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Don Jaime I: la calle de los mil nombres que se resiste a ser peatonal

El ‘cardus’ de la época romana de la ciudad es una ajetreada vía que conecta con la margen izquierda y ofrece algunos de los mejores y más antiguos comercios

Turistas, residentes, vecinos de la margen izquierda... Don Jaime es una las calles más transitadas. José Miguel Marco
Turistas, residentes, vecinos de la margen izquierda... Don Jaime es una las calles más transitadas. José Miguel Marco

Todavía hay muchos zaragozanos, los de mayor edad, que la conocen como calle de San Gil, antiguo nombre de uno de sus tramos, por la parroquia que allí se ubica. Sin embargo, ya en 1857 el Ayuntamiento le otorgó la denominación de Don Jaime I, en honor al rey aragonés del siglo XIII. De hecho, esta céntrica vía comercial del Casco Histórico de la capital aragonesa ha asumido múltiples caras dada su antigüedad y su división en trechos hasta las últimas reformas llevadas a cabo, que le han dejado su actual aspecto.

En época romana era la vía principal de la ciudad (el ‘cardus’) y, a través de los siglos, se ha mantenido como el nexo de unión del casco urbano con el Ebro y la margen izquierda a través del puente de Piedra. En la Edad Media, en la parte más cercana a la plaza de la Seo se situaban los cuchilleros, por lo que era conocida como calle de Cuchillería, y en su extremo opuesto –que entonces no tenía salida al Coso y no la conseguiría hasta el siglo XVIII– como la calle de Pellicería, dado que ahí se hallaba el corral de los pelliceros.

Zaragoza calle a calle: Don Jaime I

"Ahora ha cambiado mucho porque antes era un conglomerado de calles angostas de tierra, pero mantiene su espíritu comercial, heredado del puerto fluvial del Ebro, la Lonja y la actual plaza de Ariño, donde paraban las carretas y los buses de los pueblos", explica Óscar Sanz, presidente de la asociación de comerciantes del sector Don Jaime.

Es, sin duda, uno de los rincones preferidos por los zaragozanos para hacer compras. Y además, conserva alguno de los establecimientos con más solera de la ciudad, y tres de ellos presumen de la medalla Basilio Paraíso: Calzados La Alicantina (fundada en 1883), Pastelería Fantoba (1856) y La Lotería del Rosario (1860).

Pese a algunos cierres puntuales, la calle mantiene el pulso y la actividad. "La crisis nos afectó menos que a los demás. Nuestra crisis está siendo la salida de los funcionarios, como los de Justicia", apunta. Muchos de los despachos de abogados de la calle comienzan a mudarse. En cualquier caso, sigue siendo el "escaparate de la ciudad para los turistas", por lo que Sanz reclama al Ayuntamiento "detalles que la hagan singular, con una estética diferenciada, y con mejor mantenimiento".

Múltiples reformas

No es la única reivindicación en una calle que ha sido objeto de múltiples reformas. En 1861, el Consistorio de Zaragoza acordó darle una alineación uniforme, que se plasmaría cuando el arquitecto municipal, José de Yarza, redactó un plano geométrico para la ciudad. Para ello hubo que demoler algunos edificios e, incluso, una iglesia que estaba consagrada a San Pedro. Se mantuvieron ciertas irregularidades –como a la altura de San Jorge o Méndez Núñez– pero Don Jaime ganó presencia y, sobre todo, permitió un mejor lucimiento de los insignes edificios que la circundan: sin contar el Teatro Principal, hasta 25 gozan de protección patrimonial.

Entre ellos destacan joyas como la iglesia de San Gil, varios inmuebles y comercios de principios del siglo XX y, por supuesto, la Lonja, construida en 1551 a petición de los mercaderes, los ciudadanos y el propio arzobispo Don Hernando de Aragón, para evitar que se negociase en los recintos eclesiásticos, incluida la Seo.

El escritor Fernando Lalana guarda un imborrable recuerdo de Don Jaime, donde vivió desde su nacimiento, en 1958, hasta los años 80. "Me encantaba la horchatería Tortosa, que ahora está en otro lugar y con otros dueños, y también se me quedó grabada la imagen de Calzados Murlanch, donde un rótulo decía que vestían al propio caudillo", rememora. A su juicio, la vía "sigue siendo comercial y ajetreada, sin la prestancia de la calle Alfonso, pero con mucho tránsito y muy viva".

Coincide con él Alejandro Aznar, presidente de la asociación de vecinos Reyes de Aragón y administrador de Lotería del Rosario, uno de los rincones históricos del Casco. "Se ha mantenido como calle de compras que une las dos orillas del Ebro", explica. De ahí el rechazo frontal de vecinos y comerciantes a la peatonalización de la calle, que cada cierto tiempo vuelve al debate municipal. La última vez, con Belloch al frente del Ayuntamiento.

La reforma integral más reciente data de principios de los años 90, cuando con un presupuesto de 224 millones de pesetas (1,3 millones de euros) se renovaron trece kilómetros de tuberías, se ensancharon las aceras, se introdujeron los adoquines de granito, se plantaron 64 aligustres entre las 35 nuevas farolas de hierro fundido... El problema llegó con la elección de las baldosas, que con la lluvia se convertían en una pista de patinaje. Varios huesos rotos después –y sus correspondientes denuncias e indemnizaciones–, el Consistorio tuvo que invertir otro buen pellizco en lijar todas las aceras para que tuvieran más agarre.

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