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Tras las huellas del lobo en el Pirineo

La especie desapareció de estas montañas a finales del siglo XIX, pero esporádicamente ha vuelto. El último ataque a un rebaño se certificó en 1996.

Imagen captada el 1 de octubre de 2017 con una cámara de fototrampeo en la Ribagorza.
Imagen captada el 1 de octubre de 2017 con una cámara de fototrampeo en la Ribagorza
Gobierno de Aragón

Era previsible que tarde o temprano la expansión del lobo afectara al Pirineo. Nos guste o no nos guste, están llegando y vendrán más», advierte la directora general de Sostenibilidad del Gobierno de Aragón, Pilar Gómez, que hace unos días se reunió con ganaderos de la Ribagorza para avisar de la presencia de un lobo en Laspaúles y Bisaurri, de la que se tiene constancia desde octubre, aunque hasta ahora no había trascendido. A diferencia del ejemplar descubierto en junio del 2017 en los Monegros, no hay constancia de que haya atacado a rebaños.

Pero en realidad, el mítico animal, objeto de leyenda, nunca se ha ido del todo. Según los expertos, los últimos lobos de los Pirineos centrales fueron vistos en 1890. El conde Henry Russell, uno de los más famosos pirineístas franceses del siglo XIX, narró su encuentro con ellos en Cotiella. Y en 1930 se vieron algunos ejemplares en Monte Perdido y el valle de Tena.

El último ataque del que se tiene constancia ocurrió en 1996. En un año mató a 600 ovejas y cabras en la zona de la Canal de Berdún, Los Valles y la Alta Zaragoza, donde se llegaron a instalar trampas y a tramitar autorizaciones para cazarlo. «Siempre ha estado presente, y ahora está colonizando territorios de forma natural», explica el naturalista Eduardo Viñuales. La abundancia de comida (jabalíes o conejos) y de masa forestal, unida a la protección de la especie en Europa, favorece su expansión.

En los años 80, varios grupos ecologistas incluso promovieron la reintroducción de lobos y osos en el Alto Aragón (el proyecto Ursus-Lupus), enfrentándose a ganaderos y ayuntamientos. Francia soltó osos, que han acabado llegando al Pirineo español, pero en el caso del lobo no se puede hablar de reintroducción, aclara Pilar Gómez, sino de un fenómeno natural. Entre 2000 y 2001, se produjeron nuevos avistamientos por parte de guardas forestales en el sistema Ibérico, «por donde pensábamos que podían entrar desde Castilla», afirma la directora general. La sorpresa ha sido la llegada desde Cataluña. En todo caso, matiza, su presencia ha sido «muy puntual». «En ningún momento hemos tenido la sensación de que estaba establecido en el territorio», añade Pilar Gómez.

La administración autonómica repite el mensaje que ya lanzó cuando se tuvo constancia de la presencia de otro ejemplar en los Monegros: «Vamos a tener que aprender a convivir con el lobo. La situación en otras comunidades autónomas es la que es y algunas tienen un problema de sobrepoblación de manadas». Es el caso de Castilla y León, que aprobó un plan de Conservación y Gestión del Lobo, pero una sentencia dictada hace solo unos días por el Tribunal Superior de Justicia lo ha echado para atrás alegando la falta de informes independientes que avalen el control y el aprovechamiento cinegético.

El principal riesgo es para el ganado, no para la población, ya que se trata de un animal huidizo, reitera la administración. Pilar Gómez va más allá y cree que incluso puede ser positivo como gran depredador que se alimenta de jabalíes y corzos y puede ayudar a atajar la abundancia de estas especies.

Años de convivencia con el oso

En Bisaurri o Laspaúles, donde lo han captado las cámaras, los vecinos ya conviven con el oso. La directora general intenta tranquilizarlos, aunque admite que es un problema añadido para sacar adelante las explotaciones de ganadería extensiva, que tienen un gran valor ambiental. «Necesitamos a esos ganaderos en el territorio», afirma. En todo caso, deberán empezar a introducir cambios en el manejo de los rebaños, y «en esa línea van las ayudas, que no se limitan a pagar por los animales muertos sino que asumen el riesgo por la presencia del lobo y el oso». Por eso, hay primas de hasta 4 euros por cabeza y ayudas para vallados, pastores eléctricos, compra y mantenimiento de perros mastines o contratación de pastores.

