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Zaragoza

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Conde de Mayalde debuta con buena nota en Zaragoza

La ganadería castellanomanchega se estrenó en la Misericordia con una corrida de nota. López Simón abrió la Puerta Grande.

El Fandi, frente al primero de Conde de Mayalde.
El Fandi, frente al primero de Conde de Mayalde.
Heraldo.es

Los aficionados salieron este sábado de La Misericordia embistiendo como Abonador. O, por lo menos, pensando en lo que pudo ser y no fue. ¡Vaya forma de arrancarse alegremente desde lejos! Qué codicia al encuentro de la muleta... Un arreón inicial nos invitó a planear. Y Fandila nos devolvió, aprisa, a lo terrenal. A la única parcela en la que enseñó al toro. Un tercio empequeñecido por las impresiones del resto. Por el inconformismo de asistir a una faena común con acometidas de nota.

El excelente se quedó en progresa adecuadamente. Los trofeos en vuelta al ruedo, con el diestro granadino mascando la canción de M-Clan. "Carolina, trátame bien. No te rías de mí, no me arrranques la piel", resonaba imaginariamente de fondo, al tiempo que los de Conde de Mayalde suplicaban al torero que se aplicara el cuento. Los innumerables recortes en banderillas no sentaron bien al sosote sardo que hizo de cuarto. Quizá lo más lacio de una corrida notable.

Los cinco toros llegados desde tierras castellanomanchegas -uno se fue al corral por no sostener los remos- tuvieron sus teclas. Y tan solo Alberto López Simón lo supo refrendar con una Puerta Grande barata. Gran toro Extranjero, castaño que hizo de tercero y descubrió lo que iba a ser el resto del encierro. Nobleza y calidad para reparar la escasez de fuerza y fondo. Con un tranco más, el primer contrincante del madrileño era de lío gordo. A su segundo, lo ahogó sin ver el potable pitón izquierdo. Perfilero, aliviado, siempre fuera de cacho. Hasta el arrimón anodino con el triunfo asegurado.

Otro habitual del arrimón, Miguel Ángel Perera, se abstuvo. El matador extremeño no pisó las cercanías con el tosco sobrero de Sánchez Arjona ni con el acochinado pero repetidor quinto. Ambos aceptaron un encuentro lejano, que se desdibujó en la pérdida de pasos. La quietud se tornó en zapatillazos. Y el animal echó la persiana. Zaragoza seguirá esperando a Perera. Y el regreso del hierro de Conde de Mayalde, que se estrenó con una corrida de toros completa en la capital aragonesa. Que vuelvan cuando quieran.

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