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Teruel

patrimonio

Villalba Baja quiere aprovechar como reclamo turístico su laberinto de cuevas andalusíes

A las primeras cavidades, excavadas en el siglo XI, se sumaron otras posteriores hasta configurar un complejo con 50 bocas.

Cuevas Andalisies en Villalba Baja /2020-11-12/ Foto: Jorge Escudero[[[FOTOGRAFOS]]]
Rubén Sáez, a la izquierda, y Javier Ibáñez, en una de las cuevas más amplías y de uso más reciente.
Jorge Escudero

A pocos pasos de Villalba Baja, una pedanía de Teruel, el paisaje abarrancado y yesífero aparece salpicado de cavidades que recuerdan remotamente a los poblados troglodita de la Capadocia turca. Se trata de una red de cavidades excavadas por el hombre que se utilizaron como vivienda desde el siglo XI, durante el periodo andalusí, hasta la pasada Guerra Civil, aunque con intermitencias y con otros usos intermedios como bodegas y corrales. La alcaldesa pedánea, Belén Sandalias, se ha empeñado en reconvertir este pintoresco lugar en un atractivo turístico. El concejal de Espacio Municipalista, Zésar Corella, se ha sumado a la iniciativa al considerarla viable y de poco coste económico. El Ayuntamiento, de momento, no se ha pronunciado.

Las primeras cuevas, excavadas en los niveles más blandos de las laderas cercanas al pueblo, fueron utilizadas como viviendas por una comunidad islámica de una docena de familias, pero tras la reconquista cristiana las estancias subterráneas fueron ampliadas y su número se incremento hasta alcanzar el medio centenar de bocas actual. Los primeros habitantes andalusíes se instalaron a los pies de una torre fortificada que guardaba el camino que comunicaba Valencia con Zaragoza pasando por Teruel y a través del valle del río Alfambra.

El arqueólogo Javier Ibáñez y el historiador Rubén Sáez, que han investigado las cuevas, explican que fueron perforadas por los musulmanes y luego ampliadas e intercomunicadas en época cristiana hasta configurar el actual laberinto subterráneo. En la red de habitaciones se combinan pequeñas estancias de unos pocos metros cuadrados, con grandes salas de seis metros de altura y con dos plantas, como la cueva que fue utilizada como escuela y que ha sido la última en quedar desocupada. Su última utilidad fue como cuadra de caballos y se mantuvo hasta hace un par de años. Los excrementos del ganado todavía cubren el suelo. Otros espacios se usaron como cocinas, como evidencian las repisas y hornacinas excavadas en la roca madre y las paredes tiznadas de humo. Los dos investigadores están convencidos de que la excavación arqueológica de las cuevas más inaccesibles y, por lo tanto, menos transformadas podría aportar restos de interés.

Belén Sandalias afirma que las cuevas andalusíes tienen potencial como "atractivo para visitantes" y señala que en las últimas semanas, al divulgarse las primeras informaciones sobre la propuesta de aprovechar el enclave como reclamo turístico, se han sucedido las visitas. La alcaldesa pedánea señala que "todos los fines de semana" llegan curiosos para ver el lugar, a pesar del confinamiento que impide entrar o salir del término municipal de Teruel.

Cuevas Andalisies en Villalba Baja /2020-11-12/ Foto: Jorge Escudero[[[FOTOGRAFOS]]]
Las bocas de las cuevas se abren a una ladera cercana a Villalba Baja.
Jorge Escudero

Javier Ibáñez y Rubén Sáez destacan la facilidad con la que la red de cuevas se podría abrir al público y su cómodo acceso desde la cercana Villalba. Ibáñez señala que hay otros casos de cuevas andalusíes en el valle del Alfambra pero las de Villalba "se pueden visitar fácilmente y se podrían acondicionar con poca inversión". Bastaría con limpiarlas, señalizarlas e instalar algún panel informativo. El estado de conservación estructural es bueno porque la capa superior, que sirve de techo, es más dura que la excavada y no presenta fracturas.

La alcaldesa pedánea estima que con 4.000 euros se podrían abrir al público. Añade que la propiedad no sería un problema porque la gran mayoría de las cuevas son de titularidad pública a través de una sociedad de montes. Solo un par de oquedades son de propiedad privada, precisamente las pocas que tienen casas adosadas en estado ruinoso.

Rubén Sáez explica que, además del valor paisajístico y estructural de las cuevas, estas contienen infinidad de grabados y grafitis que abarcan desde el origen musulmán hasta el presente y que podrían aportar información valiosa sobre sus ocupantes. Una de las ocupaciones más intensivas en el periodo contemporáneo fue durante la Guerra Civil, cuando sirvió de refugio a familias de Villalba y Concud. De ese periodo es uno de los grabados mejor conservados y más elaborados: «Año 1938. Día 6 de enero», en plena batalla de Teruel.

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