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"Nos da miedo que la primera tormenta que haya suba los arrastres de lindano"

Vecinos de Anzánigo junto con la Coordinadora del río Gállego denuncian la situación de escaso caudal y malas condiciones medioambientales del río Gállego, que presenta espumas a su paso por varias localidades.

Una imagen del río Gállego con espumas a su paso por Anzánigo.
Una imagen del río Gállego con espumas a su paso por Anzánigo.
I. B.

La sequía que afecta a buena parte del territorio aragonés mantiene también preocupados a los habitantes de la cuenca del río Gállego, que viven con el miedo de que la primera tormenta que caiga en la zona haga aumentar de nuevo las concentraciones de lindano, dado el "escaso caudal y las malas condiciones medioambientales" que per se presenta este río a su paso por varias localidades, como Santa Eulalia, Biscarrués o Anzánigo.

"Ahora hay tanta sequía que las concentraciones de este pesticida son las habituales, pero nuestro miedo es que con la primera tormenta, y siendo que de forma continuada están llegando vertidos subterráneos al río, suban los arrastres de lindano y aumenten las concentraciones al estar tan seco", señala Lola Jiménez, portavoz de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos.

Para dar cuenta de esta situación, varios voluntarios de la plataforma tomaron el pasado mes de octubre diferentes imágenes a lo largo de todo el cauce con el objetivo de denunciar el "mal estado" del caudal ecológico en casi la totalidad del río Gállego, que aglutina en su cuenca un total de 17 centrales hidroeléctricas, además de la ubicada en el pantano de La Sotonera. Desde la Coordinadora denuncian que "no se está trabajando de forma continua en la destrucción del lindano" y critican a su vez que la intensa regulación y las derivaciones de caudal que se registran en la zona provocan que el caudal medio actual del río represente solo el 10% de su caudal natural. 

La 'guerra' de los usos del agua

Para paliar esta situación, los habitantes de la cuenca del Río Gállego tienen claro que habría que "devolver caudales al río", pero esta -añaden resignados- es la 'guerra de siempre' por los usos del agua entre unas centrales hidroeléctricas "que dejan el río seco en una gran cantidad de kilómetros" y el interés general de los habitantes de las orillas de los ríos por mantener un caudal bien conservado que les permita poner en marcha otro tipo de negocios para vivir de un turismo activo.

En la actualidad, sin embargo, aseguran que para cada central hay canales de derivación que llevan el agua sacándola del cauce, dándose la circunstancia de que hay más agua en el canal que en el propio cauce. Por esta causa y por el tema de los pantanos, desde la Coordinadora lamentan que al final "el río queda empantanado o prácticamente seco o con aguas estancadas que se han ido llenando de vegetación en un 80%", según fuentes de la plataforma que hacen hincapié en que la situación del río Gállego contradice la Directiva Marco del Agua, que obliga a mantener en buen estado los tramos no afectados por obras hidráulicas, como es el caso de aquel en el que está proyectado el pantano de Biscarrués.

"Si el río tuviera más tramos bien conservados, probablemente habría más actividad en los pueblos gracias a un turismo sostenible que hoy en día está mejor valorado", reinvidica Jiménez, al poner como ejemplo el tramo de río vivo -de apenas 18 kilómetros de los más de 200 que tiene el Gállego- que discurre entre Carcavilla y Biscarrués, donde se asienta la actividad de Deportes Aguas Bravas y tiene lugar también una vez al año el tradicional descenso de navatas, ejemplo -dicen- de que es posible "mantener y defender una economía sostenible en la zona".

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