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Huesca

Cuando Sobrarbe era un mar profundo

El Geoparque cumple 10 años explicando cómo se formaron los Pirineos. Este mes ha programado ocho rutas para conocer el mensaje de las piedras bajo los colores del otoño.

María José Villanueva. Huesca Actualizada 24/10/2016 a las 22:48
Geoparque del Sobrarbe

Antes de la formación de las montañas, el Pirineo era un mar profundo. Las rocas del fondo, las turbiditas, hundidas 400 metros bajo el agua hace 40 millones de años, forman hoy montañas de más 2.000 metros de altitud. Esas piedras han sido objeto de estudio en el último seminario organizado por el Geoparque de Sobrarbe, el único de los Pirineos y uno de los diez existentes en España.
Quizá sea este el mejor momento para visitarlo. A su riqueza geológica suma la espectacularidad del paisaje del otoño. Por eso, en este periodo del año invita a descubrir la historia geológica de la comarca a través de ocho rutas guiadas. Un geólogo ayuda a transmitir los mensajes de las rocas recorriendo los cañones del Entremón y Añisclo o los valles de Bujaruelo y Pineta.


Este será un otoño especial, ya que el Geoparque cumple su décimo aniversario, que conmemorará en diciembre, coincidiendo con el Día Internacional de las Montañas. Fue en 2006 cuando la comarca de Sobrarbe obtuvo esa declaración, que intenta aprovechar el patrimonio geológico para impulsar el desarrollo del territorio. En Aragón solo hay otro, el del Maestrazgo (Teruel), y en España, diez, entre ellos los de la sierra de Gata, la costa vasca de Guipúzcoa, la isla canaria de El Hierro o el Alto Tajo.

Desde noviembre de 2015 está integrado en la red de la Unesco, que ha reconocido 120 en todo el mundo. Se trata de una nueva figura a sumar a los otros dos reconocimiento internacionales existentes en la comarca, la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala y el Patrimonio Mundial Pirineo-Monte Perdido. “Pocos lugares del mundo pueden decir lo mismo”, presumen sus responsables.

“Tratamos de navegar entre la ciencia, la educación, la divulgación y el apoyo a las empresas locales”, comenta Anchel Belmonte, el coordinador científico del Geoparque, que realiza actividades educativas para colegios e institutos, un curso de verano con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y convoca ayudas a la investigación. También cuenta con un programa de empresas colaboradoras y un sello de alimentos de calidad. La financiación procede esencialmente de la Comarca de Sobrarbe, aunque también recibe ayudas de la Diputación de Huesca y se nutre de convocatorias de subvenciones de distintos Ministerios.

El turismo constituye un eje esencial. Por ello dispone de un inventario con más de 100 lugares de interés donde analizar los fósiles, el modelado glaciar, las rocas sedimentarias o la estratigrafía; y de más de 30 itinerarios interpretativos para visitar a pie de carretera, caminando o en bici, enclaves que ayudan a entender la formación de las montañas. Una de sus rutas más populares es la que recorre el valle de Ordesa hasta la cascada de la Cola de Caballo, muy conocida entre los turistas del Parque Nacional, un paraje que hace 65.000 años estaba totalmente cubierto por hielo.
La última actividad ha sido la celebración el pasado fin de semana de su seminario anual, bajo el título 'Las turbiditas. Los mares profundos del Sobrarbe', con salidas al campo para reconocer los afloramientos de estas rocas en la cantera de Aínsa o charlas como la que habló de los usos constructivos, tradicionales y actuales de esas piedras.

Participaron un centenar de personas, procedentes de Cataluña, Navarra, País Vasco, Madrid, Aragón, y también de Francia. No eran expertos sino personas interesadas en saber más sobre la historia de la formación de los Pirineos y sobre la huella dejada en las piedras por el paso del tiempo. “No se necesita el más mínimo conocimiento de geología para disfrutar del seminario”, comenta el coordinador científico. Explica que esta cuenca marina recibía un montón de sedimientos a través de las corrientes de turbidez. “Grandes volúmenes de sedimentos se desplomaban de manera súbita y se acumulaban en el fondo. Hoy en día, todo el centro de Sobrarbe está formado por ese tipo de rocas, las turbiditas”.

También se habló de las criaturas que vivían en esos mares profundos. “Hay galerías y madrigueras que dejaron animales invertebrados. El animal en sí no ha fosilizado pero sí los rastros que dejaban mientras buscaban comida o refugio. Esas marcas son muy fáciles de ver en muchos pueblos del Pirineo porque son las rocas que hay en los suelos de las plazas y las calles y se han utilizado en la arquitectura popular. La mayor parte de las casas del Pirineo central están hechas con ese tipo de materiales”, explica Belmonte. En suma, una radiografía de un periodo comprendido entre 35 y 50 millones de años. Porque el paisaje de las montañas, dice, no se interpreta solo con la fauna y la flora. “Cada vez hay más gente que se plantea otro tipo de preguntas y tiene curiosidad por cómo se formaron los Pirineos”.

Una forma de acercarse a lo que significa el geoparque es su centro de interpretación, en una de las torres del castillo de Aínsa, que cada año visitan unas 15.000 personas. El visitante puede encontrar aquí información sobre la geología de la comarca en forma de paneles, mapas, maquetas, colecciones de rocas, vídeos y pantallas interactivas. La propia arquitectura vertical de la torre, señalan desde el Geoparque, simboliza el tiempo geológico, desde el remoto paleozoico en la planta baja hasta la actualidad en el tercer piso. “Según se suben las escaleras, el visitante descubrirá los más de 500 millones de años de la historia del Planeta que registran las rocas de Sobrarbe”.




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