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Huesca

Aluján, un rincón oscense que acoge viajeros a cambio de trabajo

Cada año la pequeña localidad aragonesa recibe varios usuarios de la plataforma ‘Work away’.

Valerie, trasladando unos burros desde Aluján
Valerie, trasladando unos burros desde Aluján

Aluján es una localidad aragonesa ubicada en La Fueva, en la Comarca del Sobrarbe, que cuenta con apenas una veintena de habitantes. Sin embargo, desde hace unos años este rincón oscense se ha convertido en un lugar perfecto para los usuarios adheridos a ‘Work Away’, una plataforma internacional de voluntariado que se basa en el intercambio de alojamiento y manutención por 4 o 5 horas diarias de trabajo.

Lejos de algunas críticas que se han vertido sobre este tipo de trueque de tiempo por trabajo, Quino, vecino de Aluján de 53 años, reconoce que es más interesante a nivel social que laboral. “Es maravilloso poder pasar una temporada con alguien de otro país y tener la oportunidad de conocer otras culturas sin salir de casa”, asegura.

En su opinión, la convivencia es aprendizaje, un aprendizaje que se hace mutuo. “Yo soy ganadero, y quien viene aquí me ayuda con las vacas, recorre el monte, corta leña, me ayuda a asistir los partos… yo aprendo sobre sus ganas de vivir y conocer el mundo. Si hubiese contra-prestación económica no sería lo mismo porque me verían como a un jefe”, reconoce.

Además, este tipo de iniciativas han permitido revitalizar el pequeño municipio: “Hace unos años mi madre (75) era la vecina más mayor del pueblo, y yo el más joven. Ahora hay dos familias con niños y en verano varios jóvenes de otras nacionalidades”.

Su primera experiencia fue hace un año y medio y ya han recibido a 4 personas en su hogar, donde convive con su madre, su mujer y sus dos hijos. Uno de ellos es Natan, quien ha residido en Aluján hasta en tres ocasiones, y volverá el próximo mes de julio. “Este chico polaco ya se ha convertido en un vecino más del pueblo”, asegura Quino. Un sentimiento que también confiesa poseer el joven de 23 años procedente de Pozna?.

“Comencé a usar esta fórmula en febrero de 2016 y se ha convertido en mi forma de vida. Quise dar un cambio radical a mi rutina con el objetivo de despertar cada mañana con la sensación de que mi vida me pertenece”, asegura.

En su caso, su primera experiencia fue en España, tras abandonar su trabajo, sus estudios universitarios y todo aquello que le ataba a su hogar: “Solo llevaba 7 kilos de equipaje y 200 euros cuando tomé mi primer avión a España sin conocer el idioma. Visité Barcelona, Zaragoza, Santander, Cádiz, Málaga, Marbella y Sevilla”.

Sin embargo, como él mismo explica, fue este rincón del pirineo aragonés el que acabó cautivando su corazón nómada. “Esta es mi región favorita del mundo entero. Allí tuve mi primera experiencia ‘Work Away’ y recuerdo llegar totalmente perdido sin entender lo que la gente hacía o decía a mi alrededor”, resume. Durante su estancia en la granja de Quino trabajó como pastor, “el mejor trabajo que he tenido, sobre todo gracias a la gente que se ha convertido en una familia para mí”, asegura.

Por eso, tras tres visitas a la localidad oscense, ahora prepara su cuarta visita: “Cada vez que regreso a Aluján siento que vuelvo a casa, es difícil de explicar”.

En el pueblo, durante los últimos dos años han recibido a jóvenes procedentes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia e incluso Brasil. Algunos, como la francesa Aude Lefort, han utilizado esta estancia para inspirar nuevos proyectos como su blog de viajes en el que habla, entre otras, sobre su paso por ‘La Casa Mur de Aluján’.

“Durante 3 semanas me dediqué recolectar los huevos de las gallinas, recogía la sala de estar y el comedor; y en mis ratos libres dibujaba y escribía”, recuerda la joven, quien describe su estancia como “muy tranquila”.

Una experiencia para los pequeños de la casa

Raquel y su marido residen en Aluján junto a sus dos hijos de 5 y 7 años. “Para nosotros supuso una buena solución para que los niños estén con alguien mientras trabajamos ya que los dos somos de fuera y no tenemos familia aquí”, explica.

En su opinión se trata de “gente muy abierta” que ofrece muchas facilidades a la hora de compartir historias y experiencias. “Por supuesto que para ellos es muy enriquecedor, pero para nosotros y nuestros hijos es todo un lujo”, añade.

Estas navidades y durante un mes, contaron con la presencia de Rachel, procedente de Nueva York. Otra de sus voluntarias fue Valérie Teasdale, una canadiense de 30 años con la que entablaron muy buenas migas. “Tenía un año sabático y quería aprender español. Prefería trabajar con familias y por eso me decanté por el perfil de Raquel”, explica.

Además de Aluján, Valérie ha convivido con otras dos familias, una en Hendaya y otra en Cantabria. “He de admitir que en Aragón tuve una experiencia muy interesante porque en el mes que duró mi estancia pude disfrutar del Carnaval de Aluján, el de Bielsa y de una expedición con burros de dos días por las montañas…”, resume la joven.

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