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Teruel

Un mercado para amantes del Medievo

Una interminable hilera de puestos de artesanía con veto a objetos modernos ha convertido a Teruel en un gran bazar del siglo XIII en el que hallar las cosas más curiosas.

Un artesano vende cuernos para beber o hacer ruido en la calle Yagüe de Salas.
Un artesano vende cuernos para beber o hacer ruido en la calle Yagüe de Salas.
Antonio García/Bykofoto

Los casi 300 puestos de productos artesanos que desde el pasado jueves se extienden de punta a punta de la ciudad no han escapado al rigor histórico que impera en la gran fiesta medieval en torno a los Amantes que vive Teruel. Telas, joyas y aromas que recuerdan siglos pasados salen al encuentro del visitante entre casetas decoradas con banderines y mercaderes ataviados como para rodar una película sobre el feudalismo europeo.

No se venden relojes, ropa actual, menaje de plástico, herramientas de bricolaje o juguetes con pilas. Tampoco pequeños electrodomésticos. Nada de eso existía hace 800 años, cuando Isabel y Diego se juraron amor eterno, y en el mercado medieval de Teruel, tampoco. "Queremos una ambientación acorde con la fiesta; por eso damos preferencia a la artesanía y exigimos a los vendedores un atuendo adecuado", explicaba este viernes Luis Hernando, miembro de la Fundación Bodas de Isabel –entidad organizadora de la recreación– y encargado de vigilar el cumplimiento de las normas.

Un puesto en la zona del Ensanche durante los cuatro días de inmersión histórica cuesta alrededor de 400 euros, una cuantía que puede alcanzar los 600 euros en la calle de San Juan, verdadera ‘milla de oro’ del Teruel medieval. Con todo, los vendedores repiten año tras año por considerar que se trata de uno de los mejores mercados de época de todo el país.

Es el caso de Manuel Oliveira, un portugués que vende cuernos "para beber o para hacer ruido", y que lleva 20 años montando su escaparate en la calle de José Torán. "Ya no es como antes, pero aún así, me sale a cuenta venir a Teruel", asegura mientras saca brillo a su mercancía.

También añora épocas más rentables Julio Vozmediano. Rodeado de ropa de la India y Nepal, este cántabro que viaja cada febrero a Teruel desde que arrancaron Las Bodas de Isabel de Segura opina que "cada vez hay más competencia". Explica, además, que cuando surgió en España la "moda" de los mercados medievales, hace 30 años, "éramos todos gente ‘alternativa’ y ahora hay comerciantes de todo tipo".

No es fácil ser vendedor en un mercado medieval. Jorgelina Páez, que trae desde Gandía (Valencia) barquillos y almendras garrapiñadas, dice que "se pasa mucho frío y hay que estar detrás del mostrador de diez de la mañana a diez de la noche, para aprovechar bien el fin de semana". Muchos de los comerciantes pasan la noche en sus furgonetas, mientras que otros reservan habitación en hotel.

La mayoría de ellos acuden a una feria tras otra durante todo el año, como hace Nadia Errekyna con su cargamento de artesanía de Jerusalén. Entre un sinfín de figuras de iconografía cristiana, esta vendedora asegura que no viene a Teruel solo por motivos económicos sino también por contribuir a poner en valor la "magnífica" ambientación que se logra en esta ciudad.

La industria artesana aragonesa también está presente en este gran zoco medieval. José Antonio Ayuso, de Zaragoza, que fabrica juguetes de madera, reclama "más promoción" para el mercado mientras que María, que se afana en envasar piezas de queso elaborado en Aguilar del Alfambra se muestra satisfecha de participar "en un mercado tan bonito".

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