Por su parte, el naturalista Eduardo Viñuales considera que es más fácil su asentamiento en el Pirineo que en el paisaje estepáreo de Monegros, al haber aquí menos vegetación y más actividad agrícola. «Hace tiempo que el lobo se mueve en el Pirineo, pero como no atacaba pasaba desapercibido». Él sospecha que a menudo los daños atribuidos al animal proceden de perros de caza abandonados y asilvestrados. «La coexistencia es posible», asegura, eso sí, siempre que la administración garantice una buena cobertura de los riesgos. «Que no se criminalice al lobo y que se pongan los medios necesarios», concluye.

A diferencia del ejemplar de los Monegros, del que se pudo extraer información a partir de los excrementos, se sabe poco del lobo del Pirineo. Solo hay dos imágenes, captadas por las cámaras de fototrampeo colocadas en Laspaúles y Bisaurri para vigilar al oso, una en octubre y otra en diciembre, que muestran a un ejemplar solitario. En ninguna sale acompañado y no hay rastros de una manada. Su apariencia sí ha permitido determinar que es un macho joven de raza itálica (canis lupus italicus) que, como el otro, ha llegado desde Cataluña, donde tienen controlada una población de 15 animales procedentes de los Alpes. En Italia, está en expansión, y desde este país ha pasado a Francia. Se han llegado a observar manadas en las cercanías de Marsella, explican desde la DGA.

Según los expertos, son animales que vienen y van, que deambulan para descubrir nuevos territorios, aunque en el caso del ejemplar del Pirineo no hay constancia, de momento, de ataques a rebaños.

"Una fiera merodeando cerca de casa no le gusta a nadie"

Pero esto no ha evitado que la noticia haya caído como un mazazo sobre los ganaderos, que ven en la presencia del depredador el «golpe de gracia» al sector de la ganadería extensiva, actualmente con gravísimos problemas de viabilidad, y un notable factor de desasosiego para la vida cotidiana en un territorio en el que ya se ha asentado desde hace varios años uno de los osos que deambulan por el espacio pirenaico. Así lo entiende Teresa Ariño, una vecina de Abella, quien apunta que ya hay bastante miedo con el emboscamiento incontrolado de los montes como para añadir un factor de riesgo a la hora de limpiarlos. La presencia del lobo le ha generado «una sensación de temor», dice.

Una opinión que comparte Juan Ignacio Espot, alcalde de Laspaúles y presidente de la ADS de vacuno de la zona. Él asistió a la reunión en Castejón de Sos en la que los técnicos del Gobierno de Aragón anunciaron hace unos días la confirmación de la detección del lobo. Denuncia que solo estaban invitados los ganaderos de ovino y que se olvidaron de los de vacuno. Espot es rotundo al afirmar que «tener una fiera merodeando al lado de casa no le gusta a nadie». Tampoco la tardanza de la DGA en confirmar la presencia. Se resigna ante una normativa europea que protege a la especie pero exige a la DGA hacerse cargo de los daños, «sean los que sean y con el valor real».

También está ligado al sector del vacuno Luis Guirao, concejal de ganadería en Benasque, quien piensa que detrás «vendrán otros, como con el oso». De todas formas, no le ha extrañado, ya que en Cataluña los hay.

Muy concluyente es, asimismo, la alcaldesa de Bisaurri, Pilar Saludes, para quien la noticia es «otro tema que nos hace la puñeta». Sobre la reunión con la DGA, dice que «se limitaron a decirnos que estaba aquí, que nos hiciéramos a la idea». Los ganaderos, asegura, están «entre resignados y cabreados» y el resto de los vecinos, «fastidiados». No le cuadran las explicaciones. «Este año se ha perdido ganado como ninguno, han aparecido reses espantadas sin saber por qué…, cosas sin sentido y quizás ahora lo tengan». Comenta que la Ribagorza llevaba un siglo sin lobos. «Hasta ahora, la gente paseaba con tranquilidad por el monte pero primero el oso y ahora el lobo, que acabará formando manadas, van a alterar la vida en la zona».

Opinión similar es la del ganadero de ovino de Abella Ramón Rosó. «La ganadería extensiva ya está muy tocada, casi acabada, y esta es una martingala más para ayudarnos a plegar», sostiene, ya que considera que el lobo ha llegado para quedarse.

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