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Huesca

Noche

La última reyerta del Tubo destapa una red de extorsión dirigida a recuperar un bar de la zona

El juez manda a la cárcel a dos de los seis detenidos por atacar con botellas, navajas y puñetazos a varios policías.

Decenas de familiares y amigos de los detenidos se agolparon ayer a las puertas de los juzgados.
La última reyerta del Tubo destapa una red de extorsión dirigida a recuperar un bar de la zona
R. G.

Huesca. La última reyerta ocurrida el pasado fin de semana en la zona de ocio nocturno del Tubo de Huesca, que se saldó con seis detenidos de etnia gitana y tres policías heridos (uno de ellos por un botellazo en la cabeza), ha destapado una presunta red de extorsión dirigida a recuperar el bar donde precisamente se han producido dos de las cuatro peleas con heridos registradas en la capital en poco más de un mes.

Los seis arrestados en la madrugada del sábado por presuntos delitos de coacciones, extorsión, lesiones, atentado, amenazas y desórdenes públicos pasaron el lunes a disposición judicial. Tras declarar ante el juez, dos de ellos ingresaron en la prisión de Zuera. Otros tres quedaron en libertad con cargos, mientras que se ha prolongado la detención de un sexto implicado para practicar nuevas diligencias. Llama la atención que cuatro de los seis detenidos tienen antecedentes policiales por otros delitos de lesiones, riña tumultuaria, detención ilegal, malos tratos, resistencia y desobediencia y robo con violencia.

Según informaron ayer fuentes de la comisaría oscense, las investigaciones realizadas a raíz del último altercado han permitido averiguar que uno de los detenidos es el antiguo propietario del bar La Luna, ubicado en la calle de Padre Huesca y denominado anteriormente como Tumbao. El local tiene autorización municipal para prolongar su horario de apertura hasta las 6.30 los fines de semana al estar catalogado como café cantante y en 2010 fue clausurado durante 3 meses después de que en una redada policial se encontraran drogas y diversas armas y objetos peligrosos en su interior.

Al parecer, el negocio no le funcionaba demasiado bien y decidió alquilárselo a otra persona, la cual, tras realizar varias mejoras en el bar, ha atraído a mucha clientela y ahora el anterior propietario ha intentado recuperar el local.

Pero ante la negativa del actual dueño a cederle de nuevo la explotación, un amplio grupo de personas de etnia gitana, incitadas presuntamente por este cabecilla, han protagonizado altercados dentro del bar con la intención de que ceda a las pretensiones del primer propietario, que fue arrestado este fin de semana como presunto responsable de un delito de extorsión, entre otros.

La Policía Nacional aseguró ayer que esta presunta red de extorsión está vinculada con la brutal paliza que un grupo de personas también de etnia gitana propinó el 21 de julio dentro del mismo bar La Luna a un hombre de 43 años de origen ecuatoriano y nacionalidad española que aún sigue en la uci del Clínico de Zaragoza en estado grave. Entonces, se detuvo a nueve personas, cuatro de ellas menores. Todas eran de etnia gitana y de Huesca.

Por otra parte, fuentes de la comisaría dieron ayer más detalles de la reyerta del sábado, que calificaron como un «ataque multitudinario» a varios agentes de la Policía Nacional y Local. De madrugada, los dueños del bar La Luna pidieron auxilio a la comisaría asegurando que estaban teniendo problemas con unos clientes. Una dotación que estaba cerca del local acudió «en cuestión de segundos» y al bajar del vehículo, los agentes fueron recibidos por un individuo muy alterado que les amenazó e incluso propinó un puñetazo a uno de ellos después de se negara a identificarse. Este mismo hombre sacó una navaja de unos 20 centímetros de hoja que llevaba oculta en la cintura e intentó herir a los policías, que repelieron la agresión golpeándole en la mano con la defensa.

«¡Están atacando a la policía!»

En ese instante, un grupo de unos 30 jóvenes, la mayoría de etnia gitana, empezó a increpar a los agentes, uno de los cuales recibió un botellazo en la cabeza y cayó sangrando al suelo (sufrió un traumatismo craneoencefálico y varias heridas que precisaron puntos de sutura). La situación era tan violenta que un testigo llamó al 091 afirmando textualmente: «¡Están atacando a la policía!».

Rápidamente se desplazaron al lugar todas las patrullas de la Policía Nacional y Local que estaban de servicio. Su rápida llegada evitó la huida del grupo de jóvenes, que se negaron a identificarse y profirieron amenazas de muerte a los agentes. Incluso dos de ellos pegaron puñetazos a tres de los funcionarios (dos de la Policía Local y uno de la Policía Nacional).

Además, cuando varios agentes estaban intentando socorrer a sus compañeros, el anterior dueño del bar «incitó» con gritos a los jóvenes que le acompañaban «con la clara intención de obstaculizar el auxilio policial, llegando a interponerse con su propio cuerpo, braceando y agarrándolos de la ropa», afirmaron.

 

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