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Olba promueve la recuperación de cultivos en tierras yermas para evitar incendios

La Asociación Mijares Vivo estudia poner en marcha un proyecto para la cesión de fincas.

Poza junto al puente de El Cantal, muy frecuentada por bañistas, con numerosas ramas caídas.
Poza junto al puente de El Cantal, muy frecuentada por bañistas, con numerosas ramas caídas.
J. M. G.

El Ayuntamiento de Olba y el colectivo Mijares Vivo estudian poner en marcha un proyecto de recuperación de los cultivos en las tierras yermas de la localidad con objeto de impulsar un recurso sostenible y al mismo tiempo acondicionar una barrera natural que frene los incendios forestales en una zona de alto riesgo.

La idea persigue acogerse a una intervención de la denominada custodia del territorio, una figura que consiste en la cesión temporal de las tierras por parte de sus propietarios para reactivar su explotación. Tanto la Asociación como la Corporación municipal pretenden mantener en breve encuentros con los titulares de tierras, la mayoría residentes fuera de la localidad, para dar a conocer el proyecto y posibilitar esta iniciativa.

José Manuel González, miembro de Mijares Vivo, señaló que la habilitación de un banco de tierras, un registro en el que consten las parcelas que se aportan para fomentar su explotación, generalmente agroecológica, ha sido promovida en dos ocasiones, pero sin resultado."Esperemos que esta vez sea la vencida", subrayó. Según dijo, uno de los primeros pasos a seguir será la configuración de una fórmula para que los propietarios de los campos lleguen a acuerdos y permitan la cesión por un tiempo determinado, que podría ser de diez años, de sus terrenos a personas interesada en su aprovechamiento. Es el plazo mínimo para que las plantaciones, sobre todo arbóreas, puedan ofrecer rendimientos. González confía en que las administraciones autonómica y provincial también colaboren en el plan para que los campos de Olba y sus barrios vuelvan a tener actividad.

Se estima que más del 90% de las tierras del valle permanecen inactivas por el considerable proceso migratorio que sufrió la población en los años sesenta y setenta del siglo pasado, principalmente, hacia Barcelona. Se trata de minifundios que se utilizaban para el autoabastecimiento de los vecinos, y en algunos casos, para el comercio de proximidad. Se suministraba de frutas y vegetales a la mayoria de los pueblos del entorno.

La densa masa forestal que circunda la localidad, con la presencia este año de ramas y árboles derribados por la intensa nevada del invierno, convierten a la zona en un auténtico polvorín en caso de que se produzca un conato de incendio, como ya se demostró el año pasado. Recientemente, se registró fuego en los Giles, pero rápidamente fue sofocado. No obstante, José Manuel González sostiene que el riesgo persiste y para evitar que un valle con una biodiversidad tan rica pueda desaparecer por las llamas es preciso adoptar medidas preventivas.

Las huertas, sobre todo con las jugosas y frescas ramas de los árboles frutales, así como las acequias, conforman, según explicaba González, una barrera impresionante contra los incendios."Los árboles –insistió– son los que pueden frenar el avance del fuego".

La localidad de Olba ha experimentado un considerable impulso demográfico en los últimos años con el asentamiento de nuevos pobladores que han permitido, entre otras cuestiones, mantener abierto el colegio con una veintena de niños. Aún así, González cree oportuno que se produzca un "efecto llamada" para interesar a personas en este proyecto. Sostiene que el microclima del municipio es proclive a cultivos de variedades autóctonas, con un potencial mercado de proximidad, sobre todo, de productos ecológicos.

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