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Avelina, la aragonesa más longeva que ha superado el coronavirus: "¿Miedo? A mi edad ya no se teme a nada"

Nació hace 102 años en Villel y vive en la residencia de mayores de Los Paúles de Teruel.

Avelina Asensio, de 102 años, en el jardín de la residencia de Los Paúles, donde vive.
Avelina Asensio, de 102 años, en el jardín de la residencia de Los Paúles, donde vive.
Jorge Escudero

"Cuando me enteré de que tenía la enfermedad, no tuve miedo. Con tantos años, ya no le temes a nada. A veces pienso que ya se podría acordar el Señor de mí. ¿Por qué vivir tanto unos y otros tan poco?". Avelina Asensio, que cumplió 102 años en diciembre de 2019, habla con lucidez de su reciente dolencia por coronavirus sentada en el jardín de la residencia de Los Paúles de Teruel, donde vive. Superó el embate de la covid-19 sin grandes apuros. "Solo tuve un poco de tos y he perdido el hambre, pero ni me dio fiebre ni dolor de cabeza, ni de ninguna otra clase", cuenta.

Avelina, nacida en el seno de una familia campesina de El Campo, un barrio de Villel de 12 habitantes, recuerda que nunca fue a la escuela. Puede presumir de ser la persona más longeva de Aragón que ha superado la enfermedad de la covid-19, que se ceba, precisamente, con los más mayores –el 83% de los fallecidos en España tenían más de 74 años y el 67% de las víctimas mortales vivían en residencias–.

La anciana recuerda como los tragos más amargos de su vida "la Guerra Civil y el tiempo de los maquis", muy por delante de su convalecencia por el coronavirus, a la que no ha dado importancia hasta después de superarla. «Ahora veo que estuve en peligro, pero me he dado cuenta porque me lo dicen», explica.

Avelina se quedó viuda hace cuatro años, cuando a su marido le faltaban "15 meses para cumplir 100 años". Tuvo cuatro hijos, de los cuales siguen vivos dos, un varón y una mujer de 78 y 84 años, respectivamente. También tiene tres nietos y dos bisnietos de 23 y 26 años que residen en Valenciana. Su hija, de 84 años, vive con su esposo en la residencia de la tercera edad Javalambre, también en Teruel.

Recuerda que durante la Guerra Civil fue evacuada a Murcia con su hija de 13 meses en brazos, hasta que pudo regresar al Mas de Jacinto, en Castielfabib (Valencia), para vivir en la casa de un tío. Uno de sus recuerdos más traumáticos se remonta a la posguerra, cuando los maquis irrumpieron por dos veces en la casa de su familia y se llevaron la caballería de su padre y toda la comida que encontraron. "Se quedaron los jamones y el pan que acababa de cocer mi madre. No nos quedó ni para cenar", recuerda. Tras aquel incidente, la familia se trasladó a Villel y desde hace 37 años Avelina vive en Teruel.

Los duros años de la contienda de 1936-1939 y de la posguerra son, sin duda, su experiencia más dura. El episodio del coronavirus se ha quedado en poco más que una anécdota. Fue trasladada con otros 12 residentes contagiados al geriátrico de Cadrete (Zaragoza) que Vitalia –la empresa que gestiona el centro de Los Paúles– destina a infectados que no requieren de ingreso hospitalario. A las dos semanas estaba ya de vuelta. "Fui de las primeras en volver porque se me fue pronto", cuenta, satisfecha. Todavía quedan cuatro evacuados. "Ahora estoy preocupada por los que se quedaron en Zaragoza y, sobre todo, por una compañera a la que se le ha ido al cabeza", relata un tanto apesadumbrada.

Vitalia hizo pruebas PCR para detectar el coronavirus a la práctica totalidad de los residentes y trabajadores de Los Paúles al declararse la epidemia, lo que arrojó una veintena de positivos en total. Los ancianos fueron derivados al geriátrico de Cadrete para su recuperación y hasta que nuevos análisis confirmaran que habían quedado libres de la covid-19.

Avelina fue de las primeras cinco infectadas en dar negativo y regresar a Teruel. Pero, una vez de vuelta, ha permanecido 15 días en aislamiento, un plazo que vence el próximo lunes y que le permitirá volver a la vida rutinaria del centro, con la salvedad de la actividades grupales, que están suspendidas para evitar contagios. Podrá salir de la habitación y pasear por el jardín. Pero todavía tendrá que esperar para reanudar las partidas de guiñote, a las que es aficionada y que echa de menos porque le sirven para distraerse "un rato".

«La guerra, el maquis y esto»

La anciana tiene una curiosa explicación para su proverbial longevidad. "Cuando me tocaba irme, ‘al de arriba’ se le olvidó recogerme y ahora voy a seguir hasta que me vuelva a tocar", le gusta contar. De momento, ha demostrado que, con más de un siglo a las espaldas, se puede sobrevivir a la peor epidemia que ha sufrido el mundo en el siglo XXI. "He pasado la guerra, el maquis y ahora esto", resume.

A pesar de sus 102 años y de la complicada vivencia que acaba de dejar atrás, Avelina no descuida su aspecto físico. "¿Se me ve desdentada?", pregunta con una nota de coquetería antes de iniciar la entrevista. Tras la conversación, aprovecha que ha bajado al jardín para tomar un poco más el sol tibio de mayo.

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