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Aragón

Nacimiento

Comadrones con tricornio

Una pareja de la Guardia Civil atendió a una parturienta y a su hija recién nacida en una rotonda de la A-23 a la altura de La Puebla de Valverde. La madre se dirigía al hospital Obispo Polanco, pero el parto se precipitó.

Comadrones con tricornio
Comadrones con tricornio
ANTONIO GARCíA

Sara Edo tenía mucha prisa en nacer, hasta el punto de que su madre, Victoria Igual, la alumbró a las 20.00 del pasado martes en una rotonda de la autovía Mudéjar a la altura de la Puebla de Valverde cuando se dirigía al hospital Obispo Polanco de Teruel para dar a luz. La parturienta fue atendida, en primera instancia, por su marido, Francisco Edo, y, a continuación, por una pareja de la Guardia Civil. Afortunadamente, el parto, que se registró a diez minutos de viaje del centro hospitalario turolense, no presentó complicaciones y la madre y la hija -que pesó 2,95 kilos- se encuentran en perfecto estado de salud en el Obispo Polanco.

El padre reconoció ayer que pasó "muchos nervios" durante el viaje desde Gúdar, donde reside la familia -los dos padres y una niña de 5 años-, a Teruel. La tensión se incrementó al constatar que no tendrían tiempo de llegar al hospital Obispo Polanco y, más aún, al tener que colaborar en el parto de su hija en solitario. "Paramos en La Puebla para recoger a la niña. No había otro remedio, porque nació en el coche", recordó Francisco Edo ya más relajado, y feliz de que "todo haya salido bien".

Por suerte, a los 5 minutos del alumbramiento, llegaron dos guardias civiles que ayudaron a Francisco y arroparon a la recién nacida. A pesar de la celeridad de la Guardia Civil en responder a la llamada de auxilio, al padre la espera se le hizo interminable. "Me pareció que tardaban una hora", reconoció. La madre explicó que, aunque intentaba no empujar para retrasar el momento de dar a luz, Sara "ya no podía esperar más". Cuando el coche se detuvo, la niña "ya estaba fuera".

Aunque el parto estaba previsto para el día 27 de junio y el mismo martes por la mañana Victoria había pasado una revisión ginecológica que no detectó la inminencia del alumbramiento, a partir de las 16.00 las contracciones se aceleraron y se intensificaron. El marido, que se había marchado a trabajar con normalidad a Mora de Rubielos, tuvo que regresar a toda prisa para emprender viaje hacia Teruel con su esposa a bordo de un Audi A-4.

A partir de Valbona, las contracciones se hicieron más frecuentes e intensas y el parto se precipitó. La embarazada rompió aguas y vio que "la chiquilla estaba ya fuera". Victoria, que ocupaba el asiento del copiloto, le pidió a Francisco que parara de inmediato o iban a "tener un accidente". Se detuvieron en un enlace de la A-23 y pidieron ayuda por teléfono a través de una llamada al 112.

Francisco Edo explicó que los familiares le han llamado para interesarse por la salud de su mujer y su hija. El feliz padre resaltó que su hija y su esposa están "muy bien de salud".

Uno de los dos guardias que prestaron ayuda, David Santiago, explicó que su principal misión fue "tranquilizar al padre, que estaba muy nervioso", y luego coger a la niña de brazos de su progenitor para "arroparla con un chubasquero". Santiago añadió que, frente al extremo nerviosismo del padre, "que estaba arrodillado junto al coche y ni siquiera podía ponerse de pie", la madre estaba "relajada y tranquila".

David Santiago reconoció que nunca antes había atendido un parto por una emergencia, a pesar de que ha recibido formación "teórica" al respecto. Además, todavía tiene fresco en su mente el nacimiento de su hijo, ocurrido hace 14 meses y al que asistió.

Los dos agentes, pertenecientes al destacamento de Tráfico de Sarrión, no se atrevieron a cortar el cordón umbilical "por falta de medios" y prefirieron esperar a la llegada de una UVI móvil, que tardó unos diez minutos y que atendió a la madre antes de trasladarla al Obispo Polanco. A continuación, y ante el estrés del padre y para evitar posibles accidentes si se ponía al volante, los guardias civiles lo trasladaron en su coche oficial al hospital. Ahí acabó su papel como comadrones improvisados.

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