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Zaragoza

UTEBO

San Lamberto bien merece una sangría

Con más ambiente que en años anteriores, los vecinos poblaron la Plaza Constitución para ver (y oir) el chupinazo que marcó el inicio de las fiestas.

Los miembros de la peña El Cohete de Utebo sirvan sangría a los vecinos tras el chupinazo.
San Lamberto bien merece una sangría
LAURA URANGA

Tres cosas hay en Utebo que no hay en el mundo entero, la torre, la pesca del barbo y los buenos tomateros", reza un dicho popular pronunciado ayer durante el pregón de las fiestas del municipio zaragozano en honor de San Lamberto. El encargado de leer la frase, y el resto del discurso, fue Javier Jarreta, presidente de la peña La Gotera, organizadora del acto junto con la comisión de fiestas y el Ayuntamiento.

Minutos antes de su momento de gloria, Jarreta bromeaba con sus compañeros en el interior de la casa consistorial. Le habían dado permiso en el trabajo, y el resto de sus compadres están en el paro o se habían escaqueado de sus tareas. Jarreta apuraba un tubo de cerveza y disfrutaba de un pitillo, el último antes de salir al balcón. "Estoy acostumbrado a hablar en público, ya que estaba en una orquesta, pero puede que luego me tiemblen las manos", comentaba.

Mientras, la plaza de la Constitución empezaba a poblarse. Con la atronadora música pachanguera de fondo, unos niños colocados en primera fila se animaban a bailar. Entre los asistentes había gente de todas las edades, aunque los jóvenes y la chavalería ganaban por goleada. Con el ritmo de una de las canciones más populares de King África, 'artista' desaparecido en combate, esperaban ansiosos el chupinazo.

Al otro lado de la plaza, unos niños jugaban al fútbol, seguramente para olvidar el desastroso debut español en el Mundial. Y en la zona de veladores, varios ciudadanos observaban con atención al gentío relajados en sus sillas.

Poco después de las 19.00, los peñistas ocuparon su puesto en el balcón. La multitud no les perdía de vista. Primero pronunció unas palabras Manuel Fernández, concejal de Festejos. Abogó porque los vecinos olvidaran un poco la crisis que nos sacude y que lo pasaran bien. Horas antes, y en esa línea, el alcalde, el socialista Miguel Dalmau, indicó que las fiestas eran una oportunidad para que la gente "relajara un poco la cabeza" ante tanta mala noticia de índole económica. Tras su breve intervención, el edil pasó el micrófono al pregonero. Jarreta se mostró orgulloso de prender la mecha del chupinazo y finalizó su turno con el grito de guerra que se escucha estos días en la localidad: "¡Viva San Lamberto! ¡Viva Utebo!".

Y entonces llegó el chupinazo. Acto seguido, en medio de la algarabía, se escuchaban la charanga y unos petardos. Oficialmente ya había fiestas. Y rápidamente la multitud se abalanzó sobre las mesas donde la peña El Cohete servía sangría fresquita. Las palanganas albergaban 250 litros de la tradicional bebida. No obstante, había dudas de que hubiera para todos (más de uno repetía). "Haremos corto", apuntaba un peñista a otro. También daban palmeritas.

Hasta con muletas

Nadie quería perderse el inicio de las fiestas de San Lamberto. Muchos resaltaron que la afluencia de público era mayor que la de años anteriores. Alberto Velilla, uno de los asistentes, llevaba muletas por culpa de un esguince jugando al fútbol, lo que no le iba a impedir vibrar con sus amigos.

La comparsa de cabezudos con la charanga, un festival de jotas y un concierto de una agrupación musical precedieron a la discomóvil, el toro de ronda y la marcha en la carpa de peñas. La noche fue intensa. Y la farra continúa hasta el domingo.

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