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Columpios no, botellón sí

Un tobogán y un balancín son los únicos aparatos del parque de la glorieta del Esperanto desde que el Ayuntamiento quitara los demás, alegando que los cristales de las botellas eran peligrosos para los niños.

Alejandro Esteve solía llevar a su pequeño Daniel, de 4 años y medio a jugar al parque situado en la trasera del Hotel Boston, en la llamada glorieta del Esperanto. Viven en la avenida de Miguel Servet, pero el niño va al colegio Corazonistas y todos los días paraban en este lugar antes de ir a casa.

Pero un buen día, Alejandro y Daniel llegaron al parque y los dos columpios que había ya no estaban. "Pensé que los habrían quitado para reemplazarlos por otros, pero pasó el tiempo y no ponían unos nuevos", explica.

Con el buen tiempo, unos 10 niños, compañeros todos de clase, jugaban juntos cada día en el parque del Boston. Ahora, los padres han tenido que buscar otros espacios ya que aquí solo quedan un tobogán y un balancín, aparatos insuficientes para la demanda.

Alejandro tiene que ir o a la plaza de los Sitios o al parque de la calle de Lorenzo Pardo. Pero, sobre todo en el primer caso, la masificación hace imposible que los niños puedan divertirse. "Siempre tienes que estar pendiente de que el crío no esté mucho tiempo subido en el columpio o pidiendo a los demás padres que le dejen un rato más", asegura.

El pasado 29 de enero, Alejandro envió una carta al Ayuntamiento para informar de lo sucedido y pedir una explicación. "Les escribí no solo por la falta de aparatos de juego del parque, sino también por la ausencia de papeleras que hace imposible mantener el espacio limpio", explica.

Un mes después, el 26 de febrero recibió una carta de respuesta de la Junta Municipal Centro en la que decía lo siguiente: "Le informamos de que el motivo de la retirada de juegos infantiles en la glorieta del Esperanto fue provocada por la realización constante del botellón y el peligro que entraña para los niños la abundancia de cristales ya que es sumamente dificultoso la retirada continua de ellos".

A Alejandro esta contestación le sonó a broma. "Parece que estén dando prioridad al botellón que al parque. Contestarme que se preocupan por los niños y que por eso quitan los columpios no me parece lo correcto", denuncia. "La solución no es esa, sino limpiar los cristales antes de que lleguen los niños o no permitir el botellón en esa zona", añade.

Alejandro asegura también que no hay ni una sola papelera en todo el parque. "Antes había un bidón, pero ahora ni eso. Así es imposible mantenerlo limpio". Este asiduo usuario de los parques infantiles zaragozanos no quiere cargar contra el botellón y confía en que si hubiera papeleras, los jóvenes no dejarían todo tan sucio. "Los efectivos de limpieza podrían pasar por aquí más a menudo y la Policía controlar más la zona por la noche", plantea Alejandro como posibles soluciones.

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