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Zaragoza

José Carlos Franco: "Hemos podido dar la vuelta al pueblo como a un calcetín"

Zaragozano de 1982, lleva tres mandatos como alcalde de Villarroya del Campo (PP), el pueblo de su familia paterna. Estudió Económicas y en 2003 empezó en la radio.

El alcalde, en la rotonda de entrada a Villarroya del Campo, con el escudo del pueblo.
El alcalde, en la rotonda de entrada a Villarroya del Campo, con el escudo del pueblo.
J. C. Franco

Empezó muy joven en la política municipal.

En las elecciones de mayo de 2007, con 24 años. La persona que estaba de alcalde tenía 74. Estamos hablando de un salto generacional de medio siglo. Notábamos que hacía falta un cambio.

Y se animó.

Hablé con mis amigos y les dije que me presentaba pero necesitaba que me apoyaran. Ni yo ni mi familia estábamos censados en el pueblo. Yo quería salir elegido, pero porque la gente así lo decidiera. Gané por mayoría absoluta.

¿El pueblo funciona como concejo abierto?

Así es, pero solo se elige al alcalde, que es quien decide a su corporación. Pero yo intenté implicar a más gente. Lo que hicimos fue crear distintas áreas, aprovechando el potencial humano de la gente del pueblo: tenemos una doctora en farmacia, ingenieros, profesores, filólogos, informáticos... Profesionales muy formados para que todas las decisiones vayan enfocadas con un criterio adecuado.

¿Qué áreas hay?

Existe fomento, cultura, medio ambiente, ciencia y tecnología, sanidad, tercera edad y mujer, servicio social, economía... Todos hacemos de todo.

Su voz acompaña a los amantes del Real Zaragoza a través de las ondas de Aragón Radio.

Todo el que se dedica al mundo de la comunicación, de la radio en este caso, y del periodismo deportivo, puede sentirse orgulloso de seguir a uno de los equipos de su tierra, a mi equipo.

Es periodista y alcalde. ¿Cómo compagina ambas facetas?

Prácticamente no guardando fiesta muchas semanas. Es complicado. Porque yo no vivo en el municipio los siete días de la semana. Los lunes tengo fiesta en la radio y aprovecho para ir al pueblo, que es cuando acude la secretaria. La burocracia ahoga a los pueblos. Podría parecer que el plan Plus de la DPZ ha facilitado la gestión, pero es todo mucho más complejo.

¿Cómo ha cambiado el pueblo estos 11 años que lleva al frente?

Llegó un momento en que no había ni bar. Se nos ocurrió la idea de encender el horno de leña que llevaba 50 años apagado e hicimos una comida para todo el pueblo. A partir de ese momento la gente comenzó a regresar. La Semana Santa se ha convertido en nuestro santo y seña. Desde 2007 hemos conseguido dar la vuelta al pueblo como un calcetín.

¿Exige mucho sacrificio?

Sobre todo mucho trabajo, y además que no se ve. Te metes en el ayuntamiento y sabes cuándo entras pero no cuándo sales.

¿Qué opina de las diputaciones provinciales?

Cuando escucho a la gente decir que tendrían que desaparecer digo: "Qué insensatos y qué poco han tocado la política municipal de provincias como Zaragoza".

Villarroya, con casi 80 vecinos tiene una densidad de 4,5 hab/km².

Somos un ejemplo muy claro de la realidad del mundo rural. En verano nos juntamos entre 230 y 250 personas, pero el resto del año viven una treintena de vecinos.

Están en el límite con la provincia de Teruel y a 70 km en coche de Zaragoza. ¿Cómo les afecta su situación geográfica?

Uno de los grandes éxitos fue conseguir la salida a la Autovía Mudéjar. Antes había que hacer 14 kilómetros por carreteras en bastante mal estado o ir por un camino. Nos ahorra tiempo y peligro. La hizo la DPZ, y no sin problemas. La utiliza mucha gente y todavía serían más si continuase hasta Retascón.

¿Cómo están los caminos después de las tormentas?

Igual. Se envió una carta a la DPZ, pero no hemos tenido respuesta.

¿Ya se solucionó por completo el problema del agua de boca?

Construir la potabilizadora costó mucho. La red de abastecimiento era viejo y había fugas.

¿A cuánto asciende el presupuesto municipal?

No llega a 200.000 euros. De ahí hay que descontar las nóminas y los servicios básicos. Antes, pagábamos 800 euros mensuales por el alumbrado público. Tras una inversión importante pudimos cambiar a led y pagamos un tercio de esa cantidad.

Un capítulo de su historia reciente es la segregación de Villadoz, de la que era barrio, en 1952, recuperando así la autonomía local que había perdido en 1845.

Fue la lucha de un pueblo. Villarroya perdió hasta la sede del ayuntamiento. Durante ese siglo, el reloj del pueblo se paró. No avanzó nada de 1845 a 1952.

¿En qué proyectos trabajan?

Queremos seguir rescatando el pasado celtíbero. Hace dos años nos liamos la manta a la cabeza y contactamos con un arqueólogo porque teníamos el convencimiento de que había algún vestigio. Tras nueve catas en la parte alta apareció un muro, y después una casa y vasijas con comida. Gracias a la Dirección General de Patrimonio podemos exhibir esas vasijas en el ayuntamiento.

¿Quieren reformar la plaza?

Ahora no está en muy buen estado. Queremos hablar con la Universidad para que los estudiantes puedan hacer este proyecto como trabajo de fin de grado.

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