Aragón

VIDA Y PROYECTOS

"Le ofrezco una cerveza artesana, mudéjar y ecológica"

HERALDO inicia hoy una serie de entrevistas con aragoneses que, pese a la coyuntura económica, han conseguido sobreponerse a las dificultades. Donde otros ven crisis, ellos ven oportunidades.Uno de ellos es Alejandro Bes que, tras un largo periplo porel mundo, se ha afincado en Gea de Albarracín donde produce cervezas artesanas

El día 3 de noviembre de 2008 Alejandro y su mujer, Antonia, salieron con su furgoneta desde Gea de Albarracín para empezar a vender su producto. Unas cervezas ecológicas con etiquetas hechas, como quien dice, a mano. Era su primera producción, después de años de un largo periplo por el mundo para aprender la técnica con maestros cerveceros de Cuba, México, Estados Unidos o Argentina. Esa mañana de noviembre, Alejandro se paró en el establecimiento de Aragonia en Calamocha. Fue su primera venta y la plasmación de que la ilusión, el esfuerzo, las depresiones, el deambular por entidades bancarias, el papeleo, el aprendizaje y el riesgo podían empezar a dar sus frutos. La pareja lo había dejado todo para cumplir una ilusión. El sueño empezaba a cumplirse en aquellas carreteras turolenses. El boca a boca era fundamental. "Buenos días - le dice al encargado de Aragonia- vengo de 'Cerveza artesano-mudéjar'. Le ofrezco esta cerveza ecológica y artesana". Alejandro tiene su premio con la venta de una caja. "Me alegran la mañana -dice- porque entonces ya no tenía ni para gasolina". Y así, paradas en Báguena, Burbáguena, Daroca y Zaragoza. En todos los sitios que entró le compraron hasta agotar la producción almacenada.

 

Alejandro, que tiene ahora 33 años, empezó a trabajar a los 16. Desde entonces no ha dejado de pensar en proyectos. Compaginó los estudios de Bachillerato con el aprendizaje en la fontanería, tarea a la que se dedicó hasta hacer la mili. Tras volver del Servicio Militar se incorporó en una multinacional de suministros industriales. No le entusiasmaba mucho y quería progresar. Empezó de almacenista y al poco tiempo era jefe de compras. El sueldo era bueno. Pero una triste anécdota fue la espoleta para decidirse a cambiar. Su mujer tuvo un serio problema de salud. La respuesta de su jefe ante la explicación de Alejandro no se encuadró siquiera en las más mínimas normas de educación. Y por supuesto ni de sensibilidad humana.

 

Así que este zaragozano y su mujer, afincados ahora en Gea de Albarracín, lo dejaron todo. Con el dinero obtenido de la venta de su piso, su coche y los pequeños ahorros se dedicaron a viajar durante tres años por el mundo. Un objetivo claro: visitar fábricas de cerveza artesanales para ver, investigar y aprender las técnicas. Después del largo periplo, su intención era instalarse en Aragón. Y desde octubre del pasado año han puesto en marcha una fábrica artesanal de cervezas, allí junto al acueducto que pasa por Gea de Albarracín, en una tarea que compaginan con Justo, maestro cervecero venido de La Patagonia, y Patricio, llegado de Chile. "La afición me viene - dice Alejandro- de mi padre que hacía su vino de 18 grados y su cerveza, en Ardisa, pueblo al que iba en vacaciones".

 

Su viaje por el mundo empezó en Bélgica. "Me encontré -dice- con el problema de todos los españoles, la falta de idiomas". Aprendieron poco y decidieron saltar el Charco. Con maletas repletas de medicamentos y con una idea muy distinta del 'Paraíso socialista' de la que luego tuvieron, desembarcaron en Cuba para trabajar gratis en una cervecera. Fue tal la angustia de verse siempre controlados que solo estuvieron en la isla unos meses.

 

En la aventura se fueron a Méjico, donde trabajaron en la fábrica 'Corona'. "Era muy grande y el maestro cervecero estaba en una sala de ordenadores. No aprendíamos mucho. Éramos dos tipos raros y la gente se preguntaba ¿qué hacía un pareja de gachupines? ¿Serán competencia? ¿Nos querrán copiar? ¿Qué querrán aprender?", rememora Alejandro. Un año, y luego a Estados Unidos de ilegales. En el periplo, descendieron hasta Buenos Aires. Y siempre la misma pregunta ¿Qué hacen dos gallegos locos con mochila? El bautizo argentino llegó con una fábrica, 'La Araucana'. Y después a El Bolsón, que meses antes les había negado el acceso. Tras un periplo por Chile, Paraguay y Bolivía, en 2007 empiezan a soñar con volver a Aragón. Buscaron por interne hasta que localizaron las instalaciones de Gea.

 

Era mayo de 2007. Y ahora se enfrentaban a una nueva batalla. La de conseguir financiación. El director del banco no veía muy claro el proyecto. Alejandro tenía además de su capital de 120.000 euros, su bagaje de aprendizaje autodidacta no obtenido en ningún curso del INFAME, el apoyo de la familia y su espíritu entre aventurero y emprendedor en un proyecto innovador. Tras ir de ventanilla a ventanilla, Alejandro consigue finalmente, en el otoño de 2008, 95.000 euros de los 200.000 que hubiera necesitado. Su familia responde como avalista. Pero cuando logra una subvención del 25% del programa europeo, en la comarca le piden un aval que de momento no puede satisfacer.

 

Hasta otoño de 2008 no tiene la autorización. Suerte que en la temporada estival, abrió el bar tienda, en los locales alquilados, que sigue estando operativo, lo que alivia de las tensiones. Esta falta de recursos, le obliga a agudizar la imaginación y hacer de manera artesanal una envasadora, una etiquetada y otro tipo de maquinaria. Ahora, quiere patentar un barril que ha diseñado. Empiezan a trabajar en octubre con 1.000 litros, que ahora se han convertido en 12.000 y, dentro de nada, 20.000.

 

Alejandro prefiere ir poco a poco y no meterse en nuevas inversiones, porque es necesario consolidar lo que tiene y respirar algo después de tanto apuro. Ha conseguido realizar un sueño pero sabe que para lograrlo requiere trabajo, seriedad y planificación por muy aventurero que se sea. Asegura que le han hecho ofertas para quedarse con su fábrica. Pero ahora quiere ver el fruto y contar con una producción que le permita contar con ocho trabajadores. Las ideas hierven en su cabeza, como las que en su día le nacieron para hacer cerveza picante o con sabor a frambuesa o chocolate. En la pared de la antesala de la fábrica, los alumnos de la escuela han pintado un mural explicando el proceso de fabricación con la malta como materia prima. Es una muestra de que ya está integrado en la población.

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