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Explotación sexual

La trata de mujeres, una lacra escondida pero cercana de la que hay salida

La directora de APIP, Patricia Urzola, insiste en que existen recursos y entidades que van a ayudar a las víctimas a encontrar una nueva vida y que incluso pueden actuar para proteger a sus familias.

La trata de mujeres con fines sexuales es una lacra escondida que tiene lugar mucho más cerca de lo que podría imaginarse, quizá en el portal de al lado, pero muchas entidades sociales luchan, con pocos recursos, para demostrar a estas mujeres que tienen futuro si buscan y encuentran la salida.

Hoy se celebra el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición contra el Tráfico de Personas de Dhaka (Bangladesh) en enero de 1999, que escogió el 23 de septiembre en homenaje a la primera norma legal que se promulgó en el mundo contra la prostitución infantil, en Argentina en 1913.

En todo el mundo, este "negocio", el tercero "clandestino" más lucrativo tras el tráfico de drogas y el de armas, mueve 31.000 millones de dólares al año.

En España, unas 50.000 personas son víctimas de la trata de mujeres al año, y un 80% son inmigrantes.

En Aragón este fenómeno está implantado "de forma análoga" al resto de España, según ha explicado la directora del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM), María Pilar Argente, pero no es fácil obtener datos fiables sobre su verdadero alcance, por su carácter clandestino y porque las mujeres son confinadas en clubes alejados y por su propio miedo.

Las dimensiones del problema en Aragón, agrega Argente, son por tanto "preocupantes", por el número de casos pero también porque se trata "de una de las más escandalosas formas de reducir a la mujer a simple mercancía y una de las manifestaciones más crueles de desigualdad".

El IAM, que pone a disposición de las víctimas el número de teléfono gratuito 900 504 405, trabaja para ofrecer asistencia multidisciplinar a las mujeres que le piden ayuda y su directora asegura que quieren mejorar la coordinación entre administraciones y con las entidades sociales que se dedican a estos asuntos.

Patricia Urzola es la directora de la Asociación para la Promoción y la Inserción Profesional (APIP), una entidad que trabaja mano a mano con las prostitutas, en la calle o en los clubes de Zaragoza, y que ofrece asesoramiento laboral, casas de acogida y ayuda con los trámites administrativos.

Patricia y su equipo salen cuatro o cinco noches a la semana a visitar clubes y pisos en los que trabajan mujeres a veces en condiciones infrahumanas.

Pero esto es "la punta del iceberg", afirma Urzola. "Desconocemos la cantidad de casos que puede haber detrás de las cortinas de muchos clubes", lamenta.

Como experiencia personal a Patricia le marcó el caso de una chica nigeriana que fue secuestrada de niña y que fue dando tumbos por diferentes países hasta recalar en Zaragoza.

La chica llegó a provocarse un aborto y cuando APIP comenzó su intervención estaba ingresada en el hospital en unas condiciones deplorables, tanto físicas como psicológicas.

Se tiende a pensar, según Erika Chueca, trabajadora social de Médicos del Mundo, que éste es un problema lejano, pero la realidad es que puede estar sucediendo "en la puerta de al lado", y su propia condición de fenómeno "escondido" hace que no haya apenas recursos especializados para luchar contra este delito.

Víctimas aterrorizadas

Más del 90% de las prostitutas están explotadas y en la mayoría de los casos ejercen su oficio de forma obligada por

mafias o redes criminales, pero en otros por las circunstancias personales o por su propia condición de marginalidad, como lo aseguran tanto Urzola como Cristina Sola, del área de la Mujer de UGT-Aragón.

La situación irregular de estas mujeres en España y el miedo de que atenten contra sus familias en sus países de origen las paraliza y les impide denunciar que son forzadas a traficar con su cuerpo para pagar "deudas" ficticias.

Chueca afirma que una víctima de la trata "no tiene por qué estar atada", pero sí tan aterrorizada que es imposible que denuncie su situación y, además, muchas ni siquiera son conscientes de que están siendo explotadas.

La crisis y la feminización de la pobreza son otros factores que han llevado a detectar un incremento de esta actividad, e incluso en el caso de las mujeres que la ejercen "voluntariamente" se detecta un componente de obligatoriedad, porque muchas de ellas no tienen ninguna posibilidad real de acceder a otras ocupaciones por su nula formación, que es otra forma de desigualdad.

Entidades de apoyo

Pero Urzola insiste en lanzar un mensaje "positivo", puesto que si realmente se desea salir de esta espiral, es posible, y las mujeres deben de saber que existen recursos y entidades que las van a ayudar a encontrar una nueva vida y que incluso pueden actuar para proteger a sus familias.

En Aragón funciona la Mesa de la Prostitución, de la que forman parte UGT y Médicos del Mundo junto con Cáritas, CC.OO., Comité Antisida, Cruz Blanca y SOS Racismo, que ponen en común sus recursos para posibilitar una atención integral a estas mujeres.

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