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Teruel

La piedra de Villalba Baja, de moda

Es tan conocida en la provincia como fuera de ella. El travertino de esta pedanía turolense viste importantes obras públicas y privadas por toda la geografía española.

Roca de Teruel en la restauración del teatro romano de Sagunto.
Roca de Teruel en la restauración del teatro romano de Sagunto.
Heraldo

Además de únicos e interesantes fósiles de dinosaurios, el suelo de Teruel y su entorno guarda una materia prima de gran riqueza. Allí, junto al río Alfambra, entre el Mioceno y el Cuaternario, mucho después de que se hubieran extinguido los grandes saurios que se han convertido en símbolo de Teruel, se formó una roca caliza que ahora, extraída y transformada por empresas, tiene cada vez más demanda en el mundo de la construcción.

Una de las canteras más conocida es la que se explota desde hace al menos 30 años en Villalba Baja, una pedanía de Teruel con apenas 200 habitantes. Su roca travertina de color beig se ha utilizado en la pavimentación del puerto de Cartagena (Murcia) y en la remodelación del teatro romano de Sagunto. También los ciudadanos y turistas que visitan el Centro Histórico de Valencia pueden presumir de pisar piedra de Villalba Baja. ´

Zaragoza y la propia capital turolense no se han quedado atrás. La nueva delegación de Hacienda de la capital aragonesa ha recurrido a este tipo de roca mientras que en Teruel, la fachada del centro de salud del Ensanche, el edificio de Correos, el Mausoleo de los Amantes, la Glorieta, el hotel Ciudad de Teruel y los exteriores de Dinópolis y el Palacio de Exposiciones se han hecho con piedra de este pequeño núcleo de población.

El alcalde pedáneo de Villalba Baja, Lucinio Hernández, se muestra satisfecho por el hecho de que el nombre del pueblo viaje por todas partes. Por otro lado, uno de los trabajadores de la cantera se ha instalado con su familia en este pequeño núcleo de población a 10 kilómetros de la capital turolense, un claro síntoma, a juicio de Hernández, "de recuperación demográfica". Además, la mejora de caminos rurales, la pavimentación de calles y la construcción de edificios públicos, como el pabellón polideportivo, se acometen con fondos que la explotación, a cargo de la empresa turolense Mármoles Llorens, deja en el pueblo mediante licencias y cánones. "Estamos contentos, el pueblo obtiene beneficios", asegura el regidor.

Rafael Moneo

La empresa explota otras dos canteras en la zona, una en el paraje conocido como Los Baños, donde se extrae travertino de color marrón, y una más en Tortajada –otra pedanía turolense–, de la que se obtiene piedra caliza de color ocre. Con este último material, precisamente, se ha revestido el lujoso hotel Petronila de Zaragoza, una de las obras que más enorgullecen al gerente de la industria, Javier Llorens, quien relata con emoción que fue el prestigioso arquitecto Rafael Moneo –autor del diseño del edificio– quien eligió la caliza ocre de Tortajada para su trabajo. "Vino personalmente a ver la cantera de Tortajada y el proceso de extracción", recuerda el empresario.

La pavimentación de la plaza del Ayuntamiento de Catarroja (Valencia), los exteriores del parque tecnológico de Móstoles (Madrid) o un centro comercial en Toledo son otras de las obras que han demandado para su construcción la piedra natural del entorno de la capital mudéjar.

Para Javier Llorens, la resistencia que ofrece esta roca al frío y el hielo invernales así como a los bruscos cambios de temperatura, características propias todas ellas del clima turolense, son el principal valor de esta materia prima. No obstante, el empresario opina que también es "la relación calidad-precio y la promoción que se realiza del material", lo que ha llevado a la piedra turolense a hacerse un hueco en el mercado dentro y fuera de sus fronteras. "La piedra natural se ha convertido en un importante recurso para el territorio", explica Llorens, con 22 empleados en su empresa, en la que no solo se extrae la roca sino que también se transforma.

No es la única industria que explota la piedra natural en la provincia de Teruel. En Blancas, en la comarca del Jiloca, Mármoles Ferrer extrae desde hace dos décadas caliza con la que, entre otros edificios, se ha decorado el centro de interpretación del acueducto romano de Gea de Albarracín. "Atravesamos un buen momento en la industria. La crisis supuso un parón, pero ahora vuelve a haber demanda", explica María del Carmen Ferrer, responsable de la empresa.

Distribuidas por las comarcas de Gúdar-Javalambre, Maestrazgo, Cuencas Mineras y Bajo Aragón, existen una treintena más de canteras de las que se obtiene piedra natural dedicada a la ornamentación en la construcción. Al ser transformada la materia prima en el propio territorio, el valor añadido se queda en Teruel.

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