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La carta del teniente coronel Hal Bowman 59 años después de su viaje al Pirineo

Un piloto retirado de la Base de Zaragoza da las gracias en una carta por la visita que realizó en 1962 a los montes de Zuriza en busca de los árboles de Aragón. 

Bowman (segundo por la derecha), aparece junto a un joven Santiago Marraco en los montes de Zuriza en 1962.
Bowman (segundo por la derecha), aparece junto a un joven Santiago Marraco en los montes de Zuriza en 1962.
Heraldo

A veces, detrás de pequeños gestos, casi anecdóticos, se esconden historias entrañables cuajadas en poco tiempo pero cuyo recuerdo perdura a lo largo de una vida, sea cual sea la distancia que separa a los protagonistas. No importan los casi 60 años trascurridos ni la separación de más de 6.000 kilómetros entre Zaragoza y Carolina del Norte. El teniente coronel retirado Hal K. Bowman, piloto de un bombardero B-47 en la Base Aérea de Zaragoza en 1962, regresó el pasado 7 de septiembre a las oficinas de la capital aragonesa donde en su día estuvo el servicio forestal para dar las gracias por el viaje que le permitió conocer los frondosos bosques de los montes del valle de Ansó.  

"Perdone, ¿dónde están los árboles". Pronunciando esta frase en inglés (no hablaba español), el piloto entró en 1962 en la sede de la Brigada del Patrimonio Forestal del Estado en Zaragoza. Paseaba por la ciudad donde prestaba servicio como militar y se topó con el cartel de la oficina, que suscitó su curiosidad pensando dónde estarían las masas forestales como para justificar la existencia de ese servicio en medio de una urbe. El tema le interesaba, pues había estudiado agronomía en la Universidad de Purdue (Indiana)

Los funcionarios, asombrado por la pregunta, le acompañaron al despacho del jefe, el ingeniero de montes Alfonso Villuendas, quien para su sorpresa no solo se ofreció a dar respuesta verbal a su pregunta sino que lo invitó a realizar un viaje al día siguiente para ver de cerca los árboles del Pirineo aragonés.  

Mucho debió impactarle aquella experiencia cuando Bowman regresó esta semana a las oficinas, con 59 años más a sus espaldas, dispuesto a entregar una carta de agradecimiento a quienes fueron sus anfitriones. La historia de ese viaje la ha reconstruido Ignacio Pérez-Soba, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes en Aragón, que fue quien lo recibió en esta ocasión. 

El 7 de septiembre estaba trabajando en su despacho del servicio provincial de Agricultura del Gobierno de Aragón, en Zaragoza, cuando le anunciaron que una persona quería dar en mano una carta y una fotografía "al Patrimonio Forestal del Estado". Este organismo ni siquiera existe actualmente. Empezó a trabajar en Aragón en 1941 y desapareció en 1971, cuando fue sustituido por el Icona y más tarde transferido a la Comunidad Autónoma. A Pérez-Soba le produjo tanta curiosidad la peculiar entrega que decidió recibirlo. 

Bowman, lleno de vitalidad pese a su avanzada edad, es actualmente teniente coronel retirado de la fuerza aérea de Estados Unidos y ha viajado a España desde su residencia en Carolina del Norte. La carta que traía estaba en inglés. Acompañada de una fotografía de aquel famoso viaje de 1962, en ella agradecer el trato recibido hace seis décadas. 

El decano de los ingenieros de montes de Aragón empezó a investigar y averiguó que, efectivamente, a la mañana siguiente de su visita a la oficina de la entonces Brigada Forestal, Alfonso Villuendas y Bowman partieron rumbo al Pirineo. El piloto anotó los nombres de sus acompañantes. Uno de ellos era el veterinario David Belloc, encargado en Aragón de los centros de mejora ganadera. Otro Santiago Marraco, entonces un joven ingeniero de montes que había acabado ese año su carrera y que luego llegaría a ser presidente del Gobierno de Aragón y director del Icona. El grupo lo completaba otro ingeniero, José María Para. 

"La primera parada fue una taberna de Huesca donde nos reunimos con el alcalde y tomamos un trago", recuerda el militar en su carta. "Recorrimos las repoblaciones más recientes y luego nos adentramos en las estribaciones donde me explicaron que las masas más maduras existían gracias a las precipitaciones que recibían de las nubes procedentes del otro lado de la frontera, que descargaban en las primeras millas del territorio español". 

Una fotografía dejó testimonio del momento. "Su calidad demuestra que Bowman, como buen estadounidense, tenía una cámara excepcional para la época", explica Pérez-Soba, quien ha podido identificar a casi todos los protagonistas con ayuda de Santiago Marraco, quien recuerda la visita. Además de los mencionados, aparece el ganadero ansotano Jorge Puyó, vestido con el traje típico, y uno de sus pastores. Fue Bowman quien pidió retratarse con los pastores y su rebaño. "Había pasado su niñez en una granja con ovejas y pagado sus estudios universitarios trabajando como esquilador", señala Pérez-Soba.

Él extrae una moraleja del entrañable gesto del militar americano. "Se puede hacer mucho bien dando respuesta a cualquier persona interesada por nuestra vocación y nuestra profesión", dice, como demostró Bowman con su ingenua pregunta "¿dónde están los árboles?". Tanto, añade, "como para que 59 años después traiga en mano una carta de agradecimiento por un hermoso día en el Pirineo". El americano concluía el escrito diciendo: "Ese día siempre ha sido un recuerdo especial para mí. La belleza de la zona y la hospitalidad española fueron extraordinarias". 

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