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Teruel

BARRERAS ARQUITECTÓNICAS

Casi todos los comercios, inaccesibles para discapacitados que van en silla de ruedas

La mayoría de los establecimientos tienen un escalón a la entrada imposible de salvar sin ayuda. Los vendedores reclaman que la administración colabore para adaptar sus locales.

Valorará la accesibilidad universal de los edificios, imagen de archivo.
Casi todos los comercios, inaccesibles para discapacitados que van en silla de ruedas
ANTONIO GARCíA

Salvo contadas excepciones, los comercios de la capital turolense suspenden en accesibilidad. Prácticamente todos tienen un pequeño escalón a la entrada que impide a los discapacitados que se desplazan en silla de ruedas pasar por la puerta y comprar como cualquier otro cliente, a no ser que vayan acompañados de una persona que les ayude en la operación.

La situación ha sido denunciada por la Asociación de Discapacitados Nuevo Día, que ha recibido "montones" de quejas de afectados en los últimos meses. En ellas se deja constancia de que, mientras en la ciudad se han eliminado recientemente muchas barreras arquitectónicas -bordillos elevados o escaleras-, al igual que ha ocurrido con los edificios públicos, los comercios no han evolucionado a la par.

"Los discapacitados no pueden hacer una vida normal en Teruel; tienen problemas hasta para comprar una barra de pan o realizar gestiones en el banco. En el mejor de los casos, se encuentran con una rampa suicida que mejor no utilizar", criticaron desde Nuevo Día. La asociación ha remitido cartas al Ayuntamiento y se ha dirigido personalmente a los comerciantes en busca de una solución.

Tomar conciencia

A título particular, una vecina de Teruel, Pilar Rizo, que utiliza una silla de ruedas eléctrica para sus desplazamientos por la ciudad, señaló que el problema se extiende a bares y restaurantes. "Los empresarios, en general, no toman conciencia de que hay un sector importante de la sociedad con los mismos derechos que el resto y de que con un pequeño gesto, sin apenas obra de reforma en sus establecimientos, se nos facilitarían mucho las cosas", indicó.

Rizo explicó que está obligada a comprar siempre el pan en un supermercado por no poder entrar en las panaderías de su barrio y que, asimismo, solo sale de copas con sus amigos cuando estos insisten mucho, ya que, en la gran mayoría de los casos, tiene que entrar a bares y restaurantes con la ayuda de cuatro personas, que levantan en el aire su silla de ruedas.

El gerente del Centro Comercial Abierto (CCA) de Teruel -que aglutina a los establecimientos del Casco Histórico-, Rodolfo Pangua, admitió que quienes reclaman por la existencia de barreras arquitectónicas en los comercios de la capital turolense "tienen razón". Pangua aclaró que no se trata solo del escalón que hay a la entrada sino que, en muchos casos, los locales aprovechan sótanos o varios pisos de inmuebles de escasa superficie en los que resulta muy difícil eliminar los obstáculos, puesto que un ascensor resta mucho espacio de venta. "Hay mucho por hacer", reconoció.

No obstante, a favor de los comerciantes, Rodolfo Pangua esgrimió que las ayudas del Gobierno aragonés para la eliminación de barreras arquitectónicas "son muy escasas, solo de hasta un 30% y a partir de una inversión cuantiosa".

Pangua explicó que no siempre es viable eliminar el escalón de entrada, pues sin él, en algunos sitios, la inclinación de las aceras dejaría los comercios a merced del agua de lluvia. En este sentido subrayó que, en aquellos espacios urbanos remodelados recientemente, el CCA habló con las constructoras para que el pavimento tuviera el nivel adecuado y los locales quedaran protegidos del agua sin necesidad de levantar un peldaño en el acceso.

El CCA pide que a nivel estatal se creen líneas de ayudas que permitan eliminar barreras sin un elevado coste para el comerciante. "El panorama económico es ahora muy complejo", dijo Pangua.

Recorrido. Un paseo por la zona del Ensanche, donde se encuentran los edificios más modernos de Teruel, pone de relieve las barreras arquitectónicas que, sin embargo, existen en muchos bares, restaurantes y establecimientos comerciales. Pilar Rizo, que ha conseguido su autonomía "personal y psicológica" gracias a una silla de ruedas eléctrica, recorre algunos de los puntos que ella frecuenta. "El día a día es muy duro", se lamenta. "Estoy cansada de pedir que quiten el escalón", dice.

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