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Zaragoza
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POLÉMICA

Casi nadie quiere silenciar el 'Bendita y alabada'

Ni lo último de Alejandro Sanz, ni las excentricidades de Lady Gaga. Ni siquiera las canciones candidatas a representar a España en Eurovisión.

 

El tema musical del momento en Zaragoza es la jaculatoria a la Virgen del Pilar (el 'Bendita y alabada' de toda la vida). Unos segundos musicales que no dejan indiferente a nadie: mientras unos -los menos- piden que se dejen de emitir por los altavoces de la basílica, otros -la gran mayoría- lo reivindican como una seña de identidad.

 

Todo empezó cuando, el pasado miércoles, el Movimiento Hacia un Estado Laico (MHUEL) presentó una instancia en el registro del Ayuntamiento para que el cántico, que suena diariamente a las 9.00, las 12.00 y las 20.00 por la plaza del Pilar y sus alrededores, deje de hacerlo. "Pero si la música da alegría", comentaba ayer Domingo Esteras a las puertas de la basílica; aunque la respuesta más generalizada entre las personas a las que se les preguntó fue un encogimiento de hombros y un "pero esto no hace daño a nadie, ¿no?".

 

Para Antonio Aramayona, de MHUEL, no es una cuestión de decibelios, ni de molestias. "Se trata de que el espacio público está por encima de cualquier institución privada. Todos los ciudadanos tienen el derecho a disponer de la calle en las mismas condiciones. Igual que tienen el derecho de manifestar sus confesiones religiosas dentro de sus templos". Una explicación con la que Aramayona quiso puntualizar que ellos no están contra la religión.

 

Aunque a los más devotos esto no les convence. "A mí me parece fatal, debería oírse más alto, y por más zonas de la ciudad", demandaba Toli García. "Es que en Zaragoza hay un sentimiento muy arraigado hacia la Virgen del Pilar y esto no es fácil", se defendía Aramayona.

La opinión de los vecinos

Otros ven en estos acordes un signo de identidad. "Es algo muy nuestro", comentó Mar Marpeig. "Si lo llevamos escuchando toda la vida...", añadió Alfonso Villanueva, que ahora está jubilado pero que durante años trabajó en un comercio de la calle de Alfonso I.

 

La idea ni siquiera convence a muchos vecinos, aquellos que casi pueden hacerle los coros a los infanticos desde sus casas. "Para mí es parte de nuestras raíces, y no podemos darles la espalda", afirmó Marisa Verde, presidenta de la asociación de vecinos Zaragoza Antigua.

Con ella coincide su compañero del colectivo 1808, Daniel Portero: "Yo no soy clerical ni anticlerical pero creo que éste es un símbolo que trasciende lo religioso. En nuestra asociación, en la que estamos juntas personas de todo tipo, nunca se habían cerrado filas en torno a un tema tan unánimemente como ahora." Y bromea: "Es lo que más nos identifica, pero a este paso acabaremos desmontando piedra por piedra el Pilar y trasladándolo a los Monegros para que no moleste a nadie".

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