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Teruel

tribunales

Expulsado del país por cultivar cannabis junto al Arquillo de Teruel

Un esloveno trabajaba en una masía donde la Guardia Civil encontró 2.000 plantas de marihuana en unas naves con luz y ventilación artificiales.

La entrada a la masía de Los Frailes, precintada tras la actuación policial.
La entrada a la masía de Los Frailes, precintada tras la actuación policial.
Jorge Escudero

Uno de los dos encargados de la plantación de cannabis desmantelada en julio de 2019 por la Guardia Civil en la masía de Los Frailes, cerca del pantano del Arquillo de Teruel, ha sido condenado por el Juzgado de lo Penal a 4,5 años de prisión por los delitos contra la salud pública, pertenencia a grupo criminal y tenencia ilícita de armas. La condena, aceptada por el acusado –D. K., de 32 años y nacionalidad eslovena–, ha sido sustituida por la expulsión del país y la prohibición de regresar en nueve años.

Según la sentencia de la jueza de lo Penal, el condenado formaba parte de un grupo de cuatro integrantes que puso en marcha una plantación para la producción y comercialización de marihuana de forma intensiva y a cubierto mediante aplicación de sistemas de ventilación e iluminación abastecidos de electricidad mediante generadores. Precisamente, fue el ruido continuado de los motores y el "fuerte olor a marihuana" que, según el fallo, se dispersaba por el entorno los que alertaron a la Guardia Civil de la posible existencia de la plantación ‘indoor’.

De los cuatro implicados en el cultivo de marihuana, dos están en paradero desconocido y otro, que compartía con D. K. el cuidado de las plantas, ya fue expulsado de España. El objetivo del grupo, que había alquilado la masía por 3.500 euros mensuales, era, según la sentencia, la "venta a gran escala" de la droga obtenida.

Cuando la Guardia Civil desmontó la plantación, localizó unas 2.000 plantas en distintas fases de crecimiento que suponían en total 31 kilos de cannabis con valor de 64.121 euros en el mercado clandestino. Fueron localizadas también dos pistolas.

La vigilancia policial constató que los dos hombres encargados de cuidar la plantación y que vivían en la masía apenas salían de la finca, salvo para aprovisionarse de alimentos y adquirir materiales y productos necesarios para el cultivo, que se llevaba a cabo en las naves anexas a la vivienda tras acondicionarlas y rodearlas de una valla de tela verde.

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