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Huesca

Alberto Edroso: "Como la SD Huesca, hemos pasado de tener una Policía Local de Tercera a una de Primera División"

Tras casi 18 al mando, el jefe de la Policía Local de Huesca pasará a Segunda Actividad el 12 de agosto al cumplir 60 años y hace balance de este período.

lberto Edroso tomó el mando de la Policía Local de Huesca en 2001 tras de once años de jefe en Jaca.
Alberto Edroso: "Como la SD Huesca, hemos pasado de tener una Policía Local de Tercera a una de Primera División"
R. G.

¿Cómo era la Policía Local de Huesca cuando usted tomó el mando hace casi 18 años?

Muy diferente, desde luego. Yo hago un símil con el fútbol. La SD Huesca estaba entonces en Tercera y con los años fue subiendo de categoría hasta llegar a la Primera División. Y la Policía Local ha seguido la misma evolución. Solo hay que pensar que estábamos en un pequeño cuartel en la plaza de San Antonio, no teníamos armas, no disponíamos de depósito de vehículos y se ataban casi en la puerta del cuartel, las denuncias se amontonaban en un pasillo porque no se tramitaban... Pero todo fue cambiando igual que la ciudad. Al poco de llegar entraron de golpe 12 agentes, luego nos mudamos de instalaciones y todo se fue transformando. Echando la vista atrás, hemos logrado unos índices más que aceptables y ese éxito ha llegado por la implicación de la plantilla y los mandos y el trabajo de equipo con Policía Nacional, DGT...

¿Cómo era posible que en 2001 todavía no llevaran armas?

Parece increíble, pero así era, y eso que el cuerpo tiene más de 155 años de antigüedad. Existía esa sensación de que como Huesca era una ciudad segura no hacía falta, pero hubo que tomar la decisión porque a los policías les da una garantía de seguridad. Me acuerdo del desalojo de las caballerizas y no hubiéramos podido actuar sin estar armados.

Solo se ha hecho un disparo en todo este tiempo, ¿no?

Así es, fue para abatir a un caballo que estaba generando un gran peligro al meterse dentro de la autovía y no hubo más remedio.

¿Se ha sentido siempre respaldado por sus superiores políticos?

Estoy muy satisfecho porque hemos contado con la implicación de todas las corporaciones, tanto de un color como de otro. Se pueden discutir muchas cosas, pero en cuestiones de seguridad ciudadana nunca se ha hecho política y siempre ha habido una única voz, gobernara el PSOE o el PP.

Es llamativo que a mediados de 2001 el número de agentes operativos (74) era prácticamente el mismo que hoy en día.

La plantilla fue creciendo y llegamos a estar cerca de un centenar, pero con la crisis no se han podido cubrir por cuestiones presupuestarias las vacantes y ahora estamos 81, aunque siete de ellos en Segunda Actividad.

¿Qué servicios se han visto más resentidos por esta merma?

Quizá lo más relevante es que antes hacíamos muchísimos más servicios de tráfico, aunque ha influido la peatonalización. Pero también atendemos más casos de seguridad ciudadana, como la violencia doméstica, porque ahora estamos también más especializados. Y aunque en momentos aislados puede que no lleguemos a todo ahora, el ciudadano no lo ha notado tanto porque la plantilla voluntariamente ha aumentado su horario. Sin hiciéramos las horas justas, sería imposible.

¿Cuál es la cifra ideal de agentes para una ciudad como Huesca?

Es muy complicado porque al final no se trata de número sino de cuántas patrullas puedes sacar a la calle. Una cifra ideal estaría entre 90 y 100, pero entiendo que sea complicado llegar ahora porque hay muchas prioridades.

En 2006, los disturbios del Tubo pusieron a la Policía Local en jaque. ¿Cómo recuerda esos días?

Fue una etapa muy dura porque la gente no entendía que los bares tenían que cerrar y que los vecinos tenían derecho a dormir y a vivir. Los policías se implicaron mucho porque hubo que echar toda la carne en el asador. Los disturbios en sí duraron solo un par de fines de semana en los que detuvimos a varias decenas de personas, pero luego tuvimos que mantener los servicios preventivos más de un año con la colaboración de la Policía Nacional. Al final todo se resolvió bien. En 2017, por ejemplo, casi no hubo denuncias por exceso de horario.

¿Cuál ha sido su peor momento?

Para mí, los peores han sido la explosión de la harinera Porta y el atropello de la discoteca Manhattan. Me afectaron mucho porque fueron dos dramas. En la harinera, porque los trabajadores fueron muriendo en los días siguientes y se notaba la tristeza en la ciudad. Y en el accidente hubo dos fallecidos y heridos graves.

La ha nombrado antes, la peatonalización. ¿Fue más un quebradero de cabeza o un alivio por haber sacado el tráfico del centro?

Cuando se gestionó, fue un quebradero importante por las obras, las manifestaciones porque todo el mundo estaba en contra, los cientos de reuniones en la ponencia, las llamadas que nos inundaban... Pero era una cuestión estratégica para aquella corporación y nos implicamos para lograrla. Han pasado siete u ocho años y aunque todo es mejorable, creo que el resultado ha sido un éxito. El tráfico se ha desviado del centro y se ha reducido el uso del coche.

Los últimos incidentes graves se produjeron hace unos meses en el Perpetuo Socorro. ¿Han llegado a tener miedo de ir a patrullar por el barrio?

No, miedo no porque siempre hemos estado allí apoyando a los vecinos. El alcalde está muy implicado con el tema y hemos hecho controles y más controles en la zona. Creo que se ha estigmatizado el barrio porque no es un problema del Perpetuo Socorro, sino de un determinado foco donde había un delincuente que va a cumplir cuatro años de cárcel por disparar a un policía. Todas las instituciones se han implicado en algo que trasciende de un problema de seguridad y aunque de un día para otro es imposible cambiar las cosas, creo que pronto se verán resultados muy positivos.

¿Qué retos le deja a su sucesor?

Retomando el símil del principio, ahora que tenemos una Policía Local de Primera hay que mantener esos buenos índices que tenemos de alcoholemia, accidentes, drogas, seguridad ciudadana, educación vial... y que son difíciles de conseguir. Y que el ciudadano siga confiando en nosotros.

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