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El carpintero que se jubiló como lutier

Este taustano unió sus conocimientos para trabajar la madera y su tiempo libre para fabricar instrumentos como la tarota, la dulzaina y la trompa de La Ribagorza.

Joaquín Cebamanos muestra uno de sus salterios o chicotén.
Joaquín Cebamanos muestra uno de sus salterios o chicotén.
N. Barceló

La llegada de su jubilación en la carpintería familiar y la afición de su hijo a la música tradicional llevaron a Joaquín Cebamanos al oficio de lutier. Hace ya siete años y para él ha sido una forma creativa de utilizar su tiempo libre y los conocimientos adquiridos durante toda una vida de trabajo en la madera.

"Hace más de 25 años que mi hijo Joaquín fue a un curso para construir instrumentos tradicionales, allí hizo su primera gaita de boto y su primera dulzaina y a mí ya entonces me picó el gusanillo pero hasta mi jubilación, hace siete años, no compré un torno para trabajar", dice este artesano. Para él, además, ha sido decisiva su relación con Tomás Díaz, que a lo largo de 30 años formó parte de los dulzaineros de Estella que acompañan el dance de Tauste. "Tomás es profesor en Navarra y él me fue introduciendo en la fabricación de las gaitas, las primeras no tienen nada que ver con la afinación y la calidad de las más recientes después de la dedicación y el trabajo de investigación que hemos hecho", cuenta.

Ha elegido construir instrumentos gallegos, catalanes y, sobre todo, navarros por la tradición existente en esta zona. "La gente está habituada al sonido de la dulzaina navarra, más brillante y potente, aunque quizás menos agradable que la aragonesa. Es nuestro sonido tradicional porque esa influencia se mantiene en este momento", añade este taustano.

"En Aragón hace ya 10 años que se han creado concursos para componer música para bailar los gigantes . Los Gaiteros de las Cinco Villas organizan uno patrocinado por la comarca que va por la sexta edición y que está teniendo muy buenos resultados con una treintena de compositores participantes", dice el lutier. "Eso enriquece el ambiente musical y también los instrumentos". "Nosotros fabricamos la tarota catalana, la dulzaina y la trompa de La Ribagorza", añade. Su afición le ha llevado a construir varios salterios. "Hemos perfeccionado los últimos y hemos hecho un instrumento más ligero, rebajando su peso a los tres kilos y mejorado la sonoridad", detalla Joaquín.

Para las gaitas utiliza el granadillo, una variedad del ébano que proporciona mejor sonoridad y calidad. Un bloque de esta madera tropical –para conseguir una pieza es de 36x6x6– tiene un precio de 60 euros. El boj también tiene calidad, pero es "una madera con mucho movimiento y las gaitas se deforman".

Es Joaquín, hijo, el encargado de la afinación: "Hay que tener un buen oído y es él quien se encarga de determinar si las notas están correctas", dice el padre. Una gaita de boto es su próximo reto. "Tenemos una prácticamente acabada, pero el clarín afina todas las notas menos una", cuenta. En la agenda tiene su participación el día 10 en la feria de Portugalete a la que acuden lutieres de todo el país. Joaquín hijo es profesor de dulzaina, gaita de boto y tamboril en la escuela de música de Ejea de los Caballeros. Hizo su primera dulzaina hace más de 25 años.

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