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La DGA mantiene un aula abierta con una sola alumna hasta fin de curso en Gotor

Dos escolares dejaron el centro y se matricularon en el colegio de Illueca.

Entrada del colegio de Gotor.
Entrada del colegio de Gotor.
Pilar López Rojo

Un colegio pierde su esencia cuando deja de haber niños jugando en el patio, dibujando en clase o corriendo por los pasillos. Y si solo hay un alumno es complicado que se den todas esas circunstancias. Es lo que sucede en el centro escolar de Gotor, que pertenece al CRA Aranda-Isuela. Este Colegio Rural Agrupado tenía hasta hace unos años sede en Trasobares, Aranda de Moncayo, Tierga, Jarque y Gotor. Ahora, solo los dos últimos sobreviven. Es una muestra más de la despoblación que sufre la Comunidad.

El colegio de Gotor ha pasado de tener cerca de 40 niños matriculados a tan solo uno en cuestión de 12 años. A día de hoy, solo imparte clases a una niña de infantil. Hasta hace un mes tenía dos compañeros más, sin embargo, sus padres decidieron trasladar sus expedientes a mitad de curso al CEIP Benedicto XIII de Illueca, la capital de la comarca del Aranda. A pesar de que es obligatorio un mínimo de tres menores en cada centro público para que salga adelante el curso, en esta circunstancia, desde el Departamento de Educación explicaron que se ofrecerá el servicio a esta familia hasta junio, cuando determinarán el futuro de la escuela.

«Nosotros en su día pedimos un comedor porque es una forma de atraer escolares y era un servicio muy demandado por los padres», explica el alcalde de Gotor y presidente de la demarcación, José Ángel Calvo. Sin embargo, finalmente se instaló en Illueca. «Eso ha hecho que la mayoría de menores vayan allí y nosotros teníamos una necesidad real», sostiene.

Colegio de Gotor.
Colegio de Gotor.
Pilar López Rojo

Antes de que los dos últimos niños abandonasen el centro, Calvo ya ofreció a la DGA y a las diversas asociaciones un albergue donde podrían instalarse 28 refugiados ucranianos de inmediato. «Ahora además nos vendría muy bien porque ayudaría a incrementar el número de alumnos en el centro», señala el alcalde. Calvo lamenta no haber recibido aún noticias de las diferentes entidades. «Hablé con ellos cuando comenzó la guerra en Ucrania y de momento no he recibido respuesta», añade. Insiste en que los refugiados se integrarían «mucho mejor en el medio rural, donde hay muchas posibilidades y la acogida es mucho más cercana».

A priori, la escuela de Gotor peligra. Y un pueblo que tradicionalmente ha tenido colegio no quiere quedarse sin este servicio, que supone un punto a favor a la hora de fijar población y vertebrar el territorio. De la decisión de una familia de instalarse en un municipio u otro puede depender que haya colegio o no. El alcalde se niega a pensar que el centro vaya a cerrar sus puertas definitivamente. «Sería muy triste. Lo cierto es que hay niños en el municipio que el año que viene comienzan la etapa escolar. Ahora está por ver si se decantan por Gotor o prefieren ir a Illueca», apunta. En los últimos veinte años, esta pequeña localidad zaragozana ha pasado de tener más de 400 habitantes a superar por poco los 300. La demarcación también ha perdido en las últimas dos décadas a cerca de 2.000 personas. De 8.000 habitantes en el año 2000 pasó a 6.300 en 2020.

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