y los nietos. Me quedo contento con muchas cosas, como el pabellón que tenemos, y que no le costó una perra a los vecinos; me pusieron una placa en la puerta como reconocimiento. Este es un pueblo agradecido, más allá de que a veces haya riñas; cuando ha hecho falta un par de brazos para ayudar, siempre han aparecido veinte. Ahora los mayores no tenemos ‘correas’ ni ‘remos’ para hacer todas las cosas".

Dice Tomás en cuanto a la economía municipal que ha pensado en el pueblo como en su casa. Rosario lo corrobora. "Nunca ha encargado trabajos sin tener el dinero en la mano, aquí siempre se ha cumplido con los trabajadores, hasta que se han asegurado las subvenciones no se hacían los encargos".

Aquél primer tractor

Tomás recuerda con emoción cuando trajo el primer tractor al pueblo desde Barcelona. "Yo andaba en los 14 años, y ahora son 80 los que tengo, echa cuentas. Fui a Barcelona con un hermano de mi madre y volvimos andando; tardamos cuatro días en el puerto buscando camión para traerlo, y no hubo manera, así que nos lo trajimos nosotros. Yo, quizá por la edad, le eché valor; no paramos ni a comer, todo el día en la carretera hasta Zaragoza, lo metimos en un garaje que se llamaba Oroel, al lado del Ebro, y por la mañana compramos un remolque en el camino de las Alcachoferas, nos lo hicieron en el día; lo hicieron entre 15 obreros y a las 9 de la noche lo teníamos enganchado en el tractor. Al otro día, por la mañana, a Torrelapaja; en todos los pueblos se nos quedaban mirando, fue el primer tractor no nuestro, sino de toda la zona desde Calatayud y hasta la provincia de Soria. Lo tuvimos cuatro años y se lo vendimos a Lorenzo Delso, de Torrubia, para comprar otro; así fuimos haciendo cada pocos años".

Cuatro siglos largos de historia propia tras escindirse de su vecina Berdejo

El año 1601, Torrelapaja se independizó de Berdejo; trece años antes había surgido unas severas disputas, que condujeron a esta resolución por orden expresa del rey Felipe III, que mandó despachar real comisión para que el ilustre Sr. D. Agustín López Chaler, vecino de Miedes y Procurador General de la Comunidad de Calatayud, "dividiese y partiese los Lugares de Berdejo y Torrelapaja, con sus términos y partidas de forma y manera que al bien y utilidad de dichos dos Lugares conviniese y fuese del servicio de Su Majestad". La firma de esta augusta sentencia tuvo lugar en la Señoría de Terrer el día 21 de marzo de 1601, y la sancionó el Rey Felipe III por Real Cédula de 30 de diciembre de 1601. En esta sanción el rey se lamentó por el hecho, pero respetó la decisión tomada. En el año 2001, Torrelapaja celebró por todo lo alto sus primeros cuatro siglos de independencia en el contexto administrativo, que en 1603 se extendió también al religioso con la consecución de la parroquia independiente.

En datos

Comarca: Comunidad de Calatayud

Población: 32

A Zaragoza: 122 km

Los imprescindibles

La parroquia

Edificio gótico, de 1459, sobre una antigua edificación; tiene cabecera de planta cuadrada cubierta con cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con la figura de San Millán (foto). A la derecha, la capilla de Nuestra Señora de Malanca.

Casa de San Millán

San Millán nació en Torreapaja en el año 473, el pueblo era entonces unos pajares de Berdejo. Se hizo en su memoria una casa-palacio en 1520, en cuya puerta hay una ‘mano de oso’; apuntalada y en reformas, se ha arreglado el tejado.

Un magnífico paseo

Las hoces del Manubles, aunque el río se seque a menudo, son un destino predilecto de los paseantes locales, por la zona de las antiguas minas de carbón; están a unos dos kilómetros del pueblo, y el camino sale hasta la Tejera.

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