Aragón

INVESTIGACIÓN

La Policía Científica trata de confirmar ahora que fue una vela la que desencadenó las llamas

Cuando rescataban a los niños del fuego, los familiares escucharon decir a sus padres que se había caído la candela que estaba encendida.

Pasaban 35 minutos de la medianoche cuando la centralita de los Bomberos recibía la primera llamada de auxilio. Al otro lado del teléfono, una mujer trataba de serenar los nervios para relatar la tragedia que se vivía en el asentamiento chabolista situado al final del camino del Vado, junto al Río Gállego. Una caravana era pasto de las llamas con una familia entera en su interior: un joven de 25 años, su mujer, de 23 y embarazada, y sus cinco hijos. "¿No hay nadie que pueda ir sacando a esta gente hasta que lleguemos?", le preguntaba inquieto el operador del 080. "Hay muchas llamas, es imposible", le contestaban.

Todo sucedió en cuestión de minutos. Sin embargo, la Policía Científica necesitará algún tiempo para ver si es buena la versión de los testigos, que oyeron decir a los padres de los niños que se cayó una vela encendida cuando dormían. La investigación se puso en marcha en cuanto se extinguieron las llamas, pero los especialistas de la Jefatura Superior continuaron buscando pruebas durante toda la mañana de ayer.

Ninguna de las familias instaladas en este paraje de Vadorrey, a unos cien metros de las vías del tren, dispone de luz eléctrica. Por ello, parece prácticamente descartado el cortocircuito. "Estuvimos un tiempo enganchados, pero hace ya mucho tiempo que nos quitaron el suministro", explicaba un hombre la noche del incendio. Aunque las víctimas del suceso ocupaban una de las dos caravanas del asentamiento, el resto de 'vecinos' viven en chabolas y cobertizos. De casi todos ellos asoman las chimeneas de las estufas que utilizan para calentarse en invierno. Y como junto al remolque donde dormían los niños y sus padres había una de estas casetas, los investigadores no se atreven a descartar todavía ninguna hipótesis sobre el origen de las llamas.

El techo cayó encima de la niña

El padre de los pequeños y un tío de este se encargaron de sacar a los cinco menores de la caravana, que quedó reducida a un montón de hierros y plásticos ennegrecidos. Cuando llegaron los Bomberos al asentamiento, abriéndose paso por un camino de tierra, sin iluminación y plagado de baches, dentro del remolque quedaba ya solo una niña. "Habían sacado ya a cuatro, pero cuando volvieron a por una de las pequeñas, se les cayó el techo del remolque encima", explicaban los familiares la noche del suceso, mientras intentaban calmar a los desconsolados abuelos, que también están instalados en el campamento.

Lo primero que hicieron los equipos de extinción -se movilizaron tres bombas, dos vehículos de mando y una uvimóvil- fue intentar rescatar a la niña. Pero al levantar los restos de la cubierta de la caravana, se encontraron con su cadáver calcinado. Yacía sobre la cama donde le sorprendió el fuego durmiendo. Confirmada la muerte de la menor, y pese a que les habían dicho que no quedaba nadie más dentro, los bomberos se dedicaron a despejar la zona por si aparecía alguna otra víctima.

Finalmente, la ambulancia del 080 evacuó a los heridos más graves: una niña de 18 meses y su hermano, de 8. Les acompañó su madre, Lourdes Giménez, embarazada de ocho meses. Aunque esta última no sufrió quemaduras graves, tuvo que ser asistida de una crisis de ansiedad.

Cuando llegaron las ambulancias del 061, se trasladó también al cabeza de familia, Pedro Santos Giménez, y a su tío, Diego Giménez, de 45 años. "El padre estaba sedado y mi marido está muy afectado, porque no pudieron sacar a la chica", explicaba ayer en el campamento Luisa Giménez, esposa del último. "Está también quemadico, sobre todo las manos", añadía.

La mujer y su esposo no viven en el asentamiento de Vadorrey, pero sí una de sus hijas. Y Diego Giménez había acudido el lunes por la tarde a hacerles una visita. "Estaban en su casa cuando oyeron los gritos de la madre de los chicos en la caravana del fondo. Mi marido salió fuera y vio las llamas, por lo que se fue corriendo a ayudarles", indicaba Luisa.

Dos niñas ilesas

De los cinco hijos del matrimonio, solo dos resultaron ilesos. Según explicaban ayer los familiares, se trata de dos niñas, de tres y seis años, respectivamente, que han quedado bajo la tutela de sus abuelos paternos. Ante la imposibilidad de estos de desplazarse por sus propios medios a los hospitales donde estaban ingresados sus seres queridos, una patrulla del 091 se ofreció a llevarles de madrugada.

El dispositivo policial se retiró de la zona sobre las 2.50, después de que el juez de guardia ordenara el levantamiento del cuerpo de sin vida de Alegría. La Hermandad de la Sangre de Cristo se encargo de trasladarlo al Instituto de Medicina Legal de Aragón, donde ayer por la mañana se le practicó la autopsia. De momento, nada se sabe sobre la fecha o el lugar del funeral.

La noche del incendio apenas se distinguían las chabolas y cobertizos del asentamiento. Tan solo los focos utilizados por los Bomberos y la Policía Científica permitían adivinar alguna construcción. Con la luz del día, el campamento se mostraba ayer en toda su crudeza. Casetas de tochos con improvisadas ventanas -algunas, hasta con cristal- y lonas de camión por tejado. Apilados junta a algunas de estas infraviviendas, ladrillos y tejas, recogidos de algún sitio y que nadie parece haber tenido tiempo de colocar. Ajenos a la tragedia, un grupo de niños juega alrededor de sus madres.

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