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"Tengo la presión de hacerlo bien, que las niñas lo vean y se animen"

La turiasonense de 32 años fue elegida en 2019, con 29 años. Lleva dos años esperando este momento y es la tercera mujer que encarna al Cipotegato.

La Cipotegato de 2022, preparada tras su máscara.
La Cipotegato de 2022, preparada tras su máscara.
Oliver Duch

¿Cómo ha vivido la larga espera después de estos dos años?Al salir elegida, comencé a prepararme a tope. Solamente lo sabían mis padres y mi hermano. En Navidad se lo dije a tres de mis amigas. Y, de repente, llegó la covid; en aquel momento nadie sabía la envergadura que iba a tener. Cuando nos desconfinaron, me llamó el Ayuntamiento y me comunicó que se suspendía. La espera… Creo que han pasado cosas muy malas como para preocuparme de ella. Por una parte me quitaron un peso de encima, porque me imaginaba a la gente en la plaza guardando la distancia de seguridad y pensé: "Esto no puede ser".

¿Se imagina qué ocurrirá hoy?Sabemos que va a haber mucha gente y me espero todo, pero me ha ido muy bien que caiga en sábado para que vengan amigos que están fuera. Merecerá la pena el agobio que haya hoy en la plaza.

¿Siempre ha tenido claro que quería ser Cipotegato?He tenido la suerte de que mi padre era el típico que salía desde que era joven. Cuando yo tenía 4 años, él sacrificó el ir con sus amigos para llevarme de la mano, con una bolsa de tomates del huerto de mis abuelos. Me gustaba desde pequeña y cuando empecé a ir con mis amigas, pensaba, "yo me tengo que apuntar a esto". Al final, después de 10 años, me tocó.

¿Cómo vivió el día que se enteró de la elección?Siempre iba con mi hermano, que también se apuntaba, y mi madre. Era como un evento. El último año, teníamos una comida familiar en la huerta y había un trozo de pared donde siempre había querido pintar un Cipotegato, así que lo empecé antes de ir al sorteo. Ahora la gente ve el mural y piensa que lo pinté a posteriori, pero no. Casualmente, ese año fui sola y cuando dijeron el número, sentí escalofríos e intenté salir de ahí lo antes posible.

¿Cómo ha sido la preparación?Este verano, con el calor, la preparación ha sido dura. Me he tenido que cuidar para que no sucediera nada que me imposibilitara salir a correr. He esperado tres años, imagínate que ahora me rompo un dedo del pie, no me lo perdono. Para mí, lo peor es correr con el calor y la máscara y no creo que exista un entrenamiento específico. Lo que se me ocurrió fue salir a correr con unas mallas, una camiseta térmica y una máscara y simular ese calor agobiante.

Lo que se me ocurrió fue salir a correr con unas mallas, una camiseta térmica y una máscara y simular ese calor agobiante

¿Quién la acompañará durante el recorrido?Uno de ellos será mi hermano, quiero que sea él quien me suba a la estatua. Además, también saldrá el suplente este año. Me gustaría reivindicar que se respete más el momento en que el Cipotegato sube a la estatua. Es para disfrutar, pero hay mucha gente que viene de fuera que se guarda el último tomate para lanzarlo. Querría que se extendiera como cultura popular el respetar ese momento.

En el 2019, ¿no salió como suplente?Fue un sacrificio que tuve que hacer para mantener el anonimato. Creo que he sido de las chicas que más se ha presentado, si hubiera aparecido por el Ayuntamiento la gente se habría enterado.

¿Cuál cree que será el momento más especial?Cuando llegas al Ayuntamiento y empiezas a vestirte en una sala y justo antes de bajar, la gente está agolpada en los laterales, escuchas el bullicio de la plaza, tienes a tus padres por última vez al lado antes de salir… Y bajas las escaleras sin la máscara. Creo que ese momento va a ser muy chulo, va a ser más íntimo. Y, evidentemente, el de la estatua.

Es la tercera mujer Cipotegato…Es cierto que lo raro era que se presentasen mujeres. Una vez fui la única en el sorteo. Estamos hablando del siglo XXI y creo que ahora, los tres o cuatro últimos años, la gente joven se está animando y esa disociación de chico-chica ya no va a ser así. Yo espero que sea más equitativo el reparto. Pero sí que tengo esa presión de hacerlo bien para que una niña de 10 años lo vea y diga, "yo también quiero salir".

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