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Huesca
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Tras las huellas de San Úrbez

Una ruta de 150 km atraviesa la provincia de norte a sur, desde Añisclo hasta Huesca, por los lugares del santo. Los romeros acaban hoy siete días de peregrinación.

Los romeros en la ermita de Cerésola que, como la del cañón de Añisclo, se ubica bajo una roca.
Los romeros en la ermita de Cerésola que, como la del cañón de Añisclo, se ubica bajo una roca.
J. L. B.

Ya no van descalzos, ni guardan silencio, pero siguen las huellas dejadas por San Úrbez a través de un camino de 150 kilómetros que atraviesa la provincia desde el cañón de Añisclo, pasando por la Sierra de Guara, hasta la capital oscense a la que llegan hoy. Los actuales romeros de este santo montañés, que vivió entre el 702 y el 15 de diciembre –la festividad– del 802, recuperaron hace ocho años la tradición secular de peregrinar, y lo hacen por la primera ruta de norte a sur de la provincia, que brinda al senderista una gran diversidad paisajística.

Tras siete días desde que el pasado domingo partieran de Bestué (municipio de Puértolas, en Sobrarbe), la cofradía de San Úrbez de Nocito los recibirá hoy en San Pedro el Viejo, donde está la sede canónica y donde se celebrará una misa (19.00). Allí es donde se custodian las reliquias de Justo y Pastor, que el santo de origen francés trajo de Alcalá de Henares.

Es un camino jalonado de historias y de ermitas, muchas de ellas adosadas a una roca, que hablan de la devoción a San Úrbez. Esas leyendas que se han transmitido por tradición oral las cuentan Óscar Ballarín y Arturo González, que llevan 10 años de investigación, fruto de los cuales son los libros ‘El camino de San Úrbez’ y ‘A pies descalzos. Los romeros de Albella y su camino en honor a San Úrbez’ así como el blog ‘Apiesdescalzos.es’, donde se puede seguir el trazado. Tras recopilar toda la información, ahora reclaman que las instituciones adecenten –son ellos también quienes limpian parte de las sendas– y promocionen la ruta. "Es un camino que es muy propio y muy único. El potencial que tiene es brutal. No solo se puede hacer desde el punto de vista religioso, sino para descubrir la geología, la flora, la fauna...", comenta Ballarín.

Pero también cuentan historias los vecinos de los pueblos que salen al paso, como cuando llegaban los romeros de Albella, que hasta el año 1948 se desplazaban hasta Añisclo o Nocito, en función de las necesidades de agua. Iba siempre un miembro de casa Aineto donde trabajó San Úrbez de pastor, y un año que fue un suplente iba cayendo a su paso una granizada. Ricardo Lardiés, de Buerba, cantó con ellos los gozos en la cueva de Añisclo. A esa primera etapa de Bestué a Buerba, la zona donde comenzó a trabajar de pastor en Sercué, le siguió una segunda hasta Albella, adonde se trasladó una vez que los habitantes se empezaban a dar cuenta de su santidad. Esta fue la razón de su periplo. En los sucesivos días llegaron a Laguarta, a Cerésola (donde empezó su vida de anacoreta), a Nocito, a San Martín de la Val d’Onsera (donde vivió en una comunidad religiosa) y, hoy, a Huesca.

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