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Un pasacalles a tres bandas

El Casco Histórico de Zaragoza se llenó ayer de música y diversión con la actuación de algunos grupos teatrales que, de forma simultánea, recorrieron varias zonas para confluir en la plaza de San Bruno

Los grupos participaron en una gran fiesta en la plaza de San Bruno.
Un pasacalles a tres bandas
OLIVER DUCH

Tres pasacalles partieron ayer por la tarde al mismo tiempo de los barrios de San Pablo, la Madalena y el Rabal hasta confluir en la plaza de San Bruno, una forma divertida de unir el Casco Histórico de Zaragoza en torno a la música y a la ambientación teatral.

Desde la plaza de San Gregorio, en el Rabal, salió el primero de los grupos, seguido por numerosos niños acompañados de sus padres o abuelos. El espectáculo no dejaba a nadie indiferente, ya que los miembros del grupo Decúbito Supino atravesaron el Puente de Piedra realizando equilibrios acrobáticos sobre una gran pelota y una bovina de madera.

De manera simultánea, los integrantes de Teatro La Cosa y Samba de Prasha se dividieron para participar en los pasacalles que salieron desde la calle de San Pablo y de San Agustín. El objetivo: la plaza de San Bruno, junto a la del Pilar, que ayer a las 19.00, y aprovechando el buen tiempo, estaba llena de gente.

El público que esperaba en el punto de encuentro contemplaba los bailes de personajes de fábula cabalgando a lomos de un enorme pájaro o de un demonio sobre unos elásticos zancos. Unas danzas a ritmo de la contagiosa batucada. Poco a poco comenzaron a llegar los participantes en esta gran fiesta, llamada 'Ánimus', y que contó también con la actuación del grupo Lurte.

Así, el improvisado corro con el que el público recibió las cabalgatas se trasladó luego en torno al escenario instalado en la plaza, donde tuvieron lugar las distintas actuaciones que se prolongaron durante 45 minutos.

El espectáculo estuvo organizado por la oficina del Plan Integral del Casco Histórico y por la junta municipal. Ana Sanromán, coordinadora de la oficina, explicó que, con esta fiesta, «unimos de forma simbólica los tres barrios: La Madalena, San Pablo y Rabal». «Se trata -comentó- de llevar las actividades culturales a las calles y a las plazas para que la gente entre y conozca estas zonas que no son tan transitadas como otras». En opinión de Sanromán, «aquí hay vida, hay vecinos y hay cultura». Además, «es una oportunidad perfecta para que los ciudadanos vean el trabajo que hacen artistas y creadores de nuestra propia ciudad».

Una tarde muy movida

El público, además de disfrutar con el paso de los pasacalles y de la actuación en San Bruno, pudo también participar en las jornadas organizadas en el Arrabal en homenaje al Tío Lucas.

De hecho, el público que optó por seguir el itinerario del grupo de teatro desde San Gregorio pudo contemplar también los puestos de artesanía y alimentación instalados en la plaza de Rosario y, además, se encontró con un grupo de la Asociación Histórico Cultural de Voluntarios de Aragón, que se dirigía a la calle de Mariano Lucas (conocida como callejón del Tío Lucas) para ofrecer una retreta napoleónica, uno de los actos incluidos en el programa de las jornadas.

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