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Una máquina para detectar alteraciones del equilibrio y prevenir caídas con sello turolense

El prototipo, ideado por un médico en el Obispo Polanco y materializado en la Escuela Politécnica, ha sido premiado por la Sociedad de Otorrinolaringología

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Carlos Medrano -de pie-, el profesor Raúl Igual -de negro- y los alumnos Erik Vanegas y Javier Martínez.
Jorge Escudero

Sensores, bluetooth, ordenadores y algoritmos al servicio de la salud y el bienestar de la población. Esta es la idea que ha guiado al otorrino Frank Alberto Betances y a la Escuela Universitaria Politécnica de Teruel (EUPT) a la hora de diseñar un prototipo de aparato capaz de detectar precozmente las alteraciones de la marcha y el equilibrio en las personas. Y ello con el objetivo de evitar las temidas caídas de los mayores, que pueden, incluso, conducirles a la muerte.

El trabajo, que cobra especial relevancia en una provincia como Teruel, con un alto índice de habitantes de más de 65 años de edad, ha sido premiado por la Sociedad Española de Otorrinolaringología en el último congreso español e iberoamericano en torno a esta especialidad médica que se celebró en Santiago de Compostela a principios de octubre.

Betances desarrolló su proyecto el año pasado, cuando ejercía en el hospital Obispo Polanco de Teruel –ahora trabaja en Galicia–. Este otorrino explica que, tradicionalmente, los métodos para diagnosticar trastornos del caminar y el equilibrio se basan en el ojo clínico del profesional sanitario para evaluar una serie de tareas que se le encomiendan al paciente. El nuevo aparato, aún en fase experimental de desarrollo, elimina la subjetividad y, además, analiza conjuntamente la marcha y el equilibrio, pues ahora se hace de forma separada.

El prototipo, que tomó forma en el laboratorio de Ingeniería Electrónica y Comunicación de la EUPT, consta de tres sensores que se colocan en los tobillos y en la parte baja de la espalda del paciente, que tiene que caminar y realizar movimientos con ellos. Los datos recogidos –número de pasos por segundo, velocidad, giros, altura a la que levantamos el pie o inclinación del tronco, entre otros– son enviados vía bluetooth a un ordenador que, mediante un programa informático que utiliza algoritmos, traduce los movimientos del cuerpo en buenos o malos.

Carlos Medrano, profesor del Departamento de Ingeniería Electrónica y Comunicación de la EUPT, explica que ahora habrá que probar el aparato con un mayor número de usuarios –las pruebas se realizaron solo con seis– para su validación definitiva. El paso siguiente será iniciar una colaboración con los médicos de hospitales y centros de salud con la finalidad de que los datos que arroja la máquina "les sean útiles de cara a un diagnóstico". Medrano destaca la labor del estudiante Víctor Rodríguez en el proyecto, quien desarrolló su tesis doctoral en Teruel con una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México, país en el que se encuentra ahora.

Como destaca Frank Alberto Betances, la finalidad última de la máquina es detectar cuanto antes y con la mayor objetividad posible los problemas a la hora de caminar de un paciente para derivarlo a programas de rehabilitación que retrasen el deterioro de la marcha y eviten las peligrosas caídas. Señala que todos, al hacernos mayores, desarrollamos estrategias para compensar el déficit de estabilidad, como acortar los pasos y desacelerar al caminar. Estas tácticas dan resultado al principio, "pero terminan fracasando si no se realiza un adecuado diagnóstico e intervención sobre las causas", dice Betances.

El otorrino explica que para 2050 se espera que cerca del 30% de la población española sea mayor de 65 años. Según subraya, una tercera parte de las personas que superan esta barrera de edad se cae por lo menos una vez al año y esta prevalencia se incrementa hasta el 50% cuando cumplen más de 69 años. "En Finlandia –resalta Betances– caer y tropezar fue la causa que más comunmente condujo a la muerte entre hombres y mujeres mayores en el año 2010".

No es la primera vez que el hospital Obispo Polanco y la EUPT colaboran en el diseño de herramientas de diagnóstico. Este mismo año, también de la mano de Frank Alberto Betances, ambos centros idearon unas ‘gafas Frenzel’, un dispositivo destinado a ayudar a los médicos a determinar la causa de los mareos y aplicar el tratamiento adecuado.

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