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Feria de muestras o “de los incrédulos”, pero siempre de Zaragoza

Eran los años 80 cuando se trazó el proyecto y tras un tiempo récord (17 meses) se presentó a la ciudad como un lugar de stands y hasta de conciertos

Eran los años 80 cuando se trazó el proyecto y tras un tiempo récord (17 meses) se presentó a la ciudad como un lugar de stands y hasta de conciertos

Según la época del año que sea, en el kilómetro 331 de la autovía de Madrid se puede encontrar el centro neurálgico de la agricultura, del comercio o de la ganadería. Los diferentes y polivalentes pabellones que conforman la Feria de Zaragoza se pueden convertir en stands de alimentación, en pistas de pruebas caninas o en una pasarela de moda.

La feria de muestras, calificativo con el que ha pasado de padres a hijos, es un recinto de unos 360.000 metros cuadrados que al principio y popularmente se llamó la "feria de los Incrédulos”. Javier Rico, en el libro de la Fundación CAI dedicado a la feria, apunta que la sociedad ponía en duda su construcción pero “llegó a materializarse a pesar del escepticismo inicial y de las dificultades económicas”.

Era primavera de 1984 cuando se presentó el proyecto. Rico señala que “la idea ilusionó a todos, pero su coste era elevado”. A partir de ahí, con la puesta de la primera piedra, comenzaron las obras. La construcción se culminó en un tiempo récord: tan solo 17 meses.

El 9 de octubre de 1986 se inauguró la nueva Feria de Zaragoza. Las páginas de HERALDO DE ARAGÓN recogieron la noticia en portada y se puede leer en sus líneas la relevancia que supuso para la ciudad. La rotonda con banderas a la entrada, el lago con una fuente luminosa que hay junto al acceso oeste o la vista panorámica de los nueve pabellones es la imagen a simple vista que pueden tener los visitantes. Una vez dentro se llega a una amplia plaza con porches y vistas al lago. Uno de los elementos más característicos es la bóveda de cañón transparente. En la actualidad, oficinas, establecimientos de hostelería o un palacio de congresos son algunos de sus servicios.

La inauguración de la Feria de Zaragoza

En ese octubre de 1986, días previos a las Fiestas del Pilar, los reyes Juan Carlos I y Sofía fueron los encargados descubrir una placa y monseñor Elías Yanes, arzobispo de la ciudad en aquel momento, bendijo el nuevo espacio. “El nuevo recinto que aquel día quedó abierto al público era un soberbio conjunto arquitectónico”, señala Javier Rico en el citado libro.

Antes ya de la construcción de esta, cuando la entidad se encontraba en el paseo de Isabel la Católica de la capital aragonesa, era un icono de la ciudad. Este nuevo recinto ya ha estado presente en muestras, exposiciones y hasta conciertos. Ha tejido parte de la vida de Zaragoza y ha escrito páginas que se recordarán. Como cuando fue el escenario de un concierto de Madonna, hace casi una década.

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